
“Hemos tenido que luchar por cada prueba, por cada revisión, por cada diagnóstico. Hemos tenido que cuestionar decisiones médicas una y otra vez. Y eso desgasta, rompe, mina la confianza en el sistema público que siempre hemos defendido”
Las primeras enfermeras que acudieron a Adamuz: “Lo que nuestras retinas vieron, para nosotras queda”
El pasado 18 de enero, Aarón, un joven onubense de 20 años, era uno de los pasajeros del Alvia que terminó volcado tras el choque con el Iryo en Adamuz. De aquel accidente han quedado muchos datos, peleas políticas y decenas de informes, pero la madre de Aarón, Carmen, no quiere que el caso de su hijo quede en el olvido, y por eso ha escrito una carta abierta al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, a la que ha contestado en su nombre el consejero de Sanidad, Antonio Sanz.
En su carta se resume el rosario de médicos que su hijo visitó durante dos semanas tras la tragedia, con fuertes dolores que siempre le achacaron a una rotura de costillas, hasta que un radiólogo dio con la clave: aplastamiento de columna.
Carmen asegura en sus redes sociales que escribe a Juanma Moreno “como madre”. “No desde la rabia, aunque la haya. No desde el reproche vacío.
Le escribo desde el dolor profundo, desde la impotencia y desde el agotamiento de una familia que solo ha pedido algo muy simple: que cuiden bien de su hijo”, escribe en la carta, adelantada en El Libre. Recuerda que la noche del accidente, Aarón fue trasladado al Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba donde, “entendiendo el colapso del momento, únicamente le realizaron radiografías de tórax y pelvis”. Fue diagnosticado de fractura de ambas clavículas y derivado a su hospital de referencia en Huelva, el Juan Ramón Jiménez.
El primer paciente que llegó al hospital de Huelva
Si en el Reina Sofía había colapso, en Huelva no era así.
Fueron los primeros afectados del accidente en llegar a ese hospital. “Pensamos que allí continuarían con un estudio completo acorde a un traumatismo de tal magnitud. Pero no fue así. Se repitieron únicamente las mismas radiografías.
Insistimos en que tenía golpes en la cabeza, dolor en la mandíbula, dolor generalizado en todo el cuerpo. Su vagón había sufrido un impacto y volcado. Aun así, no consideraron necesarias más pruebas”.
El día 19 ingresó para ser intervenido de ambas clavículas.
Tras la operación, “comentamos el fuerte dolor de espalda y la inflamación facial con dolor mandibular. Nos dijeron que el dolor de espalda se debía a dos costillas rotas y no se solicitó ninguna prueba adicional. Fue dado de alta”. Pero en casa los dolores eran insoportables y volvieron a Urgencias.
Esther, hermana de Carmen, cita que solo la insistencia de un radiólogo y el empecinamiento de la familia hizo posible un diagnóstico real, porque “mientras le hacían una radiografía de espalda, el personal de rayos nos dijo que si el médico decía que no había fractura, insistiéramos”. Fue premonitorio. Con las placas en pantalla, el médico de guardia insistía en que no había fractura, así que la propia familia le tuvo que decir que mirase bien la pantalla. Como se temían, Aarón tenía fractura con acuñamiento vertebral.
Un TAC posterior confirmó fractura y aplastamiento vertebral. Pero ahí no acabó la odisea.
“Nos enviaron a casa andando, sin indicaciones de reposo absoluto, sin advertirnos del riesgo de que ponerse de pie pudiera agravar la lesión. Durante 15 días mi hijo estuvo levantándose para ir al baño o ducharse, sin saber que podía estar comprometiendo su lesión”.
Aarón ingresó de nuevo para ser operado, pero el día previsto no pudo operarse por falta de anestesista. Cuando el traumatólogo que finalmente lo intervino lo visitó, “lo primero que nos dijo fue: ni un pie en el suelo. Nadie nos había advertido antes”. Fue intervenido con fijación desde la vértebra 7 hasta la 12. Tiene 50 puntos en la espalda, placas y tornillos.
Tras la cirugía, “el propio médico nos informó de que el TAC inicial no estaba bien informado y que las vértebras afectadas no eran las que se habían comunicado previamente. Otro error más”.
La familia siguió insistiendo en el dolor de mandíbula y rodilla. “Se prometieron pruebas que no se realizaron.
Incluso intentaron darle el alta con dolores insoportables, con rescates analgésicos cada hora y media, recién operado de la columna y con costillas fracturadas. Las radiografías posteriores dijeron que no había fractura mandibular”.
Pero la familia no se conformó, y acudió a la sanidad privada. Un especialista maxilofacial, mediante ortopantomografía y TAC, confirmó fractura de mandíbula.
“Mi hijo llevaba desde el 18 de enero con la mandíbula rota sin que nadie en la sanidad pública se hubiera percatado. Una fractura que debería haberse intervenido hacía más de un mes. Ahora esperamos una resonancia de rodilla, también solicitada por nuestro seguro privado, porque nuevamente en la sanidad pública no consideraron oportunas más pruebas”.
“Señor Moreno, ¿es esto justo?”
Carmen pregunta a Juanma Moreno si es justo “para un joven de 20 años que ha sobrevivido a un accidente de tal magnitud tener que mendigar pruebas diagnósticas, para una familia vivir con el miedo constante de qué será lo próximo que no hayan visto o que una madre tenga que confiar más en su intuición que en el sistema sanitario que debería proteger a su hijo”, y le lanza una pregunta final: “Si fuera su hijo, ¿se conformaría con lo ocurrido?
¿Se sentiría tranquilo sabiendo que durante semanas nadie detectó fracturas vertebrales y mandibulares tras un accidente de tren?”.
La tía de Aarón confirma que Juanma Moreno no les ha contestado de forma alguna, pero sí el consejero Antonio Sanz, aunque se muestra decepcionada con la respuesta. Cree que la carta en redes sociales llegó a sus oídos, y el pasado viernes, antes de una reunión de la familia con el director del hospital y algunos médicos, les telefoneó, “pero, por decirlo de alguna forma, no fue una conversación muy amena, porque puso en duda las lesiones de mi sobrino”.
Esther cita que el consejero había accedido a información del expediente de Aarón.
Desde la Junta de Andalucía se indica a elDiario.es Andalucía que Sanz no accedió a información sensible sino solo a lo básico para poder hablar con la familia. No se entra a valorar la actuación de los médicos en este caso.
La tía del joven dice que lo peor que ve ella en él es su estado de ánimo, porque “cada vez que va al médico le sacan una cosa nueva, y eso es difícil de llevar para alguien tan joven”, y recalca que si su hermana no hubiese insistido al médico con lo que le dijo el radiólogo, su sobrino seguiría sin ser operado de la espalda.
El caso de Aarón ha sido puesto en manos de un bufete de abogados onubense.
La familia quiere saber qué ha pasado y delimitar responsabilidades, de forma similar a cómo termina la carta de la madre en las redes sociales: “Esperando que esta carta no quede en el silencio y que sirva para mejorar lo que claramente ha fallado”.













