
Rescatando del Olvido: Mujeres Extranjeras que Contaron la Guerra Civil Española
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La periodista Ana R. Cañil rescata en su libro, “Rescatadas del olvido” (Galaxia Gutemberg, 2026), las historias de más de diez mujeres extranjeras cuya vida y obra estuvieron marcadas por su experiencia en España, en un momento en que la Guerra Civil atrajo el interés de numerosas periodistas de todo el mundo.
Algunas llegaron antes del conflicto y tomaron la pluma al estallar la guerra, otras durante, y algunas más, después. Todas tienen en común haber escrito sobre España y ser extranjeras. Ahora, un nuevo elemento las une: su presencia en el libro de Cañil, un ensayo que explora biografías injustamente relegadas en comparación con sus logros.
Enfermeras, intelectuales, políticas, escritoras, periodistas profesionales y otras que ejercieron el periodismo de manera accidental, son mujeres silenciadas por la historia que, a través de las palabras de Cañil, recuperan su voz.
La idea surgió de un programa de radio en la Cadena SER, donde la periodista, antes especializada en economía y ex directora de Informe Semanal, abordaba la vida de figuras extranjeras que habían fijado su mirada en España. “Lourdes Lancho y Montserrat Domínguez me animaron y empecé a buscar mujeres, que se centraban sobre todo en torno a la Guerra Civil y la posguerra. Descubría una y me ponía a perseguir sus pasos”, explica la ensayista. Comenzó con la revolucionaria Nancy Cunard y dejó para el final a Sylvia Plath, pasando por figuras como Nancy Johnstone, Virginia Cowles, Andrée Viollis y Simone Téry.
Dos Periodistas Hoteleras
Nancy Johnstone (1906-1951) escribió dos libros, “Un hotel en la Costa Brava” y “Hotel en guerra”, basados en su experiencia en España y en la evolución de su negocio hotelero durante el conflicto. Casada con el periodista Archie Johnstone en 1931, se mudaron a la Costa Brava tres años después. “Él estaba harto de su trabajo y de los cierres del periódico de madrugada, así que decidieron abrir el hotel en Tosa de Mar”, relata Cañil sobre el que fuera subdirector del News Chronicle.
En Tosa de Mar, la pareja encontró a varios extranjeros que huían de Alemania y Austria ante el avance del nazismo. En 1935, el hotel, diseñado por Fritz Marcus, descendiente de la escuela Bauhaus, abrió sus puertas. “Intentaban atraer a la gente de bien, robar turistas a la Riviera francesa”, apunta la investigadora. En pocos meses, el negocio prosperó. Con el estallido de la guerra un año después, el matrimonio se negó a evacuar en tres ocasiones y transformó el hotel en un refugio. Incluso, varios mandatarios de la Generalitat y del Gobierno central lo eligieron como alojamiento en diferentes momentos.
El segundo libro de Johnstone fue escrito al final de la contienda, cuando el hotel servía como hogar temporal para 40 niños procedentes del frente de Aragón, según Cañil. Aunque nunca creyeron que la guerra les alcanzaría, lo hizo, y lo hizo en retirada. Mientras el matrimonio Jonhstone evacuaba a los niños hacia Francia, las tropas franquistas los acosaban.
Ana R. Cañil relata: “Nancy no llega a entender nunca por qué bombardean con tanto ahínco a niños y gente pobre que camina con lo poco que tiene. Se pregunta por qué gastan tantas bombas”.
Tras una breve estancia en París, se establecieron en México. Nancy había escrito para el News Chronicle sobre los refugiados españoles en los campos de concentración franceses, según Cañil. Tras separarse, Nancy regresó a Tosa en 1947 y 1951, pero la España de Franco no era la que había dejado atrás. Vendió el negocio y se mudó a Guatemala.
La Única Periodista en Ambos Bandos
Virginia Cowles (1910-1983) también vivió la guerra española en primera persona, experiencia que repetiría en la Segunda Guerra Mundial. “Era una señorita pija que escribía en Harpers columnas del corazón y la prensa rosa”, introduce la autora de “Rescatadas del olvido”. Aunque no tenía una gran formación política, Cowles, que era anticomunista, sabía cómo usar sus encantos. “Cuando vio que muchos periodistas pedían su traslado a España para cubrir la guerra, ella también lo hizo, pero se lo denegaron”, precisa Cañil.
