
Guerra en Irán: Trump acumula contradicciones al justificar el ataque
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Desde la duración de los ataques hasta las justificaciones esgrimidas, la Casa Blanca ha ido cambiando su versión desde que comenzaron los bombardeos contra Irán. El presidente Trump primero sugirió que serían unos días, pero ahora habla de cuatro o cinco semanas. La historia reciente de las intervenciones estadounidenses sugiere que el plazo podría ser mucho mayor.
Al igual que los tiempos, las motivaciones para el ataque a Irán también parecen estar bajo un relato contradictorio. En su primera comparecencia, Trump animó a los iraníes a rebelarse contra el régimen, afirmando que “la hora de su libertad está cerca” y prometiendo el respaldo de EEUU si tomaban el control de su gobierno.
Sin embargo, con el tiempo, esa revuelta popular alentada con bombas ha dado paso a otro tipo de soluciones, como la de buscar un gobierno amigo, al estilo de lo ocurrido en Venezuela. “Me parece que alguien de dentro sería lo más apropiado”, dijo Trump, refiriéndose a la situación venezolana tras el secuestro de Nicolás Maduro y la investidura de Delcy Rodríguez.
La amenaza inexistente
Trump tampoco ha logrado imponer la narrativa de una amenaza inminente por parte de Irán, como sí hizo George Bush con las armas de destrucción masiva en Irak. La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) de EEUU afirmó en un informe del año pasado que Irán podría desarrollar un misil balístico intercontinental viable para 2035 “si Teherán decidiera desarrollar esa capacidad”.
En cuanto a las armas nucleares, se recuerda que, a instancias de Israel durante su guerra de 12 días con Irán el pasado mes de junio, Trump desplegó los B-2 para bombardear instalaciones nucleares iraníes clave.
Desde que Trump inició su despliegue militar en Oriente Medio, la Administración estadounidense ha ido cambiando de justificación para atacar Irán: desde la represión de las protestas hasta el programa nuclear supuestamente devastado, pasando por el programa de armas balísticas.
Contradicciones en el proceso de toma de decisiones
Las contradicciones también se han producido en las explicaciones sobre el proceso de toma de decisiones. El secretario de Estado, Marco Rubio, dinamitó las afirmaciones de la Administración Trump de que Irán estaba planeando un ataque preventivo y afirmó que era Israel quien estaba planeando atacar primero. “Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses”, dijo Rubio.
La Administración Trump se ha esforzado en refutar la idea de que Netanyahu presionó a Trump para que entrara en esta guerra. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, retuiteó un artículo con el titular: “No, Marco Rubio no afirmó que Israel arrastrara a Trump a la guerra con Irán”.
“Creo que iban a atacar primero y no quería que eso sucediera. Así que puede que haya sido yo quien haya forzado la mano de Israel”, respondió Trump. Ni Trump ni nadie de su administración ha aportado pruebas de nada, y lo que los servicios de inteligencia estadounidenses habían dicho hasta el momento era precisamente lo contrario: que Teherán no tendría la capacidad de misiles de largo alcance al menos en una década.












