
Cruzada internacional: EEUU e Israel impulsan guerras interconectadas
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Estados Unidos e Israel están impulsando una cruzada internacional que involucra varias guerras vinculadas entre sí, generando una escalada de tensión en Oriente Próximo y contribuyendo a una impunidad global cada vez mayor.
El ataque a Irán y la búsqueda de hegemonía regional
El gobierno israelí, liderado por Benjamín Netanyahu, ha buscado durante mucho tiempo un ataque contra Irán, justificándolo con argumentos similares a los utilizados en 1967 durante la invasión de Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio. Israel busca debilitar o incluso colapsar a Irán para reforzar su hegemonía regional y consolidar su anexión ilegal de territorios palestinos y sirios.
Israel necesita un escenario regional de enfrentamiento y caos, ya que es en la guerra donde ha conseguido lo que el derecho internacional le niega: territorio ajeno, robo de recursos naturales y normalización de la segregación contra la población palestina, calificada como “segregación” por la Corte Internacional de Justicia.
La organización de derechos humanos israelí B’Tselem ha alertado sobre la posibilidad de que Israel aproveche los ataques contra Irán para expandir aún más su limpieza étnica de palestinos en Cisjordania. El ejército israelí ha bloqueado Gaza y cerrado gran parte de sus checkpoints en Cisjordania, mientras que grupos de colonos han intensificado sus ataques. Expertos de Naciones Unidas también han denunciado que Israel está alterando la composición demográfica y el estatus legal de Jerusalén, en actos que constituyen una limpieza étnica.
El papel de EEUU y la UE en la escalada
EEUU e Israel son responsables de la escalada en Oriente Próximo, con ataques ilegales que ponen en peligro la estabilidad en la región y amplían la impunidad global. Esta situación podría haberse evitado si hubiera habido una respuesta contundente contra el genocidio israelí por parte de sus mayores socios. Washington y varias potencias europeas han facilitado las matanzas de palestinos, el apartheid israelí y la ocupación ilegal durante décadas.
La postura de la Unión Europea, con acuerdos preferenciales con Tel Aviv, también ha contribuido a la situación actual. A pesar de la petición de la Corte Internacional de Justicia de suspender relaciones comerciales y de inversión que contribuyan a la situación de los Territorios Ocupados Palestinos, Bruselas mantiene su Acuerdo de Asociación y sus alianzas con Israel.
Reino Unido, Francia y Alemania respaldaron a Estados Unidos e Israel en sus ataques ilegales contra Irán, y Washington pudo usar sus bases militares en varios países europeos. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo alertó sobre el aumento del gasto militar demandado por la OTAN, que refleja un alejamiento de una cultura que promueva la paz a través de la cooperación, el diálogo y el respeto al derecho internacional.
En 2024, mientras Israel avanzaba en su proyecto de genocidio y los aliados europeos mantenían sus relaciones habituales con Tel Aviv, Israel bombardeó la embajada de Irán en Damasco. EEUU, Reino Unido y Francia usaron su poder de veto para evitar una condena en la ONU contra ese ataque ilegal, y la mayoría de los gobiernos occidentales rehuyeron criticar ese bombardeo israelí.
La Comisión de Investigación designada por Naciones Unidas señala que los Estados del mundo, especialmente los aliados de Tel Aviv, tenían la obligación de prevenir y sancionar el genocidio, pero no lo hicieron. Las líneas rojas se diluyeron y la impunidad se afianzó, dando paso a un nuevo contexto internacional en el que se ha normalizado la ley de la fuerza, en detrimento del derecho y de la legalidad internacional.
Guerras interconectadas y el belicismo creciente
El belicismo se abre camino en este escenario. La prolongación de la guerra de Ucrania ha hecho que la UE sea más dependiente de Estados Unidos, lo que ha provocado un aumento de la inflación y del gasto militar en detrimento de las inversiones sociales. La Unión Europea no se movilizó políticamente para exigir a EEUU e Israel la paralización de los crímenes contra la Franja de Gaza, a pesar de ser el primer socio comercial de Israel y un gran comprador de armamento israelí.
Varios países europeos proporcionaron material o ayuda militar a Israel, como Reino Unido, que ha aportado armamento, información de inteligencia y apoyo al Ejército israelí. La base militar británica situada en Chipre, la RAF Akrotiri, fue clave para vigilar y recopilar información de inteligencia durante el genocidio en Gaza.
Francia, Grecia y Reino Unido han anunciado el envío de fragatas y aviones de combate para reforzar la seguridad de ese enclave militar en Chipre. Italia, Países Bajos y España también han anunciado envíos de fragatas al Mediterráneo Oriental con el mismo objetivo.
El nuevo (des)orden mundial
El nuevo (des)orden mundial está marcado por la represión y el control coercitivo. Para defender el genocidio israelí, el Gobierno laborista de Reino Unido ha impulsado un retroceso en derechos y libertades, con arrestos, multas, encarcelamientos e incluso acusaciones de terrorismo contra pacifistas que se manifiestan contra las matanzas en Gaza. Esta represión también se aplica en otros países occidentales, como EEUU o Alemania.
En el marco actual, son penalizadas, perseguidas, estigmatizadas o tergiversadas las voces que alertan de los peligros de la normalización de la escalada bélica. Bruselas insiste en sus alianzas primordiales con Washington, situándose en el bloque internacional que legitima acciones colonialistas, bombardeos ilegales y crímenes internacionales. En este escenario se inscriben las guerras de EEUU e Israel en nombre de Dios y de la libertad.












