La agresividad en las gradas infantiles: Un problema creciente en el deporte base

La agresividad en las gradas infantiles: Un problema creciente en el deporte base
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La agresividad en las gradas infantiles: Un problema creciente en el deporte base

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La violencia verbal y las discusiones en las gradas durante las competiciones deportivas infantiles han aumentado, especialmente desde la pandemia. Esta situación, protagonizada a menudo por los propios padres, afecta negativamente a los niños y ha impulsado a las instituciones deportivas a tomar medidas para protegerlos y salvaguardar el propósito educativo del deporte.

La Federación de Baloncesto de Madrid toma cartas en el asunto

Ante esta escalada de tensión, la Federación de Baloncesto de Madrid (FBM) ha implementado un plan de acción. Borja Castejón, director técnico de la federación, explica que se ha creado una “comisión de conducta” encargada de investigar y aplicar sanciones deportivas a los clubes y padres que exhiban un comportamiento inapropiado. “Todo lo que se ve en las gradas, repercute en el juego de los niños”, enfatiza Castejón, resaltando la conexión directa entre la actitud de los padres y el bienestar de los jugadores en la cancha.

Campaña de Concienciación: “El respeto no entiende de colores”

Una de las iniciativas más destacadas es la campaña de concienciación “El respeto no entiende de colores”.

Este lema, seleccionado a través de un concurso infantil, busca fomentar un ambiente positivo en los pabellones. El objetivo principal es recordar a los padres que su papel es disfrutar y permitir que sus hijos disfruten del baloncesto, según indica el directivo de la FBM.

En los casos más graves y reiterados, la federación ha optado por celebrar partidos a puerta cerrada. Esta medida, aunque drástica, busca proteger a los menores del ambiente tóxico generado por los adultos. “Si no conseguimos que los padres cuiden su comportamiento, vamos a lo más importante, que son los niños: que jueguen y que se olviden de los padres”, afirma Castejón.

Frustración y Proyección: Las raíces del problema

Expertos señalan que detrás de estos comportamientos se esconde la frustración de los padres.

Castejón explica que es común que los padres proyecten en sus hijos los éxitos que ellos no lograron en su momento. Esta presión se manifiesta en nerviosismo, quejas constantes y una exigencia excesiva hacia los niños. Algunos analistas incluso sugieren que ciertos padres ven en el éxito deportivo de sus hijos una “salida económica” para la familia.

El impacto de esta actitud es significativo. Los niños, durante el partido, buscan la aprobación de sus padres en la grada.

Una mala cara, un gesto de decepción ante un error o un grito al árbitro son interpretados por el menor como una desilusión. En lugar de una escuela de valores, el deporte se convierte en un entorno de “contravalores” donde el niño aprende a protestar, a sentirse incómodo en la cancha y a experimentar una presión que le impide disfrutar del juego.

Roles Claros: Padres Animadores, Entrenadores Técnicos

Los roles en el deporte están bien definidos. El papel de los padres en la grada es animar, mientras que la labor técnica corresponde al entrenador, quien es el profesional. Confundir estas funciones puede ser perjudicial para el niño.

Por ello, desde los clubes y federaciones se insiste en respetar la figura del técnico.

El consejo de los expertos es unánime: el foco debe estar en el disfrute y el esfuerzo, no en el resultado. La primera pregunta después de un partido no debería ser “¿cuántos puntos has metido?”, sino “¿te lo has pasado bien?”. Borja Castejón recomienda a los padres de las selecciones de la FBM no hablar de baloncesto al salir del partido o del entrenamiento: “Pregúntale qué tal estás, pero cosas sacándoles un poco del contexto del baloncesto”, aconseja. Se trata de liberar al niño de la presión del resultado y del análisis constante de su rendimiento.

Construyendo la Confianza: Mensajes Positivos y Oportunidades de Aprendizaje

Este enfoque busca fortalecer la autoconfianza del menor.

Incluso ante los errores, el mensaje debe ser constructivo. “Hay que siempre plasmar en positivo todas las cosas que le digas”, insiste Castejón. Un fallo no es un fracaso, sino una oportunidad de aprendizaje. Como resume el director técnico, la clave está en cambiar la perspectiva: “No es que has fallado, sino que has tirado un montón de veces.

Si no tiras, no metes”. En definitiva, el objetivo es que los niños asocien el deporte a la diversión, el crecimiento personal y los hábitos saludables.