Sus contactos con la aristocracia europea le permitieron entrevistar a Benito Mussolini. La experiencia fue tan exitosa que le permitieron viajar a España. “Sus amigos de París le dijeron que fuera disfrazada de miliciana, que le robarían la ropa y las joyas, pero ella decidió llevar sus trajes de lana pura, zapatos de ante, collares…”, describe la especialista.
En el Hotel Florida, hogar temporal de los corresponsales de prensa extranjeros, la recibieron con cierta sorna.
Cañil sostiene que Cowles utilizó todas sus armas de mujer de forma aguerrida y brillante. Llegó a estar “secuestrada” por el general Gal, un comunista que no la dejó apartarse de él durante tres días. “Ahora podrá contar al mundo que un general soviético se ha quedado prendado de usted”, le dijo él antes de su marcha.
Sus crónicas publicadas en medios como el Daily Telegraph, el Sunday Times y los periódicos de la Hearst generaron admiración, aunque pronto la situación se complicaría.
Cowles se enteró de que los comunistas la buscaban, acusada de espionaje, y decidió huir. “Llegó a San Juan de Luz, en Francia, gracias a sus amigos de la aristocracia. Esos contactos le permitieron volver a zona nacional [controlada por el bando sublevado] y convertirse en la única corresponsal que informará desde ambos lados”, explica Cañil.
En su nuevo papel de periodista, visita Salamanca, donde confirma la implicación de Alemania e Italia en la guerra civil española. “Se pregunta por qué franceses e ingleses no ayudan a la República”, dice la ensayista. Cubrió la caída de Santander y supo de primera mano que el horror de Guernica había sido responsabilidad de los golpistas. “También se volvió sospechosa para los franquistas. Salió pitando de España cuando estaban a punto de detenerla”, añade.
De nuevo, sus contactos le permitieron llegar hasta París, donde escribió el libro que se traduciría como “Complicarse la vida”. Para entonces, ya era una demócrata convencida de que España era solo el aperitivo para lo que vendría con la Segunda Guerra Mundial, que también cubrió desde los frentes de Rusia, Alemania, Checoslovaquia, Finlandia y Francia durante 1939 y 1940.
Madre e Hija en el Frente de Guerra
Andrée Viollis (1870-1950) y Simone Téry (1897-1967) fueron militantes antifascistas y feministas que llegaron a España durante la Segunda República. Madre e hija, cuyo marido y padre era Gustave Téry, fundador del periódico comunista L’Œuvre, defendieron la causa republicana con la pluma y con ahínco. Es conocido el pasaje que une a Simone con la revuelta de Asturias de 1934 y la proclamación de la república catalana, cuando estuvo encarcelada varios días.
“Lerroux mandó detenerla por haber escrito mal sobre su gobierno”, explica Cañil, a raíz de un reportaje que no le gustó sobre la breve revolución asturiana.
Su madre, desde Francia, reclamó su liberación en embajadas. La liberaron y la deportaron al país vecino. Madre e hija retornaron a España en diferentes momentos a partir de 1936, cuando Viollis, la segunda mujer en cursar estudios en la Universidad de La Sorbona, tenía ya 66 años.
Viollis viajó a España unas cuatro veces hasta 1938, para informar sobre la guerra en medios como L’Humanité y Regards. “Sus reportajes son increíbles, acompañados de buenísimas fotografías. Retrata la muerte, la dignidad de las mujeres de negro. No entiende por qué el gobierno socialista francés no apoya a la República”, explica la antigua periodista.
Simone era mucho más aguerrida que su madre, tanto en la palabra escrita como en la acción. Ambas trabajaron por separado, aunque en algunos momentos compartieron tiempo y espacio en España: “Era una militante comunista, compañera y amiga de Margarita Nelken, quienes escriben unas crónicas muy militantes”. Se casó con el intelectual Joan Chabás, miembro de la Generación del 27, con quien terminó viviendo en México. Se separaron y Simone volvió a Francia. Nunca dejó de escribir.













