
Fiscal española indaga el pasado de su tío, un coronel vinculado a la dictadura argentina
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La vida a veces presenta paradojas inesperadas, entrelazando los destinos de verdugos y víctimas de maneras sorprendentes. Esto es lo que han experimentado el poeta argentino Julián Axat y Alexandra García Tabernero, fiscal en la Audiencia Provincial de Barcelona.
Axat perdió a sus padres, desaparecidos el 12 de abril de 1977 en La Plata, secuestrados cerca de la Jefatura donde trabajaba el tío de García Tabernero, Reinaldo, un coronel del ejército que fue subjefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires. Reinaldo fue investigado por crímenes cometidos durante la dictadura de Videla en la Comisaría Quinta de La Plata, un centro clandestino de detención.
Casi medio siglo después, Axat firma el prólogo de ‘Carta al coronel’ (Debate), el libro en el que García Tabernero narra cómo descubrió la conexión de su familia con la dictadura argentina. “La paradoja era bestial: descubro que tengo un vínculo de sangre con alguien investigado por crímenes de lesa humanidad… y yo soy fiscal y he perseguido esos mismos delitos”, confiesa.
La búsqueda de la verdad
Cuando García Tabernero confirmó el parentesco, supo que su tío había fallecido en prisión preventiva en 2007, antes de que el juicio pudiera determinar su culpabilidad o inocencia.
“Él no llega a defenderse en un juicio, a dar su versión, a aportar sus pruebas. No se puede hablar de genocida o torturador porque en ningún caso le llega una condena en vida”, explica. Tampoco encontró testimonios que lo señalaran como autor material de un delito concreto. “Parece ser que lo que la Fiscalía le atribuía era una posición de control sobre la policía cuando se ejecutaban estos actos, no una autoría directa inmediata.
Pero siempre me va a quedar esa incertidumbre”.
En 2025, García Tabernero viajó a Argentina para iniciar una “búsqueda identitaria”, no solo de la historia personal de su tío, sino también de parte de la historia colectiva del país. Quería entender el cargo que ocupó y lo que se le atribuía. Se reunió con archivos públicos y conoció a víctimas de aquella época: torturados, un bebé apropiado, una víctima de agresión sexual, familiares de desaparecidos y la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo.
“También hablo con militares retirados para tener una imagen completa de lo que se vivió. Y acabo obteniendo más testimonios vivos que documentos.
Por eso les doy en la carta tanto espacio. Es el justo reconocimiento a quienes sufrieron en esa época y también gracias a los cuales le puedo contar a mi tío: ‘He estado en tu país y y me han trasladado esto en primera persona. ¿Qué tienes que decir? ¿Qué sabías?
¿Qué papel tuviste en todo esto?’”.
El impacto de los testimonios
La fiscal tuvo que seleccionar casos representativos, pero uno la impactó especialmente: en la Comisaría Quinta de La Plata, una joven detenida de 17 años dio a luz atada de pies y manos. Días después, los policías se llevaron al bebé diciendo que “el coronel quería conocerlo”. García Tabernero tuvo que salir a respirar. “No se llegó a saber qué coronel fue, pero la mera duda me destrozó”.
Aunque no pudo hablar con esa joven, sí lo hizo con muchas otras víctimas.
En ningún caso sintió que su interés se interpretara como una forma de reabrir heridas, a diferencia de la relación que España mantiene con su propio pasado dictatorial. “Crecí con la idea de que hablar de la dictadura era reabrir heridas”, indica. Para la fiscal, esa diferencia refleja dos formas distintas de afrontar la memoria.
García Tabernero no esperaba que su interés generara sentimientos restitutivos, pero lo hizo. “Hubo personas que me dijeron que ser escuchadas tenía un efecto terapéutico, aunque fuera tantos años después”, recuerda.
Axat también lo sintió al conocer el propósito de la fiscal.
La publicación del libro ha tenido un gran impacto. “Julián publicó una reseña en ‘El cohete a la Luna’. Hubo argentinos que lo leyeron ahí y avisaron a compatriotas en España que me han contactado. En la presentación en Barcelona, vino un señor argentino a que le firmase un ejemplar para llevárselo a sus tíos, que estuvieron detenidos en La Plata en el 77 y que fueron torturados.
Después de 50 años. Alguien dijo que se cierra el círculo con justicia poética, una forma de reparación fuera de un tribunal”.













