EL BAÑO DE FRAGA EN PALOMARES: PROPAGANDA Y SILENCIO TRAS EL ACCIDENTE NUCLEAR DE 1966

EL BAÑO DE FRAGA EN PALOMARES: PROPAGANDA Y SILENCIO TRAS EL ACCIDENTE NUCLEAR DE 1966
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EL BAÑO DE FRAGA EN PALOMARES: PROPAGANDA Y SILENCIO TRAS EL ACCIDENTE NUCLEAR DE 1966

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El 7 de marzo de 1966, la playa de Quitapellejos, en Palomares (Almería), fue el escenario de un controvertido acto de propaganda orquestado por el régimen franquista. Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, se bañó en las frías aguas invernales junto al embajador estadounidense Angier Biddle Duke. Este gesto, aparentemente banal, buscaba transmitir un mensaje de normalidad y seguridad tras un grave incidente nuclear.

El Incidente del B-52 y las Bombas Termonucleares

La crisis se desató el 17 de enero de 1966, cuando un bombardero B-52, parte de la operación Chrome Dome durante la Guerra Fría, colisionó con un avión cisterna mientras intentaba repostar en vuelo. La explosión resultante fue visible a kilómetros de distancia y provocó la desintegración de ambas aeronaves, dispersando restos por toda la región.

Lo más alarmante fue que el bombardero transportaba cuatro bombas termonucleares.

Tres cayeron en tierra, en campos de cultivo de Palomares, mientras que la cuarta se precipitó al mar Mediterráneo. El explosivo convencional de dos de las bombas detonó al impactar, liberando plutonio y otros materiales radiactivos que contaminaron más de dos kilómetros cuadrados de terreno agrícola.

La Reacción Inicial y la Búsqueda de la Bomba Perdida

Los habitantes de Palomares, ajenos al peligro invisible, salieron de sus casas para investigar lo sucedido. Sin saberlo, niños y adultos caminaron sobre terrenos contaminados con plutonio. Mientras tanto, el régimen franquista intentaba minimizar la información, describiendo el incidente como algo sin “nada grave”.

En paralelo, cientos de militares estadounidenses llegaron a la zona para iniciar la búsqueda de la cuarta bomba, la que había caído al mar.

Durante 80 días, una flota de 34 barcos, minisubmarinos y más de 3.000 efectivos participaron en una operación de búsqueda sin precedentes.

“Paco el de la Bomba” y la Recuperación

La clave para encontrar la bomba perdida la proporcionó Francisco Simón Orch, un pescador local conocido desde entonces como “Paco el de la Bomba”. Él fue testigo de la caída del artefacto al mar y su testimonio fue crucial para su localización. Gracias a su indicación, el minisubmarino Alvin localizó la bomba H intacta a casi 900 metros de profundidad. Su recuperación marcó el fin de la fase más crítica del accidente, pero dio paso a la etapa de limpieza.

El Baño de Fraga y la Ofensiva de Propaganda

Una vez recuperada la bomba, los gobiernos español y estadounidense lanzaron una campaña para mitigar el impacto del accidente.

El punto culminante fue el famoso baño de Fraga en la playa de Quitapellejos. El ministro insistió ante la prensa en que no se había producido ninguna explosión nuclear y que se habían tomado todas las precauciones para evitar cualquier riesgo, a pesar de la dispersión de plutonio causada por la detonación de dos de las bombas.

Además, las autoridades impusieron un estricto control sobre los habitantes de Palomares, restringiendo el acceso a sus propiedades. “Ustedes se tienen que ir de aquí mientras que se haga esto”, fue la orden dada a las familias.

Un Legado Contaminado

Más de medio siglo después, la historia del accidente de Palomares sigue sin cerrarse. Aún permanecen 50.000 toneladas de tierra contaminada pendientes de ser retiradas, y las negociaciones entre España y Estados Unidos para su gestión definitiva continúan en curso.

Un accidente que, sin ser una guerra ni una explosión con hongo nuclear, se convirtió en un desastre marcado por el “polvo invisible, radioactivo, soldados y silencio”.