
La presidenta de la Comisión Europea acumula tropiezos en la gestión y resbalones políticos que ponen en duda su papel al frente del Ejecutivo comunitario cuando la situación geopolítica necesita de un claro protagonismo de la Europa del derecho internacional, la cooperación y el multilateralismo
El cisma provocado en la UE obliga a Von der Leyen a recular: “Siempre defenderemos los principios de la ONU y el derecho internacional”
2026 está siendo un año muy amargo para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. Aunque nunca un ejecutivo comunitario había tenido tantos comisarios conservadores, la gestión de la política alemana en su segunda legislatura se está llenando de errores y fracasos. Este miércoles, como colofón a un salto inesperado que ponía patas arriba los principios fundamentales de la Unión Europea, Von der Leyen tuvo que rectificar y dar un paso atrás en su propuesta de relegar el sistema basado en reglas y el derecho internacional como ejes de la política exterior comunitaria.
No ha sido el único resbalón de la presidenta de la Comisión en este primer trimestre, que aún tiene empantanados el acuerdo con Mercosur y el préstamo para apoyar a Ucrania o ha provocado el enfado de los países miembros con actuaciones complacientes con el presidente Donald Trump.
Von der Leyen ha perdido el norte en su intento de adecuarse a las exigencias de Friedrich Merz, el canciller alemán, compatriota y compañero de partido (CDU). Merz pretende que Alemania recupere la antigua posición en la UE que le permitía dirigir la política comunitaria y ser el socio comercial preferente de EEUU para abandonar la atonía que azota la economía alemana. El problema es que Merz entiende que la vía para recuperar esa condición pasa por agradar al presidente Trump en su desordenada y vacilante política exterior. El canciller alemán llegó a decir que “no era el momento de dar lecciones a socios y aliados” sobre el derecho internacional, cuando el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que los bombardeos sobre Irán por parte de EEUU e Israel eran contrarios al derecho internacional, una postura que luego han seguido los líderes de países como Francia e Italia.
Solo así se puede explicar que Von der Leyen haya hecho este viaje de ida y vuelta sobre la política exterior de la UE en solo tres días. Los golpes en la mesa fueron contundentes. Primero, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, refutó todo su discurso con una contundente defensa de una política exterior multilateral, de los principios consagrados en la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Teresa Ribera, avisó de su discrepancia con Von der Leyen con la advertencia de que es “muy peligroso entrar en un debate que parece cuestionar el derecho internacional”.
Los diplomáticos de los 27 Estados miembros mostraban su desconcierto por las palabras de la presidenta del Ejecutivo comunitario, a la que acusaron de asumir unas competencias que no le corresponden, mientras un grupo de miembros de equipos consulares avisó de las consecuencias que está política podría tener para Ucrania.
Los europarlamentarios socialdemócratas, liberales y de la izquierda mostraron el rechazo a las palabras de la presidenta de la Comisión. Un rumor se elevó entre los pasillos de las instituciones europeas alrededor de una posible moción de censura con visos de prosperar, una vez que incluso algunos eurodiputados del Partido Popular Europeo (PPE) –el grupo de Von der Leyen– mostraron sus dudas de apoyar a una jefa del Ejecutivo que ponía en duda los tratados de la Unión.
Este jueves, en el hemiciclo de la Eurocámara, la soledad de Von der Leyen quedaba patente.
Abandonada por los eurodiputados de su grupo parlamentario: ni siquiera asistió al pleno el líder el PPE, Manfred Weber, ya que es uno de los principales enemigos internos de la política alemana. La presidenta de la Comisión Europea se desdecía de sus palabras en una marcha atrás que no evitó que la mayoría de la Eurocámara le vapuleara en una veintena de intervenciones.
Polémica por la Junta de paz de Trump
No ha sido el único traspié de Von der Leyen. Los ánimos estaban ya bastante calientes por otras actuaciones que ha protagonizado.
Solo hace 20 días la presidenta de la Comisión abría un cisma en la UE al mandar una comisaria a la inauguración de la Junta de Paz de Trump, pese a que Costa anunció que la UE no iba a participar. La decisión fue contestada por la mayoría de Estados miembros de la UE, ya que no avisó a los países, teniendo en cuenta que Von der Leyen carece del mandato necesario para actuar de esta manera unilateral ante una maniobra de Trump que podría infringir la legalidad internacional. Aunque este movimiento quedó en nada, fue la precuela del discurso contra el derecho internacional que ha hecho sonar todas las alarmas en la UE.
Silencio con Venezuela, tardanza con Groenlandia
Ya a principios de año comenzaron los problemas por la falta de contundencia de la presidenta de la Comisión Europea ante las actuaciones de Trump.
