
La Doctrina Begin: ¿Una Excusa para Atacar Irán?
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Si bien es sabido que Israel posee armamento nuclear, la doctrina Begin ha sido un pilar de su política regional. Esta doctrina se centra en impedir que países vecinos considerados hostiles desarrollen programas nucleares.
El caso más reciente es el de Irán. Tel Aviv ha acusado a Teherán de buscar armas nucleares, utilizando esta acusación para justificar acciones militares, como asesinatos selectivos de científicos, sabotajes y la guerra que estalló el 28 de febrero de 2026, en la que también participa Estados Unidos.
Sin embargo, la doctrina Begin podría ser una excusa para lograr la rendición o derrota total de Irán, consolidando la hegemonía israelí en Oriente Medio con apoyo estadounidense. La guerra no solo se centra en el programa nuclear, sino también en una lógica de poder y competencia estratégica.
La historia de la doctrina Begin tiene precedentes en Irak y Siria, ilustrando una política de Estado israelí extraoficial.
Israel y la Operación Ópera en Irak
En junio de 1981, Irak, bajo el gobierno de Saddam Hussein, había obtenido un reactor nuclear llamado Osirak de Francia. Ubicado en el centro de investigación nuclear de Al Tuwaitha, cerca de Bagdad, científicos iraquíes y franceses trabajaban juntos en las instalaciones. Italia también brindó cooperación técnica en menor medida.
El programa nuclear iraquí y las operaciones del reactor Osirak tenían fines pacíficos y estaban bajo supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Irak había firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en 1968.
Israel se preocupó por la cooperación entre Europa e Irak en una materia tan sensible y urgió a Washington a detener la venta del reactor francés Osirak, sin éxito. La diplomacia francesa aseguró a EE. UU. que se habían adoptado medidas preventivas para evitar la producción de armas nucleares con el material enviado.
La información que aseguraba la finalidad pacífica de la infraestructura nuclear iraquí no evitó el ataque israelí. El 7 de junio de 1981, la Fuerza Aérea Israelí (FAI) atacó la instalación nuclear de Al Tuwaitha, matando a 10 científicos iraquíes y un técnico francés. Israel intentó minimizar las bajas occidentales realizando el ataque en domingo, sin darse cuenta de que en un país islámico, los franceses también tenían su día de descanso semanal el viernes.
El mensaje que transmitió Tel Aviv fue inequívoco: no haría distinción entre fines pacíficos y militares, y cualquier intento de desarrollo nuclear en la región, independientemente de su propósito declarado, tendría que enfrentarse a una respuesta preventiva contundente.
La operación Ópera marcó el nacimiento de la doctrina Begin, llamada así por el primer ministro israelí Menachem Begin. El programa nuclear iraquí, poco desarrollado y con fines oficialmente pacíficos, se hallaba bajo estrecha supervisión de actores occidentales.
Israel se justificó alegando que, pese a su fachada exterior, el reactor Osirak estaba diseñado para el desarrollo de una bomba nuclear a la cual apenas le quedaban unos meses para entrar en su fase activa.
Francia y Estados Unidos condenaron oficialmente la acción. Incluso EE. UU. suspendió brevemente el envío de F-16 a Israel. La resolución 487 (1981) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condenó enérgicamente el ataque y pidió a Israel que se abstuviese “en el futuro de cometer actos de esa clase o amenazar con cometerlos”.
El reactor Osirak quedó inoperable, pero la voluntad del gobierno iraquí de desarrollar su programa nuclear permaneció intacta. El régimen baazista trató de desarrollar infraestructura nuclear en secreto, incluyendo planes para la elaboración de bombas nucleares.
La Operación Huerto en Siria
Casi 30 años después, la Operación Huerto se produjo el 6 de septiembre de 2007 en la Siria de Bashar al-Asad. En este caso, el reactor nuclear atacado se llamaba Al-Kibar, ubicado cerca del río Éufrates, en la región de Deir Ezzor al noreste de Siria. Ocho aviones F-15 y F-16, operados por la FAI, lo destruyeron.
El gobierno sirio optó por desarrollar su programa nuclear en secreto, posiblemente influido por el destino del reactor nuclear iraquí de Osirak. La estrecha colaboración de Corea del Norte en la construcción y posible puesta en marcha del reactor contribuyó a la decisión de mantener encubierto el avance de estas capacidades nucleares.
El gobierno sirio, probablemente influido por el destino del reactor nuclear iraquí de Osirak, optó por desarrollar su programa nuclear en secreto.
Ehud Olmert, primer ministro israelí del momento, optó por no reclamar la autoría del ataque. Israel acababa de salir de la Segunda Guerra de Líbano. Tel Aviv no necesitaba otro frente de guerra. Lo que sí necesitaba era abordar la proliferación nuclear en su país vecino.
