
La guerra privada: Plutócratas y la negación de la democracia
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La guerra, una constante en la historia, se presenta hoy más que nunca como un conflicto privado y tiránico, impulsado por plutócratas que ignoran las normas de convivencia global. Se trata de una confrontación que desafía el derecho internacional, las instituciones multilaterales e incluso la Constitución de los Estados Unidos, representando una negación de la democracia.
Financiación pública, beneficios privados
A diferencia de las guerras financiadas por generales romanos con fondos propios, los conflictos actuales se sufragan con dinero público. Sin embargo, comparten un denominador común: el beneficio de minorías plutocráticas, representadas por las grandes multinacionales de armamento, energía, petróleo, gas y construcción. El ejemplo de Gaza es paradigmático.
Como en toda contienda, no faltan los roles más deplorables: los lacayos y los cipayos, aquellos que se ponen del lado del enemigo del pueblo y de su propia patria. Al igual que existen los tontos del pueblo, la guerra también tiene los suyos. Sin ellos, dóciles, sometidos y serviles, las guerras serían más difíciles.
El papel de los serviles: Aznar y Feijóo
El caso de José María Aznar y, por extensión, de su protegido Núñez Feijóo, es un claro ejemplo. Ignorando todo y asimilando toda clase de mentiras, Aznar involucró a su país en una guerra inútil que solo trajo dolor, muerte y el abuso de matones con botas. Aún no ha pedido perdón por aquella mentira primigenia, siendo el único de aquella inmoral foto de las Azores.
Se creyó importante por una foto con las botas encima de la mesa de su cortijero cuando era, a lo sumo, manijero o gañán. Luego, sin pudor, se mostró asimilado con un acento tejano que ni siquiera tenía su jefe después de tantas décadas viviendo en Texas. Es el destino de los mediocres, pero muy peligroso: no hay nada peor que un mono con una escopeta.
La guerra: un fracaso para la democracia
Ir a la guerra siempre es un fracaso para la democracia, aunque no para aquellos que se benefician económicamente de ella. Las guerras evaden las reglas, aunque los partidarios del “Sí a la guerra” pretendan vestirse de demócratas mientras las eluden y nunca estén dispuestos a rendir cuentas. Y no es ningún secreto, en la propia propaganda de las partes se difunden sus logros o cantan victoria en una estrategia comercial televisada, por supuesto en la oscuridad cuando se trata de mostrar a los muertos; otro deje antidemocrático.
En la guerra actual, los privados se alían con los serviles, los “proxies”, como se les llama sin pudor. Surge la pregunta de si la Unión Europea puede servir para algo más que para dar dividendos al gran negocio de la muerte, en lugar de contribuir a la paz como se esperaba en el ilusionante proyecto de integración política.













