
UNA PERIODISTA AFGANA ESCAPA DE LOS TALIBANES Y ENFRENTA LA VIOLENCIA VICARIA EN EL EXILIO
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La historia de Khadija Amín, periodista afgana, es un testimonio desgarrador de la opresión que sufren las mujeres en Afganistán y de las secuelas que persisten incluso después de escapar a un país occidental.
Un matrimonio forzado y años de sufrimiento
Khadija soñaba con ser periodista, pero su familia la obligó a casarse a los 19 años. Su hermano mayor negoció el precio y la amenazó de muerte si no obedecía. Durante siete años, Khadija vivió en un régimen de esclavitud y maltrato a manos de su esposo y suegra. Fue obligada a realizar las tareas del hogar y sufrió constantes palizas. Tuvo tres hijos en dos embarazos, viviendo con el temor de que nacieran niñas, ya que su esposo solo aceptaría varones.
Desesperada, Khadija intentó quitarse la vida prendiéndose fuego, pero su esposo le impidió hacerlo, diciéndole que se fuera a casa de sus padres si quería suicidarse.
El divorcio y una nueva oportunidad
Tras la llegada de las tropas internacionales a Afganistán, Khadija logró divorciarse, un “privilegio” impensable antes. Su maltratador accedió a dejarla ir con la condición de que no reclamara nada y regresara a casa de sus padres.
Khadija aprovechó esta nueva oportunidad para estudiar periodismo e inglés, convirtiéndose en reportera y presentadora de la televisión nacional de Afganistán.
La huida de Kabul y el exilio
Con la llegada de los talibanes al poder en 2021, Khadija fue despedida de su trabajo. Una periodista española la ayudó a huir en uno de los primeros aviones del ejército.
La violencia vicaria en la distancia
Una vez en España, Khadija gestionó los visados para que sus hijos y exmarido pudieran reunirse con ella, pero él se negó a venir. Desde entonces, Khadija sufre violencia vicaria: su exmarido afirma que ella ha muerto y le impide mantener una comunicación fluida con sus hijos.
La legislación afgana solo reconoce la paternidad, dejando a la madre sin derechos. Khadija vive condenada a buscar a sus hijos y a lamentar su pérdida, enfrentando la indiferencia del mundo desarrollado.
Un llamado a la acción feminista
La historia de Khadija es un ejemplo del sufrimiento que aún padecen las mujeres en Afganistán, considerado el peor lugar del planeta para ser mujer por la ONU. En otros países como Irán, Sudán, Jordania y Arabia Saudí, las mujeres también viven sin derechos.
En este contexto, es fundamental un compromiso feminista internacionalista y pacifista para luchar contra la desigualdad y la injusticia en todo el mundo.













