
El Ramadán: Un Mes de Reflexión y Purificación Espiritual
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El Ramadán, el noveno mes del calendario islámico, es un período de profunda importancia para la comunidad musulmana global. En 2026, se observará desde la noche del martes 17 de febrero hasta el jueves 19 de marzo.
Durante este tiempo sagrado, que dura entre veintinueve y treinta días, los musulmanes conmemoran la primera revelación del Corán al profeta Mahoma, un evento fundacional del islam.
Reconocido como uno de los cinco pilares del islam, el Ramadán es mucho más que un simple ayuno. Representa una experiencia espiritual intensa, enfocada en la purificación del alma, la oración constante y la solidaridad con los más necesitados.
El ayuno, conocido como ṣawm, se practica desde el amanecer hasta el anochecer. Durante este tiempo, los creyentes se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones íntimas.
Se exceptúan de esta obligación aquellos que sufren de enfermedades, están de viaje o atraviesan condiciones especiales como el embarazo o la lactancia.
La jornada diaria comienza con la zahora, una comida ligera antes del amanecer, y culmina con el iftar, la comida que rompe el ayuno tras la puesta del sol.
Más allá de la abstinencia física, el objetivo principal del Ramadán es fortalecer la taqwa, la conciencia constante de la presencia divina, y fomentar la empatía hacia aquellos que sufren hambre o necesidad.
El término Ramadán proviene de la raíz árabe “ramada”, que significa calor o ardor, simbolizando la idea de que los pecados se “queman” a través de la penitencia y el arrepentimiento sincero.
Este mes es el único que se menciona explícitamente en el Corán, lo que subraya su relevancia espiritual: “El mes de Ramadán es aquel en que fue revelado el Corán como guía para la humanidad y como prueba de la rectitud” (Corán 2:185).
Durante el Ramadán, los musulmanes intensifican la lectura del Corán, la práctica del salat (oración) y las acciones de caridad, buscando multiplicar sus recompensas espirituales o thawāb.
Las tradiciones islámicas, o hadices, contienen numerosas enseñanzas atribuidas al profeta Mahoma y a los imanes chiíes que resaltan las virtudes de este mes. Entre ellas, frases como “Ramadán es el mes de la misericordia y el perdón divino” o “es el mes en el que se abren las puertas del cielo y se cierran las del infierno”. Estos dichos reflejan la dimensión simbólica del ayuno como un acto de renovación moral y de acercamiento a Dios, que va más allá de un simple ejercicio de disciplina.
El Inicio del Ramadán
El comienzo del Ramadán se determina mediante la observación de la luna creciente al final del mes de shaabán. Si las condiciones climáticas impiden su visibilidad, se completa un ciclo de treinta días antes de comenzar el ayuno.
Esta práctica, basada en un hadiz del profeta, destaca la estrecha conexión entre el calendario lunar y la vida religiosa islámica.
En regiones donde la distinción entre el día y la noche no es clara, los creyentes suelen seguir el horario de La Meca o del país más cercano con ciclos solares regulares.
Durante el Ramadán, los creyentes se esfuerzan por evitar no solo los actos que invalidan el ayuno, sino también los comportamientos que lo desvirtúan, como la ira, la mentira o las palabras ofensivas. Se promueve la generosidad, la autocontención y la solidaridad dentro de la comunidad musulmana, valores que reflejan el espíritu de hermandad característico de este mes.
Igualmente, los musulmanes observan prácticas recomendadas como el suḥūr (comer algo antes del amanecer), el uso del siwāk (una rama natural utilizada para limpiar los dientes) y la lectura frecuente del Corán.
Entre las noches más importantes se encuentra Laylat al-Qadr, la “Noche del Decreto”, que conmemora la primera revelación coránica. Se considera que en esta noche, que tiene lugar durante los últimos diez días del mes, las súplicas tienen un valor especial y las bendiciones divinas se multiplican.
El Ramadán concluye con la celebración del Eid al-Fitr, la “fiesta de la ruptura del ayuno”, un día de alegría, oración colectiva y caridad.
Más que una simple tradición religiosa, este mes sagrado representa para más de mil millones de musulmanes en todo el mundo una oportunidad anual para practicar la introspección, el perdón y la renovación espiritual.













