GRANDMA MOSES: UNA VIDA DEDICADA AL ARTE DESDE LA VEJEZ

GRANDMA MOSES: UNA VIDA DEDICADA AL ARTE DESDE LA VEJEZ
Imagen de archivo: https://www.abc.es/

GRANDMA MOSES: UNA VIDA DEDICADA AL ARTE DESDE LA VEJEZ

Foto: ABC/CHRISTIE’S – Todos los derechos reservados

Anna María Robertson, conocida como “Grandma Moses”, no conoció la feria ARCO ni ninguna otra feria internacional. Sin embargo, sus pinturas se exhibieron en Estados Unidos y Europa, y algunas de ellas alcanzan precios elevados en el mercado del arte. Uno de sus cuadros, ‘Sugaring Off’, llegó a venderse por 1.360.000 dólares en Christie’s en 2006, una cifra que la anciana estadounidense jamás habría imaginado.

Gran parte de la vida de Anna transcurrió antes de que tomara los pinceles en serio. Según Carmen Vázquez-Vigo, actriz, escritora de literatura infantil y madre de Verónica Forqué, esta mujer nunca aspiró a convertirse en un icono cultural, aunque su obra se exhibe hoy en numerosos museos de Estados Unidos.

UNA VIDA RURAL

Nacida en una granja al norte de Albany el año en que Abraham Lincoln fue elegido presidente de los Estados Unidos, ni su nacimiento ni su boda con el granjero Thomas Moses en 1887 aparecieron en las “Notas de sociedad” de ningún periódico.

El matrimonio trabajó en granjas de Virginia y luego se mudó a otra en el estado de Nueva York, donde Anna se dedicó a preparar comidas y conservas, lavar, remendar y confeccionar la ropa de toda la familia. También se ocupaba de la huerta y cuidaba de los diez hijos que tuvo.

Según Vázquez-Vigo, hasta los 77 años, Anna se levantaba cada día a las seis de la mañana para cumplir con sus tareas. A esa edad, una artritis la obligó a permanecer quieta en su mecedora, junto a la ventana. La vista del huerto de melones le trajo a la memoria aquellos paisajes que dibujaba de niña, totalmente rojos porque no disponía de otra pintura que la que su padre utilizaba para marcar las ovejas.

EL DESCUBRIMIENTO DEL ARTE

Fue entonces cuando se armó de colores y lienzos y comenzó a pintar sobre la mesa de la cocina.

Pero no los paisajes que veía tras los cristales, sino los que conservaba en su mente: cosas que ya habían cambiado, pero que, almacenadas en su memoria tras años de aguda observación y tamizadas a través de un tierno sentido del humor, aparecían en sus pinturas como si existieran todavía.

Algunos dijeron que su éxito se debía al poder evocador de sus cuadros y a su primitivismo, pero a la anciana le tenían sin cuidado las definiciones y críticas porque, según la autora argentina, pintaba por diversión. En veinte años realizó más de mil cuadros que comenzaron vendiéndose por 3 dólares y llegaron a cotizarse en unos 10.000.

Vázquez-Vigo subrayó que Anna Robertson jamás vio su nombre escrito en un periódico, pero la ‘abuelita Moses’ compartía los honores de la noticia con ‘estrellas’ del cine y princesas melancólicas y errantes. En una entrevista, ‘Grandma Moses’ aseguró que la felicidad residía en «olvidar los años y pensar en los demás», y así lo hizo ella durante el año más en que siguió pintando sobre la mesa de la cocina que le servía de caballete, hasta su muerte en 1961.