
LA HUELLA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN NUESTRO LENGUAJE: ¿ESTAMOS EMPEZANDO A HABLAR COMO MÁQUINAS?
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¿Te has dado cuenta de que los textos generados por inteligencia artificial (IA) suenan cada vez más familiares? Un estudio reciente revela cómo el uso generalizado de herramientas como ChatGPT está transformando nuestra forma de escribir y hablar, introduciendo clichés y patrones lingüísticos que antes no eran tan comunes.
El auge de las “palabras GPT”
Investigadores del Instituto Max Plank de Berlín analizaron cientos de miles de vídeos de YouTube y podcasts, y descubrieron un aumento significativo en el uso de ciertas palabras y expresiones tras la irrupción de ChatGPT. Términos como “comprender”, “ahondar”, “presumir” y “meticuloso” se han vuelto omnipresentes, creando una suerte de “lenguaje GPT” que impregna nuestros textos y discursos.
El físico Ezequiel López, participante en el estudio, explica que se trata de “clichés de lo que es ‘escribir bien’”, una huella que la IA deja en nuestro lenguaje. Esta influencia se extiende incluso al ámbito académico.
El impacto en la escritura académica
Un artículo publicado en la revista ‘Science Advances’ reveló que la presencia de la IA en los artículos científicos ya es mayor que la de la pandemia de COVID-19.
Tras analizar más de 15 millones de resúmenes biomédicos, los investigadores concluyeron que el uso de modelos de lenguaje (LLM) ha provocado un aumento abrupto en la frecuencia de “palabras de estilo”, es decir, expresiones de relleno que aportan poca información.
Ejemplos como “Al ahondar meticulosamente en la intrincada red que conecta [A] y [B]…” ilustran esta tendencia a la sobreutilización de adjetivos y conectores que, si bien pueden sonar elegantes, empobrecen el contenido.
El español y la IA: ¿un idioma en transformación?
Tommie Juzek, profesor de Lingüística Computacional, ha desarrollado un sistema para identificar palabras sobreutilizadas por la IA en español. Según Juzek, términos como “imborrable”, “multidisciplinario”, “fortalecer”, “entrelazar”, “significativo”, “intensificar”, “importancia”, “implementar”, “desafío” y “enfatizar” son ejemplos de esta tendencia.
La influencia de la IA no se limita a la escritura. Muchos utilizan estas herramientas para pulir discursos y presentaciones, adoptando un estilo que imita el de las máquinas. Hiromu Yakura, investigador, subraya que este cambio “supone no ya una edición superficial del texto, sino una interiorización del mismo”.
¿Cómo hablan las IA?
Juzek explica que las IA se entrenan en cuatro fases: preentrenamiento con grandes cantidades de datos, ajuste mediante instrucciones, aprendizaje a partir de retroalimentación humana y ajuste fino para tareas específicas.
El aprendizaje basado en preferencias humanas, aunque mejora los modelos, parece introducir este patrón de sobreuso de ciertas palabras.
La investigadora Lara Alonso Simón, de la Complutense, ha encontrado que Gemini y la familia GPT utilizan más adjetivos que los humanos, mientras que nosotros usamos más adverbios. Además, las IA tienden a usar más oraciones, pero menos complejas, con un flujo de información más regular y previsible.
Ana Fernández-Pampillón, directora de la tesis de Alonso Simón, señala que los textos generados por IA carecen de riqueza de ideas y creatividad, presentando una estructura rígida y una progresión temática limitada. “Además, el uso de pronombres es muy limitado. Claro, porque realmente no entienden nada”, añade.
Tecnología y pereza mental
Un estudio de la Universidad Swinburne de Tecnología (Australia) demostró que, tras ver un texto generado por ChatGPT, las personas tienden a escribir textos más redundantes y largos.
Asimismo, una investigación del MIT reveló que el uso de la IA reduce la actividad cerebral y la capacidad de recordar lo que se ha escrito.
El artículo de ‘Science Advances’ también alerta sobre el riesgo de que las IA inventen referencias, proporcionen resúmenes inexactos y hagan afirmaciones falsas que suenan autoritarias y convincentes.
¿Un futuro con menos matices?
Ezequiel López advierte sobre el riesgo de que “usemos más variedad de palabras para describir una menor variedad de ideas”, lo que podría empobrecer nuestro lenguaje. Sin embargo, también reconoce que la IA puede ser beneficiosa, especialmente para aquellos que no son hablantes nativos de un idioma o que necesitan seguir protocolos lingüísticos estrictos.
En definitiva, el desafío está en usar la IA con responsabilidad, evitando la pereza mental y la adopción acrítica de sus patrones lingüísticos. De lo contrario, corremos el riesgo de que nuestro lenguaje se llene de “estilo y vacío”, silenciando la riqueza de nuestras ideas.













