
El pueblo escondido de Mallorca que alberga la montaña más alta de las Baleares
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Mallorca, sinónimo de calas turquesas y playas bulliciosas, esconde un tesoro en su interior: Escorca, un municipio tranquilo y verde en la Serra de Tramuntana, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2011.
Un rincón salvaje en la Serra de Tramuntana
A diferencia de otros pueblos pintorescos como Valldemossa, Deià o Sóller, Escorca se mantiene discreta, conservando un encanto especial al ser uno de los rincones más salvajes de la Tramuntana. Con apenas 200 habitantes, este municipio no tiene un centro histórico tradicional, sino que se extiende entre montañas, con el Puig Major, la cumbre más alta de las Baleares, como protagonista.
El gigante de Mallorca: Puig Major
El Puig Major, con sus 1.445 metros, domina el paisaje de la Serra de Tramuntana. Aunque su cima está restringida por instalaciones militares, el cercano Puig de Massanella ofrece una alternativa para los amantes del senderismo. Tras varias horas de caminata, las vistas desde la cima recompensan el esfuerzo, revelando media isla y el Mediterráneo en el horizonte.
Naturaleza en estado puro
Escorca se distingue por su paisaje extenso y poco poblado, donde la naturaleza es la protagonista. Encinas, barrancos, paredes de roca y carreteras serpenteantes definen el escenario. Recorrer la MA-10, la carretera que atraviesa la Serra de Tramuntana, es una experiencia en sí misma, con kilómetros de curvas, miradores improvisados y vistas al mar entre las montañas.
El Santuario de Lluc: un refugio en la sierra
El Santuario de Lluc, situado en un valle rodeado de montañas, es un lugar emblemático para los mallorquines. Su historia se remonta al siglo XIII, cuando se encontró una imagen de la Virgen en la zona. Hoy, el complejo alberga un museo, jardines, alojamiento y patios silenciosos. La Escolanía de Lluc, un coro infantil centenario, ofrece actuaciones que se consideran momentos especiales para los visitantes.
Senderos y calas escondidas
Escorca invita a explorar sus numerosos senderos, como el del Torrent de Pareis, un cañón natural que desemboca en el mar. Sus paredes de roca y el camino estrecho entre bloques de piedra ofrecen un paisaje impactante. A pesar de ser un territorio montañoso, Escorca también cuenta con costa, como Cala Tuent, una cala de cantos rodados rodeada de pinos y montañas, que conserva un ambiente tranquilo. Cerca se encuentra Sa Calobra, famosa por su carretera con curvas cerradas y el “nudo de corbata”, un giro de 270 grados.
En Escorca, el alojamiento es rural y se integra en el paisaje, lo que crea un ambiente diferente al de otras zonas de la isla, incluso en temporada alta.












