
Expertos advierten sobre los peligros de recurrir a la IA para problemas emocionales y el impacto de las pantallas en la salud mental juvenil
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La Inteligencia Artificial (IA) se ha insertado rápidamente en la vida cotidiana, pero su uso para buscar consejo ante problemas emocionales preocupa a los expertos, quienes advierten sobre los riesgos de esta práctica.
La IA no es un terapeuta: Riesgos y peligros
El psiquiatra Pedro Moreno, especialista en tecnología, enfatiza que delegar el bienestar emocional en una herramienta como la IA es peligroso. Durante el XXXIV Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría en Vitoria, Moreno señaló que la IA carece de la compasión y el vínculo humano necesarios en la terapia. “No es tu psicólogo, no tiene compasión ni te quiere”, afirmó.
Moreno aboga por que la IA se utilice “como un microscopio, no como un juez”, siempre bajo supervisión profesional. El peligro principal radica en que las IA generalistas son “complacientes” y “te dicen lo que quieres oír”, lo cual puede tener consecuencias graves, como confirmar delirios en pacientes psicóticos o reforzar conductas peligrosas en personas con anorexia.
El psiquiatra alertó sobre la inconsciencia de las personas ante los riesgos, comparando el uso inadecuado de la IA con la administración incorrecta de fármacos psiquiátricos, que puede ser letal.
“Igual que un fármaco en psiquiatría, aunque sea eficaz, si se emplea mal o si se da una dosis inadecuada puede ser letal, pues la IA, si se emplea mal, también puede ser letal para los pacientes”, advirtió.
Moreno rechaza la idea de que la IA pueda reemplazar el contacto humano, ya que carece de la compasión y el interés genuino por el bienestar del individuo que un psicólogo o un amigo pueden ofrecer. Además, advierte sobre los riesgos de privacidad, ya que los usuarios comparten información médica y personal que puede ser registrada y utilizada para entrenamientos.
Según el psiquiatra, el rápido desarrollo de la IA, impulsado por “empresas tecnológicas” con “intereses económicos”, está creando un “abismo” entre la tecnología y la capacidad de la sociedad para asimilarla. Propone soluciones urgentes como la alfabetización digital masiva, un marco ético centrado en el paciente, la restricción de su uso en ciertos ámbitos y la formación de los profesionales.
El impacto de las pantallas en la salud mental de los jóvenes
En paralelo a la preocupación por la IA, el uso descontrolado de pantallas se ha convertido en otra amenaza para la salud mental, especialmente para los jóvenes. La psiquiatra infantil y de la adolescencia Abigail Huertas advierte sobre el profundo impacto que la exposición excesiva a pantallas tiene en el desarrollo cerebral.
Huertas explica que la ciencia ha demostrado que un alto número de horas de exposición a pantallas (entre dos y tres diarias) repercute en el lenguaje, la atención y la regulación de las emociones.
En la adolescencia, con un lóbulo prefrontal aún inmaduro, es difícil esperar que los jóvenes se “autorregulen” frente a las pantallas. “Sería absurdo pensar que un adolescente podría ser capaz de autorregularse si los adultos no somos capaces”, afirma.
El resultado es que, “por primera vez”, hay una “generación menos inteligente, menos funcional para afrontar los desafíos de la vida”. Huertas rechaza la etiqueta de “generación de cristal” y señala la “responsabilidad” de los adultos en esta situación: “No hemos cuidado bien de los niños y los adolescentes”.
La psiquiatra infantil ha constatado un cambio en el perfil de los pacientes, con “enfermedades mentales graves” que debutan antes y con mayor severidad. “Vemos a niños o niñas con 10 años en la consulta gravemente enfermos”, señala.
Huertas explica que algunas herramientas y redes sociales “están diseñadas como las drogas, que te dan estímulos y refuerzos intermitentes que activan circuitos cerebrales similares”.
Además, actúan como un “amplificador del sufrimiento”, un “laboratorio social abierto 24 horas” donde los jóvenes están perpetuamente expuestos al juicio ajeno, los insultos o el acoso.
La psiquiatra considera que el impacto de las pantallas debe ser considerado “un problema de salud pública”, similar a la obesidad infantil, que requiere un abordaje preventivo con campañas de concienciación. Si bien ve positivo el debate sobre legislar la edad de acceso, cree que es insuficiente.
“No solo hay que legislar. Hay que educar a las familias, informar y obligar a las tecnológicas a que declaren sus conflictos de interés”. Huertas propone educar gradualmente a los jóvenes sobre los riesgos y beneficios de la tecnología, de la misma manera que se les enseña a cruzar un paso de cebra antes de darles un coche.
Ambos expertos coinciden en la necesidad de un debate profundo sobre “qué tipo de sociedad queremos”.
Frente a la visión de un futuro automatizado donde la IA lo soluciona todo, los psiquiatras defienden una vida “auténtica, genuina, con esfuerzo y con crecimiento personal”.












