
Del centro comercial al VIPS: El ocio que marcó tu juventud según tu origen
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El ocio juvenil ha sido históricamente un reflejo de la época, el lugar de nacimiento y la clase social. Desde las gasolineras donde los jóvenes se reunían para ver coches tuneados hasta los centros comerciales convertidos en puntos de encuentro, los espacios de socialización han jugado un papel crucial en la formación de la identidad juvenil.
La segregación lúdica: un reflejo de la desigualdad social
Carles Feixa, catedrático de Antropología Social, señala que la segregación residencial y escolar se replica en el ámbito del ocio. Las familias con mayor capital económico y cultural ofrecen a sus hijos opciones más diversas, mientras que la clase trabajadora y los jóvenes de origen migrante se ven limitados al ocio comercial o a actividades no reguladas como los botellones.
Laura Bosch, de YMCA, destaca que la desigualdad en el acceso al ocio es una manifestación más de la desigualdad estructural. La falta de recursos económicos limita las opciones de actividades deportivas, idiomas, música o viajes.
Los espacios de ocio como forjadores de identidad
Descampados, plazas, parques, cines, centros comerciales… Estos espacios han sido testigos de la formación de la identidad juvenil durante décadas. La apropiación de estos lugares ha sido una forma de vinculación con la ciudad y una estrategia de emancipación parcial, al representar un espacio intermedio entre la familia y las instituciones, según Feixa.
El auge y caída de los centros comerciales
Los centros comerciales se convirtieron en puntos de encuentro para jóvenes, ofreciendo un ecosistema relativamente seguro, aunque supeditado al consumo. En ciudades como Vigo, Coslada, Málaga o Madrid, los centros comerciales eran el lugar de referencia para pasar la tarde y socializar.
En el centro de Madrid, los VIPS se erigieron como un fenómeno sociológico propio, aunque inaccesible para jóvenes con pocos recursos. Esta cadena ofrecía un espacio de encuentro, además de libros y revistas, convirtiéndose en un símbolo generacional.
El declive de los espacios físicos y el auge del mundo digital
En la actualidad, Internet se ha convertido en el “centro comercial” para los jóvenes. Sin embargo, el ámbito digital no está separado del presencial y puede ser un refugio ante la creciente marginalización del ocio nocturno. El problema radica en la falta de espacios físicos donde los adolescentes puedan interactuar y socializar.
La creciente privatización de espacios ha reducido aún más los lugares accesibles y seguros para la juventud. Las políticas urbanas, a menudo “adultocéntricas”, no tienen en cuenta las necesidades de los jóvenes, lo que ha generado una mayor desigualdad en el acceso a espacios de socialización y la expulsión de la juventud hacia las periferias urbanas.













