
UNA GUERRA POR ELECCIÓN: EL VERDADERO MOTIVO DEL ATAQUE A IRÁN
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El desencadenamiento de los ataques contra Irán por parte de Donald Trump y Benjamín Netanyahu es un ejemplo de las motivaciones que pueden conducir a la guerra.
El Disimulo y el Desprecio al Derecho Internacional
Trump aparentó una voluntad de negociación mientras ordenaba un despliegue militar que presentó como un instrumento para presionar a los gobernantes iraníes. Sin embargo, el argumento era insostenible, ya que no era necesario montar el mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde la invasión de Irak (2003) para ejercer esa presión.
Este despliegue respondía a una intención belicista, para la que la apariencia de negociación era un subterfugio. El ministro de Exteriores de Omán, mediador en las negociaciones, insistía en que el acuerdo estaba prácticamente listo, una vez que Irán había aceptado incluso la renuncia a enriquecer uranio.
Este ataque también representa un desprecio al derecho internacional. La fuerza solo puede ser utilizada en caso de legítima defensa o con un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, condiciones que no se daban en este caso. El argumento de un ataque preventivo ante una amenaza inminente tampoco se ajusta a las reglas del orden internacional.
Guerras Existenciales vs. Guerras por Elección
El análisis de lo que está ocurriendo aconseja revisar el estudio de las guerras interestatales, atendiendo a dos tipos básicos: las que se emprenden porque están en juego los intereses vitales de una nación y las que se deciden libremente sin que peligre la existencia del Estado ni la de sus habitantes.
En el caso de Irán, se entiende que su estrategia se centra en garantizar su propia supervivencia, buscando dotarse de elementos de respuesta para disuadir a sus enemigos de que se atrevan a tomar las armas para derribarlo, como el programa nuclear y los peones regionales distribuidos en la región.
Irán: Percibido como Débil y Vulnerable
Trump y Netanyahu no atacaron a Irán porque temieran una acción militar contra sus intereses vitales, sino porque lo perciben como débil y, por tanto, vulnerable. Calculan que, internamente, Irán se encuentra ante un panorama de malestar social, con la población mostrando abiertamente su hartazgo.
Además, las sanciones han debilitado su economía e industria, dificultando el mantenimiento del pulso militar. Sus peones regionales también han quedado debilitados. Trump y Netanyahu han concluido que Irán no era una amenaza inminente, sino un actor al que bastaba un golpe más para noquearlo definitivamente.












