¿Cuándo debes desechar tus zapatillas de correr?

¿Cuándo debes desechar tus zapatillas de correr?
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¿Cuándo debes desechar tus zapatillas de correr?

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Aunque las zapatillas se han convertido en un calzado común, para los corredores son una herramienta esencial para mantenerse en forma y la primera línea de defensa contra las lesiones. Sin embargo, no son eternas, y correr con zapatillas viejas puede causar problemas en los pies y las articulaciones.

La sensación de estrenar zapatillas es inigualable, con una amortiguación suave que hace sentir que se corre sobre algodones. Pero con el tiempo, esta sensación se pierde, se notan más las irregularidades del suelo y el impacto de cada pisada parece más fuerte. Si se prolonga demasiado el uso, las zapatillas viejas pueden dañar los pies.

El deterioro de las zapatillas

Las zapatillas de correr modernas son una obra de ingeniería diseñada para absorber y disipar grandes fuerzas. Cada zancada genera un impacto equivalente a varias veces el peso corporal del corredor. La zapatilla actúa como amortiguador y muelle gracias a una combinación inteligente de materiales.

La mediasuela, fabricada generalmente con materiales como EVA o poliuretano, proporciona la amortiguación y el control del movimiento, siendo el corazón de la zapatilla y la parte que absorbe la mayor parte del impacto. La suela exterior, de caucho más duro y resistente, proporciona la tracción necesaria y protege la mediasuela de la abrasión. El empeine sujeta el pie de forma segura, evitando deslizamientos internos.

Sin embargo, este sistema de amortiguación y protección no dura para siempre. El podólogo Carlos Arcas Lorente de la Clínica del Pie Embajadores explica que los materiales de la zapatilla se fatigan y pierden propiedades, fundamentalmente la amortiguación y la estabilización. Esto puede provocar problemas como tarsalgias, fracturas por estrés, fascitis plantar o tendinopatías.

La fatiga de los materiales es la causa principal de este deterioro. La espuma de la suela se fabrica con agentes espumantes que crean pequeñas burbujas de nitrógeno. Con cada impacto, estas burbujas se comprimen y pierden gas, reduciendo su volumen y elasticidad. Este proceso es inevitable y afecta la capacidad de recuperación de la espuma, volviéndola más plana y rígida.

Cuando el calzado no puede absorber el impacto, no solo sufren los pies, sino también los tobillos, las rodillas, las caderas e incluso la zona lumbar. Los ajustes que el cuerpo se ve obligado a hacer pueden llevar al síndrome de la banda iliotibial o las periostitis tibiales.

¿Cuándo es el momento de cambiar las zapatillas?

No hay una respuesta única, ya que depende de factores como el peso del corredor, la superficie por la que corre o el tipo de zapatilla. Sin embargo, la American Podiatric Medical Association (APMA) y los podólogos recomiendan cambiar las zapatillas de correr entre los 500 y los 800 kilómetros. Para un corredor promedio que entrena tres o cuatro veces por semana, esto puede traducirse en un período de entre tres y seis meses.

Además de la distancia, Arcas recomienda controlar el tiempo. Si la zapatilla tiene más de un año, también se recomienda el cambio, ya que los materiales pierden sus propiedades con los cambios de temperatura.

Señales de deterioro

Más allá de los números, es importante prestar atención a las señales visuales de deterioro. Si la suela está completamente lisa o se ve la capa inferior, es una clara indicación de que han perdido tracción y capacidad de amortiguación. Si la mediasuela se siente más dura y sin recorrido al presionarla, la espuma ha llegado al final de su vida útil. Lo mismo ocurre si el empeine tiene desgarros o deformaciones.

No todas las zapatillas envejecen al mismo ritmo. Las zapatillas con una mediasuela de EVA más mullida tienden a perder propiedades más rápidamente que las que utilizan poliuretano (PU), un material más denso y duradero. Los nuevos modelos de alta gama incorporan espuma PEBA, un material ligero y muy resistente conocido como “superespuma”.

Arcas subraya que cada zapatilla se adapta a un tipo de pisada, por lo que no hay recomendaciones generales. Por ello, los podólogos recomiendan realizar un análisis de la pisada para determinar cómo es, qué riesgos puede tener y realizar las recomendaciones pertinentes.

La aparición de dolores y molestias nuevas e injustificadas es una señal de alarma. Al igual que ocurre con los colchones o las almohadas, es importante jubilar las zapatillas a tiempo para evitar que los materiales deteriorados afecten la salud. El gasto se verá compensado con creces en bienestar.