Los Obispos Españoles Alertan sobre el “Bombardeo Emocional” en Grupos Religiosos

Los Obispos Españoles Alertan sobre el "Bombardeo Emocional" en Grupos Religiosos
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Los Obispos Españoles Alertan sobre el "Bombardeo Emocional" en Grupos Religiosos

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La Conferencia Episcopal Española ha expresado su preocupación por el auge de experiencias “emotivistas” dentro de la Iglesia, advirtiendo sobre los riesgos de manipulación y “abuso espiritual” que pueden surgir en este contexto.

El auge del “catolicismo cool” y sus riesgos

Más allá de modas pasajeras o fenómenos mediáticos, la Iglesia ha puesto el foco en movimientos como Hakuna, Emaús y los cursos Alpha. Estas iniciativas, caracterizadas por su énfasis en las emociones, podrían estar afectando a la “generación Z”. En un documento titulado “Cor ad cor loquitur”, los obispos condenan el “bombardeo emocional” presente en estas experiencias, que en algunos casos extremos, puede derivar en “abuso espiritual”.

Si bien reconocen un “renacer en la fe” detrás de estos fenómenos y los consideran “un soplo de aire fresco”, los obispos alertan sobre el peligro de un “reduccionismo ’emotivista’ de la fe”. Según la Conferencia Episcopal, esto podría llevar a las personas a convertirse en “consumidores de experiencias de impacto” y en “buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual”.

Retiros de impacto y conversiones repentinas

Los obispos señalan especialmente los llamados “retiros de impacto” (Effetá, Emaús, Bartimeo), donde en un fin de semana se viven experiencias intensas de fe que pueden desembocar en conversiones y, en los casos más extremos, en ingresos casi inmediatos en conventos o seminarios.

Ante esta situación, advierten sobre la necesidad de “regular y discernir las emociones”, ya que estas pueden convertirse en “un obstáculo para el crecimiento espiritual”. Esto podría llevar a “una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad”.

La nota episcopal destaca que el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento y a lo placentera que pueda resultar, especialmente cuando se trata de experiencias compartidas.

Los obispos constatan que “muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo cual podría considerarse una forma de ‘abuso espiritual’”.

Recuerdan casos recientes, como el de las exmonjas de Belorado o las controversias en torno a Hakuna, donde el descontrol sobre las estructuras de estos grupos los convierte en “iglesias paralelas”.

Presión emocional y falsos misticismos

Los abusos, advierten los obispos, pueden manifestarse en forma de “presión emocional del grupo”, que “hace que los individuos se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia”. Incluso, “a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (‘falso misticismo’) que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral”.

Subrayan que “una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros”.

Advierten que, como sucede con las adicciones, la pertenencia a estos grupos puede generar “síndromes de abstinencia”. Del emotivismo a la ansiedad, que lleva a la redefinición de las prioridades, o a que determinadas celebraciones sean más importantes que ‘la’ celebración, y que la pertenencia a un grupo se coloque por encima de la adscripción a la Iglesia diocesana. En ocasiones, la confrontación del grupo y de sus dinámicas sectarias con la autoridad eclesiástica hace estallar el conflicto, provocando daños colaterales en muchos jóvenes.

Frente a ello, los obispos reclaman que estos grupos “sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes” para poder integrarse en la Iglesia, y no funcionar como realidades paralelas.

En una sociedad donde el emotivismo es constante, los obispos buscan frenar iniciativas que se les estaban escapando de las manos y recuerdan la importancia de discernir y regular las emociones en el camino de la fe.