
Testimonio de un oncólogo en el 11-M: "Orgullo de cómo funcionó todo en una situación de caos
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En el vigésimo segundo aniversario de los atentados del 11 de marzo de 2004, Jose Blanco, médico oncólogo del Hospital Valdecilla de Santander, rememora su experiencia en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid durante aquella jornada trágica. Un día que, según sus palabras, dejó una huella imborrable marcada por el caos inicial y un profundo orgullo por la respuesta colectiva.
Blanco recuerda que, mientras se dirigía a su trabajo alrededor de las 8:00 horas, notó una actividad inusual.
“Algo no era normal”, percibió, al observar la gran cantidad de sirenas y la tensión palpable en el autobús. Al llegar al hospital, la magnitud de la tragedia se hizo evidente: ambulancias, taxis y coches particulares llegaban constantemente, transportando heridos y personas ensangrentadas.
Una vez dentro del hospital, el personal se movilizó rápidamente para prepararse ante la emergencia.
Aunque el servicio de Oncología no estuvo en primera línea, Blanco se dirigió a Urgencias y quedó profundamente impactado por lo que presenció. Destaca “una coordinación como yo no he visto en la vida” y un sentimiento de “orgullo de qué bien funciona esto en una situación de urgencia y de caos que nadie había previsto”, gracias a la dedicación de todo el personal del hospital.
El médico también abordó el impacto psicológico que la situación tuvo en sus compañeros.
“No nos preparan, por mucho que nos formen a nivel teórico sobre estas cosas, no te preparan a nivel práctico”, afirmó, señalando que muchos sanitarios necesitaron tratamiento para superar el trauma, no solo por las heridas físicas, sino por el impacto emocional de atender a víctimas de un atentado.
A pesar del horror vivido, cuando se le pregunta por la imagen que más le impactó de aquel día, Blanco no duda en recordar “un taxista sacando a una persona sangrando de su coche y llevándolo, acompañándolo, entrando por la puerta de Urgencias”. Para él, este acto anónimo resume la increíble respuesta de la sociedad ante la barbarie.
Veintidós años después, lo que perdura en la memoria de José Blanco es “un sentimiento superpositivo” de la respuesta colectiva.
“Lo que me queda es un sentimiento positivo en cuanto a la solidaridad y ayuda incondicional de todo el mundo”, concluye, subrayando la importancia de “pensar en los demás y no en uno mismo” en los momentos más críticos.