El oficialismo israelí calculó que, si no reclamaba la autoría, Siria, al tratarse de un programa nuclear secreto, tampoco alzaría la voz. Damasco no protestó para no mostrar debilidad militar. La cuestión no se llevó al Consejo de Seguridad, ni se tomaron represalias; simplemente se construyó encima del lugar del ataque, y la República Árabe Siria siempre negó cualquier tipo de colaboración con Corea del Norte en materia nuclear.
El ataque se interpretó como un aviso dirigido a Irán. En 2018 Israel reconoció formalmente su autoría, movido por el objetivo de presionar a sus aliados para que adoptaran una postura más dura en las negociaciones nucleares con Teherán.
El gobierno israelí no dudó en recurrir al miedo como herramienta de disuasión, recordando que la región de Deir Ezzor cayó posteriormente en manos del Estado Islámico.
La Aplicación de la Doctrina Begin al Caso Iraní
Durante los últimos años se ha especulado sobre la posible aplicación de la doctrina Begin al programa nuclear iraní.
El caso persa presenta una situación paradigmática para Israel, ya que es el más peligroso —esto es, el más avanzado— desde su perspectiva y, a su vez, el más difícil de atacar.
Parte de esta dificultad proviene de la lejanía. Los ataques aéreos israelíes sobre Irán, tanto en 2025 como ahora en 2026, han constituido la segunda operación de mayor alcance de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), solo por detrás de la Operación Pata de Palo, que golpeó la sede de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) establecida en Túnez en 1985.
Este factor geográfico tiene un añadido consistente en la necesidad de sobrevolar el espacio aéreo de terceros países. Sin embargo, ha quedado demostrado que, en el contexto político-militar regional actual, esta circunstancia no supone grandes problemas para la FAI.
Otra parte de las dificultades proviene del conocimiento que el régimen iraní acumula después de más de cuatro décadas de aplicación de la doctrina Begin. Los aprendizajes de las operaciones Ópera y Huerto llevaron a las autoridades iraníes a tomar medidas como esparcir su infraestructura nuclear a lo largo de su territorio para dificultar y mitigar los daños de un ataque. Esto ha obligado a las IDF a atacar diferentes infraestructuras de forma simultánea.
Adicionalmente, se aprovechó la abrupta orografía del país persa y las instalaciones nucleares se construyeron a varios metros bajo tierra, para evitar así los posibles daños derivados de los ataques aéreos israelíes. Ejemplo de ello es la instalación nuclear de Fordow, construida a decenas de metros bajo la superficie.
Los aprendizajes de las operaciones Ópera y Huerto llevaron a las autoridades iraníes a tomar medidas como esparcir su infraestructura nuclear a lo largo de su territorio para dificultar y mitigar los daños de un ataque.
Además de las operaciones de mayor envergadura de la doctrina Begin, son varias las operaciones de inteligencia israelíes que han tratado de torpedear los programas nucleares de terceros países.
El programa nuclear de Irán, debido a la dificultad de llevar a cabo un ataque aéreo, ha sido víctima reiterada de este tipo de operaciones. En 2010 se detectó una sofisticada ciberarma llamada Stuxnet en las instalaciones nucleares de Natanz. El virus, considerado un salto cualitativo en la guerra cibernética, tenía como objetivo sabotear la planta nuclear. Tomó el control de 983 centrifugadoras y las reprogramó para que se autodestruyeran. Se considera que fue una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos.
Las operaciones también han tenido como objetivo la integridad física de los científicos nucleares iraníes. Mohsen Fajrizadeh, importante figura del programa nuclear de Irán, fue emboscado y asesinado en el año 2020.
Durante estos años, la red de infraestructura nuclear iraní registró varias explosiones sospechosas. En 2023, unos drones cuadricópteros oficiosamente atribuidos a Israel atacaron un complejo militar cerca de Isfahán.
A menudo, este tipo de ataques no solo endurecen la voluntad del Estado afectado de alcanzar armamento nuclear, sino que además incrementan el secretismo en torno a sus programas.
La doctrina Begin lleva siendo aplicada a Irán durante muchos años. Sin embargo, las operaciones que la conforman solo tienen capacidad de dilatar el proceso. La destrucción deliberada de capacidades nucleares puede retrasar el avance técnico del régimen atacado, pero también reforzar su determinación de continuar con el desarrollo nuclear en el futuro e incrementar el secretismo en torno a sus programas.
Israel parece entender que la aplicación más eficaz y definitiva de la doctrina Begin no pasa únicamente por destruir infraestructuras, sino por provocar la caída, rendición, capitulación o cambio de régimen del actor político capaz de impulsar de forma sostenida un programa nuclear. En el contexto actual, ese actor es la República Islámica de Irán, y la cuestión nuclear vuelve a emplearse como justificación para el ataque.













