Cómo la forma en que pones la mesa puede ayudarte a comer mejor

Cómo la forma en que pones la mesa puede ayudarte a comer mejor
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Cómo la forma en que pones la mesa puede ayudarte a comer mejor

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La manera en que disponemos la mesa, desde los platos y cubiertos hasta el mantel e incluso los colores del comedor, ejerce una influencia notable en cómo percibimos los sabores y nuestro apetito. Contrario a lo que podríamos pensar, no siempre decidimos conscientemente qué comer; factores externos como anuncios, recuerdos o la compañía de amigos pueden influir en nuestras elecciones y cantidades.

La disposición de la mesa es un factor clave. No es lo mismo comer con cubiertos de plástico directamente de una lata frente al refrigerador que utilizar un mantel de tela, platos de porcelana y copas de cristal. Esta diferencia no es solo una cuestión de etiqueta, sino que tiene un impacto real en nuestra experiencia alimentaria.

El impacto del color, la forma y el tamaño de los platos

Los restaurantes son conscientes del poder del color en la vajilla. Tradicionalmente, asociamos ciertos colores con sabores específicos: el rojo con lo dulce o picante, el verde con la acidez o el amargor. Esta programación cerebral influye en la experiencia gustativa, realzándola o disminuyéndola.

Un estudio reveló que el color del plato puede alterar significativamente la cantidad de energía que ingerimos. Mujeres que comieron pasta con salsa de tomate en platos rojos o negros consumieron alrededor de 1100 kcal, mientras que las que usaron platos blancos se quedaron en 945 kcal.

Otro estudio demostró que los alimentos servidos en platos de colores vivos se perciben como más caros y sabrosos, mientras que los platos blancos parecen más tradicionales y aburridos. También se comprobó el efecto del tamaño y la forma de los platos: los platos grandes afectan la percepción de la cantidad de comida, haciendo que una ración parezca más pequeña.

Comer en platos pequeños puede ayudar a controlar la ingesta. Esto se debe a que nuestro cerebro predice la saciedad a partir de las imágenes. Si la ración de comida parece más pequeña, se produce menos saciedad y es más probable que comamos entre horas.

Este fenómeno se relaciona con la ilusión de Delboeuf, que explica cómo percibimos el tamaño de un círculo (la comida) en relación con otro círculo concéntrico que lo rodea (el plato). Una misma cantidad de alimento parece más pequeña en un plato de borde ancho y más abundante en un plato de borde fino o sin borde.

Una investigación publicada en la revista Flavour reveló que el sabor percibido de un alimento, como una tarta de queso, se modifica al cambiar los platos. Los participantes calificaron el pastel como más dulce e intenso cuando se servía en platos redondos y blancos, mientras que otros atributos, como la percepción de calidad, se vieron potenciados en platos negros y cuadrados.

El atrezo de la comida: mantel, servilleta y cubiertos

La escenografía completa de la comida, que incluye la mesa, los utensilios, el mantel y las servilletas, también influye en nuestro comportamiento alimentario. Los restaurantes explotan este conocimiento a su favor.

Los colores cálidos sobre la mesa estimulan el apetito. Tonos como el rojo, el naranja y el amarillo despiertan el apetito y predisponen a la ingesta. Por el contrario, los tonos fríos como el azul promueven la calma y no suelen asociarse con la abundancia de comida.

El material de los cubiertos también interactúa con nuestro sentido del gusto. Un estudio comparó la reacción de las personas al comer yogur con una cuchara de plástico o una de acero, y los participantes prefirieron la de acero. Los cubiertos más pesados y con diseños atractivos también hacían que los comensales percibieran la comida como más sabrosa.

El comedor: el escenario de la comida

Un restaurante elegante tiene luces bajas, colores neutros y materiales como madera o textiles, mientras que un bar de carretera nos recibe con luces fluorescentes, suelos de baldosas y mesas laminadas.

La iluminación juega un papel importante en la experiencia de la comida. La luz tenue y cálida invita a comer más despacio, mientras que la luz blanca y brillante de los establecimientos de comida rápida acelera el ritmo de la comida.

Un estudio señala que la luz azulada puede cambiar la respuesta metabólica del organismo a la comida y aumentar el pico de glucosa después de comer, aunque otros ensayos sugieren que la luz azul puede reducir el apetito.

Recomendaciones para poner la mesa

  • Para comer menos, usa platos pequeños y de color blanco. Para impresionar a las visitas, opta por platos grandes de colores oscuros.
  • Los manteles y servilletas de colores cálidos (rojos y anaranjados) abren el apetito, mientras que los colores fríos (azul) lo calman.
  • Los cubiertos de metal y más pesados hacen que la comida parezca más elaborada y sabrosa, ideales para cenas con amigos.
  • La iluminación tenue y cálida favorece una digestión más lenta y una respuesta de glucosa más estable, perfecta para la cena. La luz fría invita a comer rápido y puede provocar una subida de azúcar más pronunciada, útil por la mañana.