Un planeta helado: la sal como factor clave en las glaciaciones

Un planeta helado: la sal como factor clave en las glaciaciones
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

Un planeta helado: la sal como factor clave en las glaciaciones

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

La historia climática de la Tierra incluye períodos en los que extensas regiones experimentaron cambios drásticos, pasando de temperaturas elevadas a un frío extremo capaz de cubrirlo todo de hielo. Estos eventos transformaron la superficie del planeta, con zonas que hoy son cálidas quedando bajo capas heladas.

En estos intervalos, tanto mares como continentes quedaron sometidos a condiciones gélidas durante largos periodos. Esto plantea interrogantes sobre los mecanismos que pudieron llevar al planeta a estados tan extremos.

Un nuevo estudio sobre las glaciaciones

Un reciente estudio publicado en la revista científica *Climate of the Past* sugiere que la acumulación de sal sobre el hielo oceánico pudo haber intensificado el enfriamiento durante las fases iniciales de una glaciación global. El estudio describe un mecanismo físico que, al ser añadido a un modelo climático, reveló cambios significativos en la evolución del sistema.

Los investigadores señalan que “nuestros resultados sugieren que la precipitación de sal pudo influir en el clima temprano de esos episodios de congelación global”, actuando como un impulso adicional en un planeta que ya estaba perdiendo temperatura.

Este proceso se inicia cuando el agua marina se convierte en hielo. Al congelarse, la sal disuelta en el agua es expulsada, aunque una parte queda atrapada en pequeñas bolsas de líquido muy concentrado.

Cuando las temperaturas descienden a niveles extremos, este líquido se cristaliza, dejando depósitos sólidos sobre la superficie helada. Si vastas áreas del océano permanecen cubiertas de hielo expuesto al aire, este proceso puede extenderse por enormes superficies.

Otro fenómeno físico que interviene es la sublimación, donde el hielo pasa directamente al estado de vapor sin convertirse en líquido. A medida que la superficie helada pierde masa por este proceso, las sales atrapadas permanecen sobre el hielo en forma de cristales claros, formando una capa que refleja gran parte de la radiación solar y reduce la energía disponible para calentar el suelo o el mar.

La sal prolonga la fase gélida

Para evaluar la magnitud de este efecto, un equipo de la UiT, The Arctic University of Norway, incorporó este mecanismo en un modelo climático. Las simulaciones mostraron que, una vez iniciado el proceso, el enfriamiento se intensificaba rápidamente.

Los autores indican que “el mecanismo introduce dos estados posibles de congelación global en el modelo, uno con acumulación de cristales de sal y otro sin ellos”. El escenario con depósitos salinos resultó ser mucho más frío que el que solo tenía hielo ordinario.

El modelo también reveló que este estado helado sería más difícil de revertir. La presencia de sal en la superficie elevaba la temperatura necesaria para iniciar el deshielo, lo que implicaba que el planeta podría quedar atrapado durante más tiempo en una situación extremadamente fría antes de comenzar la recuperación.

Evidencias en rocas ecuatoriales

Las evidencias de eventos similares se encuentran en rocas antiguas halladas cerca del ecuador. Estos materiales muestran señales típicas de antiguos glaciares, a pesar de estar en latitudes que hoy presentan climas cálidos. Esto sugiere que, entre 720 y 635 millones de años atrás, grandes masas de hielo se extendieron desde los polos hasta regiones tropicales.

Durante años, la explicación principal se basó en la reflexión de la luz solar por el hielo. Las superficies claras reflejan una gran parte de la radiación solar, reduciendo el calentamiento del planeta. A medida que el hielo se extiende, aumenta esta reflexión y la temperatura sigue bajando, alimentando nuevas expansiones del hielo.

El nuevo estudio no contradice esta explicación, sino que añade un proceso adicional que podría haber actuado simultáneamente. Los autores sugieren que los depósitos de sal sobre el hielo podrían haber intensificado el enfriamiento en la etapa inicial del proceso.

Comprender estos detalles ayuda a explicar por qué el planeta alcanzó estados tan extremos durante el Neoproterozoico y cómo pequeños procesos físicos pueden alterar el equilibrio climático global.