
¿Por qué los adolescentes se visten igual? La psicología detrás de la imitación grupal
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La imagen es recurrente: grupos de adolescentes que, a primera vista, parecen copias unos de otros. Ropa idéntica, peinados similares, gestos sincronizados. Este fenómeno, característico de la adolescencia, tiene raíces psicológicas profundas que van más allá de la simple moda.
La necesidad de pertenencia
Según Laura Cerdán, psicóloga de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la imitación responde a una necesidad primordial en esta etapa: la pertenencia al grupo. “Es un tema de querer ser igual que el resto, de no ser excluido, de no sentirse diferente”, explica Cerdán.
Se trata de un mecanismo para encajar y asegurar la aceptación por sus iguales, en un momento clave de construcción de la identidad.
Lejos de ser una falta de personalidad, esta tendencia es “muy típica de la adolescencia y, psicológicamente hablando, es saludable”, afirma Cerdán. En esta transición entre la infancia y la adultez, los jóvenes buscan referentes fuera de la familia, y el grupo de amigos se convierte en su nueva comunidad. Imitar su estilo, su forma de hablar o sus gustos es una forma de sentirse parte de algo. “El sentimiento de pertenecer a un grupo es muy positivo”, subraya la psicóloga, ya que refuerza una autoestima que durante la adolescencia es especialmente vulnerable.
Este comportamiento no siempre se relaciona con baja autoestima, sino con el deseo de ser uno más dentro del grupo.
“Quiero ser igual que mi grupo, quiero pertenecer a este grupo y no quiero que me excluyan”, resume Cerdán. Por lo tanto, seguir las tendencias que marcan los amigos es una conducta esperable. Cerdán insiste en que, en esta etapa llena de cambios, los adolescentes están forjando su identidad y es normal que busquen referentes en sus iguales. La imitación es generalizada, aunque su manifestación varía según el nivel socioeconómico, que influye en las amistades y las actividades de ocio.
Cuando la imitación se vuelve peligrosa
Sin embargo, la imitación tiene un lado oscuro que los padres deben observar.
La situación cambia cuando lo que se copia no es un peinado, sino conductas de riesgo. “Si lo que se tiende a imitar son otro tipo de conductas de riesgo, aquí ojo”, advierte Cerdán. En este punto, la imitación deja de ser saludable y puede ser un síntoma de problemas más profundos, posiblemente relacionados con la autoestima, que requerirían una evaluación más detallada.
El consumo de tabaco, vapeadores o drogas son ejemplos de comportamientos peligrosos que pueden adoptarse por presión de grupo. Si un adolescente es consciente del peligro que corre e igualmente imita esa conducta, es una señal de alarma que requiere intervención.
La imitación también puede extenderse al pensamiento, adoptando ideas o actitudes sin cuestionarlas. Por ello, Cerdán recomienda “fomentar la lectura y el espíritu crítico” desde la infancia para que, al llegar a la adolescencia, los jóvenes tengan herramientas para no caer en la imitación ciega de ciertos pensamientos.
El rol de los padres: acompañamiento y comprensión
¿Qué pueden hacer los padres ante esta realidad donde los amigos parecen serlo todo? Aunque los referentes cambien, el papel de la familia sigue siendo fundamental. Cerdán pide a los padres desmitificar la adolescencia como una etapa “horrorosa”.
“Es una fase de transición que seguramente implica tener más paciencia”, reconoce, pero es crucial entenderla como parte del desarrollo. La clave, según la psicóloga, es “elegir qué batallas tener y cuáles no”. Un corte de pelo atrevido “es una batalla que quizá no hace falta tener”, ya que el pelo crece. En cambio, las conductas de riesgo sí requieren una atención firme.
La familia debe cambiar su forma de acompañar.
“El acompañamiento que necesitan de los padres no es el mismo que necesita un niño de cinco años”, señala Cerdán. Los adolescentes necesitan saber que sus padres están ahí, disponibles para ellos, aunque su forma de demostrarlo sea diferente. De hecho, la experta sostiene que la adolescencia es una de las fases donde más necesitan a sus padres. Necesitan un acompañamiento basado en la comprensión y el diálogo, que les ayude a navegar por esta etapa de cambios y a construir una identidad sólida y un pensamiento crítico propio, sabiendo que el apoyo familiar incondicional nunca desaparece, porque “toda la vida se necesitarán”.