¿Dónde está la Unión Europea? Era la pregunta recurrente ante la respuesta tibia de la Comisión frente a las violaciones del derecho internacional y las amenazas del presidente de EEUU. A pesar de los discursos de Ursula Von der Leyen de convertir a la UE en un jugador de primera en el escenario global, la realidad es que Bruselas se quedó medio muda ante la operación del secuestro del presidente de Venezuela y las pretensiones anexionistas de un territorio perteneciente a un miembro de la UE, Groenlandia.
Mientras el silencio se mantuvo sobre Venezuela, solo tras las amenazas de Trump de aplicar aranceles a los países europeos que decidieron mandar tropas a Groenlandia como apoyo a Dinamarca, hubo una respuesta contundente por parte de la Comisión Europea, que finalmente acabó por frenar, de momento, las obsesiones anexionistas del presidente de EEUU por el territorio danés.
Sin préstamo a Ucrania ni nuevas sanciones a Rusia
Tampoco ha tenido suerte Von der Leyen en el cuarto aniversario de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. La Unión Europea sigue buscando su lugar para tener un peso decisivo en el final del conflicto. Europa está siendo ignorada por Washington, salvo para la compra de armamento de empresas estadounidenses, y es despreciada por Vladímir Putin. Entre otras cosas, la Comisión Europea no es capaz de sacar adelante las propuestas estrellas que había planteado este año.
Aunque Merz y Von der Leyen aseguraron que la única vía para financiar a Ucrania era la utilización de los activos congelados rusos, tuvieron que dar su brazo a torcer ante la negativa de Bélgica y lanzarse a por un préstamo de 90.000 millones apoyado en la deuda comunitaria. Sin embargo, el veto de la Hungría del ultranacionalista Viktor Orbán ha dejado tanto ese préstamo como el vigésimo paquete de sanciones sin aprobación definitiva. Hace dos semanas que Von der Leyen subrayó que el “préstamo del puercoespín de acero” para Ucrania saldría adelante, aunque todavía no hay fecha concreta para su ratificación.
El caos del acuerdo comercial con Mercosur
El devenir del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur (Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay) ha sido otro dolor de cabeza para Von der Leyen.
Tras 25 años de negociaciones, poco después de la firma por los responsables políticos de la UE y los cuatro países que forman Mercosur el pasado 17 de enero, el acuerdo comercial se quedaba en un limbo legal tras una votación del Parlamento Europeo que lo mandaba al Tribunal de Justicia de la UE para que analice si cumple los tratados de la UE. Entonces, representantes de varios países acusaron a la presidenta de la Comisión de no haber trabajado suficiente para conseguir el voto de europarlamentarios, incluso dentro del PPE, que inclinaron la balanza para tumbar temporalmente el tratado comercial.
A finales de febrero, Von der Leyen, arrastrada por las exigencias de Merz, anunciaba la aplicación provisional del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur, una vez que tanto Argentina como Uruguay lo habían ratificado en sus respectivas cámaras parlamentarias. Este movimiento ha provocado un fuerte malestar institucional con el Parlamento Europeo y las protestas de los europarlamentarios, que veían en el movimiento de la presidenta de la Comisión un paso antidemocrático.
Inmiscuirse en las políticas energéticas nacionales
Otro resbalón esta semana ha sido la posición de Von der Leyen en defensa de la energía nuclear, ya que se ha inmiscuido en las políticas energéticas de los países miembros. La presidenta de la Comisión apuntó: “La reducción en la participación de la nuclear fue una elección; creo que fue un error estratégico para Europa darle la espalda a una fuente confiable y asequible de energía baja en emisiones”. La vicepresidenta de la Comisión Teresa Ribera salió al quite recordando que “no puede intervenir en la política energética” de los países miembros. “Mientras formé parte del Gobierno de España, no podía decirle al Gobierno francés qué hacer o qué no hacer.
Y ocurre exactamente lo mismo como miembro de la Comisión Europea”, sentenció Ribera.
Paradójicamente, la puntilla le ha llegado de su compatriota Merz. El canciller alemán ha recordado que los anteriores Gobiernos federales habían decidido abandonar progresivamente la energía nuclear y que revertir esa decisión ya no era posible. La última central nuclear en Alemania se cerró en 2023.
“Lo lamento, pero así son las cosas, y ahora nos estamos concentrando en la política energética que tenemos”, admitió Merz.
No hay que olvidar que el Gobierno alemán está formado por una coalición de conservadores junto a los socialistas del SPD. El ministro de Medio Ambiente, Carsten Schneider (SPD), mantuvo su posición contraria a la energía nuclear, ya que “si una tecnología arriesgada sigue dependiendo del apoyo estatal después de tres cuartos de siglo, y desde hace tiempo existen mejores alternativas, entonces deben sacarse consecuencias”.
El mundo volátil, lleno de violencia e incertidumbre que tratan de consolidar a su antojo Trump y Putin están desarbolando el papel de la presidenta de la Comisión Europea.
2026 no está siendo el año que soñó Von der Leyen. Estamos en el mes de marzo.













