
ARCO: Arte y Resistencia Femenina Frente a un Futuro Incierto
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ARCO, la feria de arte contemporáneo, presentó este año una edición marcada por la reflexión sobre el futuro y la búsqueda de refugio en lo formal y lo material. Sin embargo, algunas propuestas destacaron por su carácter incómodo y político, especialmente aquellas con una perspectiva femenina.
Voces Femeninas en Resistencia
La artista exiliada afgana Kubra Khademi (Eric Mouchet) presentó uno de los proyectos más impactantes, abordando los derechos de las mujeres bajo el régimen talibán. Su obra, titulada “Pan, trabajo y libertad”, consiste en enormes gouaches sobre papel que retratan a líderes políticas internacionales desnudas, como Angela Merkel, Kamala Harris o Hillary Clinton. Khademi imagina una utopía feminista transnacional donde las mujeres se unen para defender su libertad y dignidad, reinterpretando iconografías históricas y celebrando el amor lésbico como símbolo de un paraíso autosuficiente.
Rescatando el Pasado: Disidencia Artística en los Años 20 y 30
El álbum de dibujos erótico-lésbicos de Victorina Durán, un testimonio excepcional de una sensibilidad artística que desafió las normas sociales de su tiempo, se exhibió junto a una obra monumental de Delhy Tejero, “Mercado de Zamora” (1934).
José de la Mano presentó un estand dedicado a mujeres bajo el título “Espacios de disidencia”, destacando a la barcelonesa Amèlia Riera con sus “objetos crueles”, esculturas realizadas a partir de maniquíes intervenidos que cuestionan los arquetipos tradicionales de feminidad, y al dúo valenciano Equipo Límite, formado por Cari Roig y Cuqui Guillén, que reivindican la libertad sexual y creativa desde el humor y la ironía.
El Control de la Información y la Violencia Política
Concha Jerez (Freijo), pionera del arte conceptual español, analizó los mecanismos de control de la información en “Evolución de dos textos”, reproduciendo fragmentos de una noticia sobre la muerte de doce presos en un incendio en la cárcel de Alcalá de Henares durante el franquismo, interviniéndolos con bloques de tinta negra que autocensuran el texto y evidencian los silencios del poder.
María Ruído (Rosa Santos), a través de fotomontajes, performances y el ensayo audiovisual “La fábrica y el sexo”, analizó la relación entre pornografía, política y poder visual, examinando cómo el porno ha pasado de fenómeno contracultural a engranaje de un sistema visual hegemónico bajo lógicas de consumo y poniendo el foco en las trabajadoras del sector.
Agustina Woodgate (Barro) abordó las condiciones de trabajo en su instalación “National Times”, un sistema de relojes analógicos que borran lentamente los números de sus propias esferas a medida que avanzan, simbolizando un sistema productivo que continúa funcionando incluso mientras sus propias coordenadas se desintegran.
La artista kurda Zehra Doğan (Prometeo), encarcelada en Turquía en 2016 tras denunciar la represión contra el pueblo kurdo, mostró figuras femeninas combativas pintadas sobre alfombras kurdas, tejidos cargados de memoria donde el cuerpo se mezcla con símbolos de resistencia. Glenda León (Max Estrella) ofreció una reparación simbólica a los conflictos identitarios y religiosos en “El papel de la fe”, reuniendo páginas recicladas de cinco textos sagrados en un mismo volumen.
Narrativas del Exilio y la Memoria
Harlan Levey propuso un diálogo entre Sheida Soleimani y Ria Verhaeghe, donde las imágenes son archivo político. Soleimani, hija de refugiados iraníes, construye complejos ‘tableaux’ fotográficos que entrelazan memoria familiar, geopolítica del petróleo y narrativas de exilio. Verhaeghe desarrolla un archivo de imágenes extraídas de periódicos internacionales que reorganiza el fotoperiodismo como un atlas emocional de la historia reciente.
Gabriela Carmona (Aninat) presentó máscaras textiles negras hechas con prendas femeninas usadas, que funcionan como espacios simbólicos para contener el duelo y los miedos, y piezas cosidas con ropa donada que incorporan testimonios como el de Ana González de Recabarren, activista chilena cuyo marido y dos hijos fueron desaparecidos durante la dictadura de Pinochet.
Seba Calfuqueo (W—galería), artista trans mapuche, exploró las tensiones entre identidad indígena, género y memoria a través de esculturas, cerámicas y pinturas que dialogan con archivos coloniales.
El pelo aparece en varias de sus piezas como elemento fundamental, cargado de significado biológico, cultural y político.
Terry Holiday (Memoria), figura fundamental de la contracultura mexicana y del activismo trans, recreó su camerino como un espacio performativo donde maquillaje, vestuario y gesto funcionan como tecnologías de construcción del yo. Sus ‘patchworks’ textiles entrañan historias de traición y dolor, sin olvidar la alegría.
El Cuerpo como Campo de Batalla y Resistencia
Muchas de las propuestas más incisivas de la feria giran en torno al cuerpo: disciplinado por el poder y borrado por la historia, pero también el cuerpo que resiste, lucha, se afirma y se reinventa, celebrando cada pequeño avance hacia la libertad.













