
¿Es realmente beneficioso reducir el número de alumnos por clase? Un análisis en profundidad
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Un reciente estudio de Esade EcPol, titulado _Clases más pequeñas, impactos limitados para inversiones elevadas_, pone en tela de juicio la efectividad de reducir el número de estudiantes por aula como medida para mejorar el rendimiento académico. Contrario a la creencia popular, la investigación sugiere que esta política, además de costosa, beneficia principalmente a docentes y familias, sin generar un impacto significativo en el aprendizaje de los alumnos.
El informe, basado en datos de la Comunidad de Madrid pero extrapolable al resto de España, se centra en clases de Primaria con entre 20 y 30 estudiantes. Los resultados revelan que disminuir en cinco el número de alumnos reduce en un 4% la probabilidad de que la disrupción en el aula sea un problema moderado o grave. Sin embargo, no se observan mejoras sustanciales en la práctica docente ni en el rendimiento académico, y las familias tienden a “relajar ligeramente su esfuerzo” cuando las clases son más pequeñas.
Sin efectos significativos en el rendimiento
El estudio concluye que la reducción del tamaño de las clases no tiene efectos significativos sobre el rendimiento, el bienestar subjetivo del alumnado ni en la repetición. Tampoco se identifican subgrupos con beneficios sustanciales, ya sea por nivel socioeconómico, curso, materia, características del centro o frecuencia de prácticas individualizadas. En otras palabras, el tamaño del aula, dentro de ciertos parámetros, parece importar poco.
“Si el objetivo [de reducir las clases] es mejorar el rendimiento medio de los estudiantes, hay políticas mucho mejores”, afirma José Montalbán Castilla, investigador asociado de Esade EcPol y autor del informe. Montalbán señala que programas como las tutorías individualizadas o los mentores son mucho más efectivos, llegando a ser hasta 20 veces más eficaces en el caso de alumnos con bajos recursos.
Beneficios para docentes y familias
El estudio destaca que los principales beneficiados de la reducción de alumnos por clase son el profesorado y las familias. Para los docentes, esta medida se asocia con un mayor bienestar y satisfacción laboral. Para las familias, implica una menor necesidad de recurrir a clases particulares o academias.
Sin embargo, el informe plantea que podría ser más eficiente destinar los recursos económicos que implica la reducción de ratios a otras políticas educativas, como mejoras salariales para los docentes o programas de apoyo individualizado para los alumnos.
El debate continúa
A pesar de los hallazgos del estudio, el Gobierno español ha iniciado el proceso para reducir las ratios de alumnos por clase, pasando de 25 a 22 en Primaria y de 30 a 25 en Secundaria. Esta medida, impulsada por los sindicatos educativos, busca revertir la ampliación de ratios aprobada en 2012.
El debate sobre el tamaño ideal de las clases es antiguo y complejo. Si bien este informe sugiere que la reducción generalizada de alumnos por aula no es la solución más efectiva para mejorar el rendimiento académico, Montalbán no descarta que pueda ser útil en contextos específicos donde la disrupción es alta y la enseñanza es más difícil. Además, señala la importancia de implementar políticas complementarias, como la formación docente, para maximizar los beneficios de las clases más pequeñas.












