
MARIANA DE ALLSOPP Y LA LUCHA CONTRA LA EXPLOTACIÓN FEMENINA LLEGAN AL CINE
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La inspiradora historia de Mariana de Allsopp y la fundación de las Hermanas Trinitarias ha sido llevada a la gran pantalla, narrando sus orígenes y su incansable lucha contra la explotación de la mujer en el siglo XIX. Según la hermana Belén Berjillo, superiora general de la congregación, la película no es simplemente un relato de época, sino un espejo de una realidad que, lamentablemente, persiste en la sociedad actual.
Un reflejo histórico de la opresión femenina
La película presenta con crudeza la vida de Mariana de Allsopp, una joven mexicana que, al llegar a Madrid con sus hermanas, se enfrentó a la dura realidad de la opresión y explotación que sufrían las mujeres. Su respuesta no fue la indiferencia, sino la acción, convirtiéndose en cofundadora de las Hermanas Trinitarias junto a Francisco de Asís Méndez.
Desde su nacimiento, la congregación se ha dedicado a brindar apoyo a las víctimas de la trata y la explotación, transformando sus vidas a través de la acogida, la educación y el amor. Un carisma fundacional que, como subraya la hermana Belén Berjillo, sigue siendo tan relevante hoy como lo fue en el pasado.
Un sueño hecho realidad
Para la congregación, la realización de esta película ha sido “un sueño hecho realidad”.
La idea surgió al buscar una forma de conmemorar el centenario de la muerte del fundador. Lo que comenzó como un sueño ambicioso, ahora es una realidad que se proyecta en la gran pantalla.
Este proyecto ha significado una profunda renovación del carisma y un impulso para continuar su invaluable labor. Según Berjillo, es imperativo seguir apostando por este carisma, acompañando a mujeres y jóvenes que enfrentan situaciones de soledad y vulnerabilidad. La película, entregada simbólicamente al Santo Padre, se ha convertido en un regalo para la Iglesia y la sociedad, invitando a la reflexión y a la concienciación sobre esta problemática.
La trata de personas: un problema actual
Aunque la historia se desarrolle en el siglo XIX, la problemática que aborda sigue siendo alarmantemente vigente.
La trata de personas con fines de explotación sexual es una de las formas más comunes de este delito en Europa y España. En España, durante 2024, se identificaron 632 víctimas de trata y explotación sexual, incluyendo 16 menores de edad. El perfil predominante es el de mujeres, en un 98%, principalmente de origen latinoamericano, de países como Colombia y Venezuela, que llegan engañadas con falsas promesas de trabajo.
En respuesta a esta situación, las fuerzas de seguridad han llevado a cabo numerosas investigaciones, resultando en la detención de cientos de personas y la desarticulación de organizaciones criminales. A pesar de una ligera disminución en las detenciones, el número de víctimas ha aumentado en comparación con el año anterior.
Un enfoque humano y compasivo
El trabajo de las Trinitarias se centra en acoger, cuidar y acompañar a las víctimas, sin juzgar su pasado.
Se guían por el lema de su fundadora, Mariana Allsopp: “No importa lo que han sido, sino lo que estas jóvenes pueden llegar a ser”. El proceso de sanación es complejo, y lo más difícil es lograr que las mujeres se reconozcan como valiosas y acepten la ayuda que se les ofrece.
Para las hermanas, cada mujer es “tierra sagrada”. Este enfoque les permite conectar con ellas desde la humanidad y la compasión, recordándoles que son amadas y acompañándolas en cada paso de su camino hacia la superación y la reintegración en la sociedad.
Un amplio espectro de acción
La labor de la congregación abarca desde la prevención hasta la rehabilitación.
En España, gestionan casas de acogida para mujeres víctimas de violencia, centros de menores, centros sociales para inmigrantes y colaboran en la pastoral penitenciaria. También administran residencias para universitarias en Madrid, una evolución de las antiguas casas para jóvenes que llegaban de zonas rurales a trabajar, donde acompañan las nuevas pobrezas del siglo XXI, como la soledad, los trastornos alimenticios o las crisis de identidad.
Esta “cultura del acompañamiento” se extiende a todos los ámbitos, demostrando que una mirada de amor tiene el poder de transformar vidas, y que la falta de afecto y escucha puede ser la raíz de muchas decisiones erróneas. El mensaje final es de esperanza: la sanación es posible.













