
La guerra de EEUU e Israel contra Irán fractura a la extrema derecha europea
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La agresión militar y sus consecuencias para Europa han generado divisiones en una familia política que hasta ahora se mostraba mayoritariamente alineada con Trump.
La declaración de la dirección del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) tras el inicio del conflicto entre Donald Trump y Benjamin Netanyahu reflejó la preocupación por los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán. En el comunicado, AfD instó a la moderación de todas las partes, la protección de la población civil y el respeto al derecho internacional.
La publicación en la plataforma X por parte del grupo parlamentario de AfD en el Bundestag generó una serie de comentarios que evidenciaron cómo la guerra está dividiendo el espacio ideológico de la ultraderecha alemana. Las críticas provenían de perfiles pertenecientes al espectro ideológico cercano a AfD, quienes cuestionaron la postura del partido en un contexto de guerra apoyada por el canciller conservador Friedrich Merz y con posibles consecuencias económicas para Alemania.
AfD y el ‘trumpismo’
La condena de la guerra contra Irán por parte de la presidencia conjunta de AfD, conformada por Alice Weidel y Tino Chrupalla, destaca aún más debido a la estrecha relación entre el partido alemán y el *trumpismo*. El vicepresidente de EEUU, JD Vance, pronunció un discurso el año pasado en la Conferencia de Seguridad de Múnich que fue interpretado como un respaldo a Alternativa para Alemania. Miembros de AfD han elogiado las redadas antimigratorias de ICE en EEUU.
Según el periodista alemán Nils Schniederjann, especializado en ultraderecha, la división en política exterior dentro de AfD es resultado de albergar dos visiones geopolíticas incompatibles: una orientada hacia EEUU y el proyecto civilizatorio occidental, y otra que rechaza a EEUU como potencia hegemónica y busca una Europa geopolíticamente independiente, a menudo en línea con intereses rusos.
Tensiones en la familia ultra
Esta tensión dentro de AfD se extiende a la familia política ultraderechista europea. La guerra contra Irán genera un cisma con tres posiciones principales: los indecisos, los que apoyan la guerra y los que se oponen.
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha mantenido silencio, evitando apoyar o condenar los ataques contra Irán. Orbán se encuentra en plena campaña electoral y la guerra llega en un momento delicado.
El líder ultraderechista francés Jordan Bardella ha intentado mantener un equilibrio, centrándose en el impacto económico negativo de la guerra para los ciudadanos franceses.
Entre las voces que apoyan la agresión contra Irán se encuentran Vox y Reform UK, de Nigel Farage. Santiago Abascal, de Vox, expresó su esperanza en la caída de la República Islámica y criticó al Gobierno español por no permitir el uso de bases militares a EEUU. Farage ha atacado al primer ministro británico por poner en peligro la “relación especial” con EEUU.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, encabeza la facción más crítica con la agresión. Aunque inicialmente su gobierno justificó los ataques, Meloni declaró que Italia no está en guerra ni quiere entrar en ella, reconociendo que el ataque está “fuera del derecho internacional”.
Estas declaraciones sitúan a Meloni más cerca de Pedro Sánchez que de Santiago Abascal en la cuestión iraní, un síntoma de las contradicciones a las que se enfrentan los líderes de la ultraderecha europea, alineados en el pasado con el movimiento MAGA de Trump, y que ahora ven cómo ello les puede afectar por las consecuencias de la guerra contra Irán.












