
Innovador Diseñador Transforma Cáscaras de Castaña en Lámparas y Otros Objetos
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Un diseñador ha logrado crear piezas artísticas y funcionales a partir de un material inesperado: las cáscaras de castaña. Manu Persa, el creador de esta técnica innovadora, ha desarrollado un proceso que transforma este desecho natural en un biomaterial único con el que fabrica lámparas y otros objetos de diseño.
El proceso de transformación
La técnica de Persa consiste en triturar las cáscaras de castaña y mezclarlas con aglutinantes naturales, como gelatina o alginato, y agua. La mezcla resultante se deja secar al aire, dando como resultado un material resistente y versátil.
De Residuo a Recurso Valioso
Lo que comenzó como un experimento casero con los restos de su propia cocina se ha convertido en un proyecto a escala industrial. Persa colabora ahora con empresas que le suministran grandes cantidades de cáscaras de castaña, un subproducto que antes se consideraba un desecho sin utilidad.
“Estoy utilizando un subproducto que no se utiliza para nada. Le estamos dando un valor añadido mucho mayor del que tiene simplemente quemarlo”, explica el diseñador.
Inspiración en la Naturaleza: Biomimética
La trayectoria de Persa lo llevó a estudiar biomimética, la imitación de la naturaleza para aplicarla a procesos creativos. “En vez de inspirarme en los clásicos del diseño, empiezo a fijarme en el origen, en la naturaleza”, comenta. Este enfoque fue el punto de partida para el Laboratorio Biomimético, un centro de investigación que posteriormente daría origen a ‘Arbio’, su marca propia para la producción y comercialización de sus creaciones.
Explorando Nuevos Materiales
Persa no se limita a las castañas y está investigando con otros residuos para convertirlos en nuevos materiales.
Entre ellos se encuentran los posos de café, el lúpulo de la poda de la cerveza, la cáscara de huevo y las cáscaras de mejillones. “Todo es susceptible de convertirse en un biomaterial que luego podemos utilizar”, afirma.
Sus creaciones, diseñadas para interiores, son duraderas y totalmente biodegradables. Aunque requieren protección contra la humedad y el calor, los estudios demuestran que las piezas “pueden durar más de 10 años”.












