
Las cicatrices de los incendios forestales de 2025 reviven en ARCO para alertar sobre la crisis climática
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Más de 350.000 hectáreas de bosques españoles quedaron reducidas a cenizas en 2025, marcando el peor año de incendios forestales del siglo XXI. Ahora, la madera quemada de esos bosques renace en ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid, como una cruda llamada de atención sobre el peligro del cambio climático.
El proyecto, denominado 350.000 Ha, es una iniciativa de Manuel Bouzas, Laura Salazar y Pablo Sequero. Este equipo de jóvenes arquitectos busca concienciar sobre la vulnerabilidad del paisaje rural y la necesidad de tomar medidas urgentes. “Es importante trabajar en mecanismos de prevención, pero también en mecanismos de reacción”, explica Manuel Bouzas.
Un espacio de reflexión en el corazón de ARCO
La propuesta ha ganado aún más relevancia al ser seleccionada para diseñar el Guest Lounge, un espacio exclusivo para galeristas, coleccionistas e invitados especiales. De esta manera, ARCO, a menudo percibida como un evento elitista, abre un espacio para el debate sobre un problema que nos afecta a todos.
“Estamos en la ciudad más grande del sur de Europa, en un foco metropolitano, y de repente la joya de la corona de la feria es un espacio rural”, destaca Bouzas, subrayando la importancia de conectar el diseño con una problemática global.
Más allá de la estética: un compromiso con el medio ambiente
A diferencia de un arte autorreferencial, 350.000 Ha busca establecer un diálogo con el contexto medioambiental y ecosistémico actual. Manuel Bouzas, testigo de los incendios en Galicia, junto a Salazar y Sequero, buscan dar visibilidad a una situación que, lamentablemente, se ha normalizado. “Los desastres meteorológicos van a ser cada vez más frecuentes y desde la cultura tenemos un foco crítico que aportar”, afirma.
La propuesta utiliza los troncos quemados como elementos centrales del diseño, transformándolos en lámparas y estructuras que evocan la luz de una lumbre, símbolo ancestral de reunión y origen de la sociedad.
El objetivo es crear un espacio de silencio y reflexión que invite a la gente a conectar con las heridas del bosque. Además del Guest Lounge, el proyecto también se encarga del *stand* de la revista de decoración *AD España*, creando una atmósfera que evoca el fuego como espacio de encuentro.
Una nueva generación frente al futuro
350.000 Ha representa la perspectiva de una generación joven que se enfrenta a la crisis climática como una cuenta pendiente. Laura Salazar destaca la necesidad de encarar las urgencias climáticas, económicas y sociopolíticas. “Estamos viviendo contextos que generaciones anteriores no han tenido que afrontar de la misma manera, y es una necesidad que entendamos la arquitectura desde lo simbólico, desde lo matérico, porque son esos materiales los que tienen la capacidad de contar estas historias”, argumenta.
Manuel Bouzas añade que su generación ha crecido en medio de crisis permanentes, desde la crisis del petróleo en los 90 hasta la pandemia. “Hemos aprendido que tenemos que reaccionar contra eso y no quedarnos de brazos cruzados”, afirma, convirtiendo la adversidad en una fuente de inspiración y un llamado a la acción.
Un foco en lo rural
Bouzas también resalta la importancia de dirigir la mirada hacia lo rural. “Ahora los paisajes extractivos comienzan a dominar la conversación y a ser fuente de inspiración”, explica, señalando que el foco se aleja de las grandes áreas metropolitanas para iluminar zonas que antes permanecían en la sombra. “Este tipo de narrativas acercan la arquitectura y el diseño a la sociedad”, concluye.
Madera como símbolo de sostenibilidad
El uso de la madera, especialmente la madera recuperada, es un elemento clave del proyecto. Tras el auge de materiales derivados de la petroquímica, trabajar con madera permite mantener el CO2 absorbido por el árbol durante su vida, evitando la tala innecesaria y promoviendo una economía de medios equilibrada.
La propuesta se desvincula de los materiales estandarizados en favor de los recursos locales, impulsando una transición hacia la piedra, la madera y la tierra. “Es una arquitectura que habla de la descarbonización, de la calidad de los espacios, porque esto no va en detrimento de lo otro y creemos que hacemos espacios más amables, más cálidos y con menos emisiones”, explica Bouzas.
Además, el proyecto reconoce la importancia de las personas que trabajan en el paisaje, incluyendo fotografías de operarios, técnicos forestales y trabajadores de aserraderos. “Son inspiradores para nosotros porque son los que nos dan las restricciones para que el diseño no sea una tabula rasa”, concluye Bouzas, agradeciendo su ayuda y buscando darles visibilidad en la feria.













