
Lecciones de vida de cinco abuelas para estudiantes en Noia
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En el Colegio María Assumpta de Noia, un evento especial conmemoró el Día Internacional de la Mujer. No se trataba solo de la presencia de periodistas, sino de la llegada de las protagonistas: cinco abuelas que ofrecieron a los estudiantes de la ESO una valiosa lección de historia y de vida.
Un encuentro intergeneracional
Los estudiantes de oratoria de 3º de la ESO organizaron un encuentro en el que Sinda, Carmen, Mari Carmen, Carmen y Maruja, abuelas de alumnos, compartieron sus historias de vida. Estas mujeres transmitieron una lección magistral sobre el esfuerzo, el trabajo y los derechos conquistados por las mujeres en los últimos 50 años.
Sus vivencias contrastan fuertemente con la realidad actual de los jóvenes. Sinda confesó haberse casado “muy joven, con 20 años, algo que hoy no haría”, y tuvo su primera hija a los 21.
“Es una responsabilidad muy grande con veintiún años, una vida, un proyecto”, reflexionó. Mari Carmen confirmó esta experiencia común: “Me casé con 21 años y a los 26 ya había tenido tres hijos”.
El trabajo desde la infancia
Para estas mujeres, el trabajo fue una constante desde la niñez. Mari Carmen comenzó a trabajar a los 14 años como mariscadora, tras dejar el colegio para cuidar a sus hermanos gemelos y ayudar en casa. Maruja dejó los estudios aún antes, a los 10 años.
“Me casé con 17 años, tuve una nena con 19, fui a Alemania, trabajé duro…”, recordó sobre su vida de sacrificio.
Consejos para las nuevas generaciones
El mensaje principal de estas mujeres es unánime: hay que aprovechar las oportunidades que ellas no tuvieron. “Que estudien, que se preparen”, insistió Mari Carmen, explicando que apenas pudieron terminar los estudios primarios. “No tuvimos la oportunidad de estudiar”, lamentó.
Una de las Carmen añadió la importancia de los valores: “Que sean responsables, honestos y que respeten”. Otra Carmen reivindicó la felicidad que siempre encontró en el trabajo físico en el campo.
“Soy la mujer más feliz de la parroquia de Reis”, afirmó con orgullo, explicando que sigue trabajando la tierra.
Maruja relató la dureza de otros tiempos, recordando que “antes no había Cáritas para ir a buscar un kilo de arroz”. Su testimonio fue directo: “El que quería comer, tenía que trabajar”. Recordó cómo su padre cavaba en el monte en pleno invierno y ella, siendo una niña, le ayudaba mientras él comía para poder cultivar el trigo.
Un legado de esfuerzo y felicidad
A pesar de las dificultades, todas coinciden en que fueron felices trabajando y lo son ahora al recordar el pasado.
La mesa redonda organizada por los estudiantes se convirtió en un valioso testimonio de que el camino hacia la igualdad y la conquista de derechos no ha sido fácil para las mujeres, y que el progreso actual se ha construido sobre el esfuerzo de generaciones como ellas, un ejemplo de resiliencia y vitalidad.













