Nuevas perspectivas sobre el conflicto entre EE.UU., Israel e Irán tras una semana de hostilidades

Nuevas perspectivas sobre el conflicto entre EE.UU., Israel e Irán tras una semana de hostilidades
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Nuevas perspectivas sobre el conflicto entre EE.UU., Israel e Irán tras una semana de hostilidades

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La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán ha sumido a Oriente Medio en una profunda crisis, extendiendo sus repercusiones desde Asia Central hasta las fronteras de Europa. La operación conjunta, bautizada como ‘Furia Épica’ por EE.UU. y ‘León Rugiente’ por Israel, ha provocado caos y derramamiento de sangre, desestabilizando la región como se había previsto.

Contexto del conflicto entre Trump y Netanyahu

Irán, considerando a Israel y Estados Unidos como sus principales adversarios, ha buscado expandir su influencia en Oriente Medio mediante el respaldo a grupos militantes como Hezbolá en Líbano y los hutíes en Yemen. Además, ha desarrollado un programa nuclear que, según Teherán, tiene fines pacíficos, aunque Washington lo niega.

La estrategia regional de Israel se ha centrado en debilitar a sus enemigos a través del uso de su poderío militar, lo que ha provocado la muerte de miles de civiles, el abandono de la diplomacia y un aumento del sentimiento anti-Israel a nivel mundial. Pese a ello, los líderes de facciones armadas asesinados por Israel son rápidamente reemplazados y los grupos militantes se reconstituyen o son sustituidos por otros.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha instado repetidamente a Estados Unidos a atacar Irán y ha rechazado acuerdos internacionales para limitar su programa nuclear. Administraciones anteriores en Washington habían evitado esta postura, conscientes de que una campaña de bombardeos contra Irán sumiría a la región en el caos, tal como está sucediendo actualmente.

Donald Trump afirmó que ningún otro presidente estadounidense estaba dispuesto a tomar las medidas que él ha tomado.

Objetivos de EE.UU. e Israel

Las explicaciones sobre los objetivos de esta guerra son diversas: desde combatir las amenazas de Irán y sus aliados, hasta destruir el programa nuclear de Teherán (a pesar de las afirmaciones de Trump de haberlo destruido previamente) e incluso intentar un cambio de régimen a través de bombardeos. Trump ha hablado de una “rendición incondicional” e incluso de la “destrucción total” de Irán.

Algunos sectores evangélicos cristianos en Estados Unidos ven este conflicto como una guerra santa que conducirá al Armagedón, evento que anhelan por considerarlo el preludio del regreso de Jesucristo.

Trump declaró que su objetivo era “defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní”, mientras que Netanyahu ha expresado que busca eliminar la amenaza nuclear y de misiles de Irán, aunque también vería con buenos ojos el “derrocamiento del régimen”.

Un objetivo cada vez más evidente es el apoyo de EE.UU. e Israel a grupos antigubernamentales dentro y fuera de Irán, incluyendo a militantes kurdos, lo que podría desencadenar una guerra civil impredecible.

Víctimas civiles

La Media Luna Roja Iraní informa que los ataques de EE.UU. e Israel han causado la muerte de 1230 personas en Irán. Uno de los ataques más devastadores fue el bombardeo contra una escuela primaria de niñas en Minab, donde murieron más de cien menores.

Otro ataque, esta vez con torpedos de un submarino estadounidense contra un buque de guerra iraní frente a la costa de Sri Lanka, causó la muerte de al menos 87 marineros.

Los ataques israelíes contra el Líbano han desplazado a cientos de miles de personas. El Ministerio de Salud libanés ha reportado 217 fallecidos y 798 heridos, advirtiendo de una catástrofe humanitaria debido al gran número de desplazados.

En contrapartida, doce israelíes han muerto en ataques iraníes, así como seis militares estadounidenses. También se han registrado víctimas en los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait, como consecuencia de ataques con drones y misiles iraníes. Otros ataques han afectado a países fuera de la región, como Azerbaiyán y Chipre.

Liderazgo en Irán tras el asesinato del ayatolá Jamenei

Tras el asesinato del líder supremo iraní, Ali Jamenei, el régimen ha puesto en marcha los mecanismos para elegir a un sucesor, siendo su hijo, Mojtaba, uno de los candidatos. Hasta el momento, un órgano provisional gestiona los asuntos del país.

El régimen iraní mantiene el control de las fuerzas armadas y la policía. El principal peligro es un colapso total del Estado, lo que genera temor entre las potencias regionales ante la posibilidad de que el país se fragmente y se sumerja en una situación volátil.

Experiencias recientes, como las guerras de Afganistán e Irak, demuestran que las operaciones militares inicialmente celebradas como éxitos pueden derivar en años de conflicto y vacíos de poder.

Capacidad de respuesta de Irán

El ejército convencional de Irán no se compara con el de Estados Unidos e Israel, y su suministro de misiles y drones es limitado. Sin embargo, el régimen iraní tiene experiencia en guerra asimétrica, donde fuerzas inferiores pueden llevar a cabo ataques devastadores contra grandes potencias militares mediante grupos paramilitares.

La represalia de Teherán, con ataques contra países vecinos, ha generado caos geopolítico y económico. El cierre del estrecho de Ormuz ha afectado el suministro mundial de petróleo, y sus misiles y drones han interrumpido el transporte aéreo global.

Neutralidad de los países del Golfo

Es incierto si los países del Golfo permanecerán neutrales. Teherán ha afirmado que las bases militares estadounidenses en la región y los “intereses” estadounidenses son sus objetivos. Sin embargo, la paciencia en el Golfo se agota tras los ataques a hoteles, rascacielos, instalaciones petroleras y aeropuertos.

Monarquías del Golfo como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos consideran al régimen iraní un adversario, pero temen verse arrastrados a una guerra destructiva que dañe los intereses de todas las partes.

Legalidad del conflicto

Existen numerosas voces que cuestionan la legalidad de esta guerra, tanto a nivel internacional como en Estados Unidos. Juristas expertos en derecho internacional, políticos estadounidenses y aliados de Washington han expresado abiertamente su desacuerdo.

Estados Unidos e Israel justifican los ataques como un acto de legítima defensa preventiva. El primer ministro británico, Keir Starmer, se negó a unirse a la ofensiva, afirmando que no comprometería a las fuerzas británicas en “acciones ilegales” y que su gobierno “no cree en un cambio de régimen desde el cielo”.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, ha descrito el conflicto en Oriente Medio como jugar a la “ruleta rusa con el destino de millones de personas”, calificando los ataques de EE.UU. e Israel como un “error extraordinario” e “incompatibles con el derecho internacional”.