
RESCATANDO LA SABIDURÍA ANCESTRAL: LA TEORÍA DE LOS HUMORES Y SU RELEVANCIA ACTUAL EN LA SALUD
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Una teoría médica con más de dos mil años de historia está resurgiendo como un enfoque valioso para comprender la salud. Originaria de la antigua Grecia, esta doctrina postula que el bienestar humano depende del equilibrio de cuatro fluidos esenciales: sangre, bilis amarilla, flema y bilis negra. La enfermedad, según esta perspectiva, es simplemente el resultado de un desequilibrio interno entre estos componentes.
Un Enfoque Holístico y Personalizado
A diferencia de la medicina convencional, que a menudo divide el cuerpo en áreas separadas, la teoría de los humores adopta una visión holística. Considera la enfermedad como un “desajuste de todo el organismo” en lugar de un evento aislado.
Por lo tanto, es crucial evaluar a cada individuo de manera integral, teniendo en cuenta su entorno y estilo de vida. Este principio fundamental está siendo recuperado por la medicina integrativa y la medicina funcional.
Los Temperamentos y la Susceptibilidad a la Enfermedad
Esta antigua corriente de pensamiento también vinculaba los humores con la personalidad, estableciendo cuatro temperamentos dominantes: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico. Esta clasificación se basa en la premisa de que cada persona tiene una predisposición innata que la define. Una implicación directa es que no todos enferman de la misma manera, ya que “un flemático no va a enfermar igual que un colérico”.
Este concepto subraya que “el terreno del individuo importa muchísimo”.
Una misma agresión externa, como el frío, actuará de forma diferente en cada persona. De aquí surge la necesidad de una medicina personalizada y enfocada en el paciente, una idea que la medicina natural actual tiene muy en cuenta.
Métodos de Tratamiento Basados en el Equilibrio
Para corregir los desequilibrios, los métodos se basaban en la lógica de los opuestos. Un exceso de calor se trataba enfriando, como demuestran los baños en agua que se va enfriando progresivamente para bajar la fiebre. Por el contrario, ante el frío en las extremidades, se aplicaba calor con remedios tan sencillos como una bolsa de agua caliente.
Asimismo, los problemas derivados de la humedad, como ciertas dolencias osteoarticulares, se aliviaban buscando ambientes secos, lo que explica la tradicional recomendación de “cambiar de aires”.
Si el problema era la sequedad, la solución pasaba por hidratar y humidificar el ambiente, por ejemplo, con el uso de un humidificador.
La Importancia de la Prevención y la Visión Integral
Las enseñanzas de esta teoría siguen vigentes y apuntan a que la prevención es muy importante, entendida no como un diagnóstico precoz, sino como las acciones para evitar la enfermedad. La lección principal es la necesidad de vernos “como un todo”, donde factores como el entorno pueden bajar las defensas y hacernos más vulnerables a las patologías.













