
GIUSEPPE CAPUTO: "HAY QUE USAR LA VOZ PARA NO NATURALIZAR EL FASCISMO
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El escritor colombiano Giuseppe Caputo presenta ‘La frontera encantada’, una biografía familiar que explora las jerarquías de clase y la visión de un autor comprometido con sus ideas políticas.
Veinte años después de dibujarlo, Giuseppe Caputo reencontró su autorretrato infantil. En él, su rostro aparecía dividido en dos partes: una elegante y otra vulgar, según la observación de su abuela. Este dibujo, además, capturaba la mirada de su padre durante un episodio de bipolaridad, un momento clave en la historia familiar. El hallazgo de esta imagen en una caja de mudanza fue el punto de partida de La frontera encantada, su más reciente libro.
“Es una biografía que se transforma inevitablemente en ficción, en un cuento de hadas”, explica Caputo. El dibujo infantil le recordó la invisible línea que su abuela trazaba en su rostro, y lo interpretó no como un complejo de inferioridad, sino como un “hechizo social” al que su libro busca contrarrestar. A partir de escenas impactantes, como el delirio de su padre, Caputo reflexiona sobre las aspiraciones de la clase media, su transformación en conciencia política y la migración.
Aunque no sigue un orden cronológico, La frontera encantada comienza en la infancia de Caputo en Barranquilla, donde vive con su familia y Margarita, la empleada del hogar. Esta última, lejos de ser un símbolo de riqueza, refleja la situación económica precaria de la familia: “¡Una es tan pobre que termina trabajando para gente pobre, sirviendo a muertos de hambre!”. Los padres de Caputo tienen una ferretería deficitaria, y la abuela está obsesionada con que sus nietos asciendan socialmente.
Para ello, la abuela se pone “la máscara”, un concepto que Caputo utiliza para describir la expresión facial que adoptamos ante personas de una clase social diferente. En un estrato inferior, esta máscara se activa cuando el complejo de inferioridad nos domina y sonreímos, perpetuando así las jerarquías sociales. La máscara del poderoso, por su parte, suele mostrar amabilidad con el mismo fin: mantener el orden establecido. El protagonista busca “desinstalar esas ideas coloniales”, ya que la migración norte-sur es muy distinta a la sur-norte, donde el ascenso social se produce casi automáticamente.
El narrador es un creador de términos conceptuales como la “máscara” o el “asma psíquica”. Esta última, similar a la angustia provocada por problemas cotidianos, es descrita como un ahogamiento mental. Caputo sufrió este “asma psíquica” al ordenar los fragmentos de su libro, buscando que la energía se emancipara de la herida sin negarla, ya que “las heridas nunca son individuales, es un dolor colectivo”.
Mochilas vitales
El padre de Caputo emigró de un pequeño pueblo italiano a Barranquilla, donde prosperó hasta que comenzó su declive mental. Años después, Caputo también emigró a Bogotá, Barcelona, Nueva York e Iowa. A diferencia de su padre, que nunca regresó a su tierra natal, Caputo se define como “regresante”.
El principal conflicto de Barranquilla radica en “una mezcla que provoca mucha disonancia entre una alegría muy genuina y un conservadurismo muy radical”. Esta disputa se suspende durante el Carnaval, donde los límites se olvidan y los participantes se entregan al disfrute. Caputo considera que esta energía erótica y colectiva debería extenderse a todo el año, “que la energía revoltosa no quede ordenada por el propio sistema que también hay que cambiar”.
Aunque no sabe si sus ganas de regresar son producto de una romantización de Barranquilla, Caputo también ama Bogotá, donde “salió del ‘closet’” y comenzó a independizarse política y psíquicamente. La enfermedad de su padre, que modificó la vida familiar, dejó una pesada carga psicológica: “La locura no es algo que se queda blindada dentro de la persona, sino que se extiende a toda la casa. El trauma es una imagen del pasado que pervive, que se mantiene en presente”.
El trastorno bipolar de su padre alternaba entre depresión y energía delirante. Esto plantea una dolorosa pregunta: ¿qué fase es más llevadera para los convivientes? “Lo más fácil es que esté deprimido, aunque eso tenga sus propias complicaciones”, sostiene Caputo. “La alegría se convierte en una alerta: ¿está sonriendo simplemente porque quiere sonreír o porque se le está activando la manía? Para mí el rezago más grande es eso, que la alegría se vuelva una señal de mala noticia”.
De alguna manera, este vaivén de emociones se refleja en su literatura: “Me gusta oscilar entre una energía maníaca, más expansiva, y una energía depresiva, más introspectiva”. Y, sobre todo, huye de la herida, ya que, de lo contrario, se convierte en “pura rabia y se vuelve un arma de guerra”.
El oficio y la voz
Actualmente, Giuseppe Caputo es profesor y coordinador académico del Máster de Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá. Aunque no vive de las regalías de sus libros, la publicación le ha abierto puertas a otras oportunidades, como dar conferencias o dirigir la Feria del Libro de Bogotá. Su trabajo como profesor le gusta, y afirma que los talleres le cambiaron la vida: “Uno se vuelve mejor lector y logra detectar los puntos ciegos de los textos, y a pensar con mayor densidad política los textos”. Para él, aún existe el mito del escritor como “genio solitario”, a diferencia de otras disciplinas artísticas donde la formación es vista como algo natural.
Caputo no oculta sus opiniones políticas, ni en sus libros ni en sus declaraciones públicas. En diciembre de 2025, canceló su participación en el Hay Festival Cartagena de Indias 2026 por la invitación de María Corina Machado, líder opositora venezolana. El escritor considera que estamos “en un momento de fascismo ascendente” y que “es un momento de no naturalizar el fascismo y no naturalizar las alianzas con el fascismo”.
El autor aclara que su decisión no implica desconocer “el dolor venezolano”. “Pero eso no significa que naturalicemos el aplaudir la acción armada, como la llama ella [María Corina Machado], de Israel en Gaza. Que también decir Gaza es una manera de no decir Palestina; el aplaudir los bombardeos de las lanchas, que son asesinatos extrajudiciales; el aplaudir a Kast, que es un glorificador de otra dictadura”, enumera. “En fin, para mí hay que usar la voz para no naturalizar el fascismo en este momento”, concluye.













