
UN VIENTO DESAFORTUNADO LLEVÓ A UN RECAUDADOR DE IMPUESTOS ROMANO A UN REINO BUDISTA EN SRI LANKA
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Una fuerte tormenta desvió el curso de una nave, alejándola de la costa conocida. A bordo, un liberto de Annio Plocamus transportaba sacos llenos de denarios. El temporal transformó el viaje en una deriva inesperada.
El viento empujó el barco durante días hacia un mar desconocido, hasta que apareció tierra al otro lado del subcontinente indio. Este golpe de clima llevó al recaudador romano a un reino budista, desencadenando una reacción política inesperada.
Bhatika Abhaya vio la llegada del extranjero como una oportunidad para acercarse a Roma
El liberto de Annio Plocamus llegó a la isla que hoy conocemos como Sri Lanka. Allí, el rey Bhatika Abhaya, soberano del reino de Anuradhapura, recibió al visitante con interés, especialmente por las monedas romanas que llevaba.
El monarca decidió ayudarle a regresar a su patria y preparó una delegación de cuatro enviados para viajar con él y establecer relaciones con Roma. Un encuentro fortuito se convirtió en un contacto diplomático entre dos mundos distantes.
El reinado de Bhatika Abhaya es recordado como una época tranquila y rica en actividad cultural. Durante sus 29 años en el trono, impulsó construcciones religiosas y proyectos ornamentales, mostrando el poder del reino, incluyendo nuevos templos y la decoración de la estupa Ruwanwelisaya. También redujo la presión fiscal en ciertos momentos y promovió donaciones a los monjes budistas.
Tras su muerte en el año 7 d.C., su hermano Mahadathika Mahanaga lo sucedió. Del destino del liberto, solo quedó un rastro incierto y un posible grafiti con su nombre hallado en las cuevas de Wadi Meneh, junto a la antigua ruta comercial entre Berenice y Koptos en el desierto oriental de Egipto.
El pasado de Anuradhapura explica la importancia política del reino
El viaje del romano a la isla fue extraordinario. La nave navegaba frente a la costa de Arabia cuando fuertes vientos del norte la empujaron hacia mar abierto.
Durante quince días, los marineros lucharon contra la deriva, avanzando sin control por el Océano Índico. Al terminar la tormenta, el barco había dejado atrás regiones como Carmania y Gedrosia, llegando a una gran isla conocida por los griegos como Taprobana. Estrabón escribió que “Taprobane envía grandes cantidades de marfil, carey y otras mercancías a los mercados de la India”.
Este territorio formaba parte del antiguo reino de Anuradhapura, cuya historia se remontaba siglos atrás. La fundación del estado se atribuye al príncipe indio Vijaya, exiliado que estableció un primer dominio en la isla. Dos siglos después, Pandukabhaya organizó el reino y fundó la capital que dio nombre al país.
El crecimiento del poder local generó conflictos que el rey Dutthagamani resolvió en el siglo II a.C., imponiéndose sobre numerosos jefes regionales y sobre Ellalan, gobernante del sur de la India que había ocupado la capital. Este monarca difundió el budismo mediante el patrocinio de monasterios y santuarios. Más tarde, invasiones drávidas expulsaron al rey Valagamba durante un tiempo, aunque el soberano recuperó el trono y el reino continuó enfrentándose a ataques periódicos.
La economía agrícola y el comercio marítimo sostenían la prosperidad de la isla
La economía de Anuradhapura se basaba principalmente en la agricultura. Los campos producían arroz dos veces al año gracias a un sistema de irrigación que utilizaba embalses, canales y máquinas hidráulicas capaces de compensar la escasez de lluvias. También se cultivaban algodón, sésamo, caña de azúcar y mijo.
La posición de la isla facilitaba el comercio marítimo, y el reino exportaba perlas, piedras preciosas, especias y elefantes. A cambio, llegaban cerámica, sedas, perfumes, vinos y telas, principalmente de India y China. Los impuestos recaían sobre las cosechas, el uso del agua y el comercio, administrados por el tesorero real. Aunque existían monedas locales llamadas kahavanu desde el siglo III a.C., muchos pagos se hacían en especie.
La corte confiscó las monedas, pero trató al visitante con hospitalidad
Los sacos de denarios llamaron la atención del rey, ya que todas las piezas pesaban lo mismo, a pesar de pertenecer a distintos emperadores romanos. Este detalle sugirió una acuñación uniforme que impresionó a la corte. La ley del reino obligó a **confiscar el dinero al extranjero**, pero el monarca lo trató con hospitalidad y facilitó su retorno. El romano permaneció varios meses en la capital y observó la vida del reino.
Anuradhapura funcionaba como una monarquía hereditaria aceptada en toda la isla. El poder se organizaba en un sistema administrativo jerarquizado con tres niveles de funcionarios: palacio, administración general y provincias. El consejero religioso llamado *purohita* y el grupo de asesores conocido como *amati* *paheja* acompañaban al rey en la toma de decisiones. El comandante del ejército, denominado *senapati*, tenía una posición equivalente dentro de la corte.
El territorio se dividía en tres regiones principales gobernadas por virreyes llamados *yuvaraja*, mientras que distritos menores y aldeas estaban bajo responsables locales. En este entramado político, un temporal del océano colocó a un recaudador romano con sacos de monedas frente al soberano de la isla.













