
NUEVA BATALLA CULTURAL EN SANTIAGO: IMPIDEN CAMBIAR EL NOMBRE DE UN COLEGIO
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Una disputa política ha impedido que un colegio en Santiago de Compostela sea renombrado, a pesar del apoyo unánime de la comunidad educativa. Concejales exsocialistas se unieron al Partido Popular para bloquear la propuesta, argumentando que se trata de un ataque a los símbolos de la ciudad.
El centro educativo, actualmente llamado Apóstolo Santiago, iba a ser rebautizado como CEIP da Almáciga, en referencia al monte más elevado de la ciudad y un barrio con historia. La iniciativa, impulsada por la Asociación de Padres y Madres (ANPA), buscaba fortalecer la identificación del colegio con su entorno.
Un nombre con historia
El Apóstolo Santiago, inaugurado en 1954, fue el primer grupo escolar de la ciudad. A este le siguieron otros centros públicos con nombres religiosos, como Cardenal Quiroga Palacios, López Ferreiro, San Clemente o Pío XII. Precisamente, familias del colegio Pío XII están siguiendo de cerca lo ocurrido en la Almáciga, considerando una iniciativa similar.
La propuesta de cambio
La ANPA argumentó que el cambio de nombre permitiría dotar al centro de una identidad educativa acorde con su realidad territorial, cultural y social. Presentaron un informe detallado con argumentos históricos, geográficos, sociológicos y pedagógicos. El Consello Escolar, máximo órgano de gobierno de la comunidad educativa, respaldó la propuesta por unanimidad.
La oposición política
El Partido Popular local, enfrascado en una campaña contra la alcaldesa Goretti Sanmartín (BNG), acusó a la regidora de atacar los símbolos de la ciudad. El portavoz municipal, Borja Verea, consideró que la iniciativa no era simplemente un deseo de la comunidad educativa, sino un ataque a la identidad de Santiago y al Apóstol Santiago.
El fantasma del anticlericalismo
Agitar el fantasma del anticlericalismo contra gobiernos de izquierda es una táctica común en Santiago. En 2015, el entonces alcalde Martiño Noriega (Compostela Aberta) fue criticado por no participar en la ofrenda al Apóstol, aunque el Arzobispado no se mostró especialmente preocupado. Esta situación anticipó campañas similares contra Pedro Sánchez.
Tras la derrota de Noriega en las siguientes elecciones, el exalcalde socialista Sánchez Bugallo regresó al poder, manteniendo una buena relación con la Iglesia y la Xunta del PP. Sin embargo, en las siguientes elecciones, Bugallo quedó segundo tras Sanmartín (BNG) y dimitió. Su partido rechazó un gobierno tripartito con el Bloque y Compostela Aberta, lo que marcó el inicio de la división del PSOE local.
La ofensiva del PP
Tras conocerse la decisión de la comunidad escolar, Verea acusó a la alcaldesa de llevar a cabo un “peligroso proceso de eliminación de todo lo que significa Santiago de Compostela” y llamó a la ciudadanía a “frenar este ataque constante del BNG y Goretti Sanmartín al compostelanismo”.
La prensa de derechas se sumó a la campaña, criticando el cambio de nombre. Una exalumna inició una recogida de firmas, denunciando connotaciones “políticas” en la propuesta y acusando a familias con ideologías independentistas de pretender “borrar cualquier símbolo que no esté alineado con sus creencias”.
El pleno municipal
Tras la aprobación unánime del Consello Escolar, el cambio de nombre necesitaba la luz verde del ayuntamiento y de la Xunta. El conselleiro de Educación, Román Rodríguez, expresó su preocupación por la “neutralidad ideológica” en las aulas y advirtió sobre “ruidos innecesarios” e “intereses ocultos”.
Sin embargo, el pleno municipal rechazó la iniciativa. El director del colegio, Luís Martínez, defendió la propuesta, argumentando la necesidad de ubicar el centro en el barrio y evitar confusiones. Destacó que el colegio no es religioso y que el nuevo nombre permitiría identificarlo como un centro educativo público aconfesional.
BNG, Compostela Aberta y los dos ediles socialistas respaldaron la decisión de la comunidad educativa. Sin embargo, la abstención de los cuatro concejales no adscritos tumbó la propuesta.
La respuesta de la comunidad educativa
Las familias del colegio lamentaron que los concejales del PP y los no adscritos “desautorizaron al órgano democrático y legítimo del colegio” e “ignoraron dos años de participación, diálogo y consenso”.
Verea criticó el tono del comunicado de las familias, argumentando que cuestionar los acuerdos del pleno pone en peligro el funcionamiento de las instituciones democráticas. La ANPA ha convocado una asamblea general para estudiar los próximos pasos a seguir, decididos a continuar la lucha por el cambio de nombre.












