
Santa Cruz de Tenerife retoma un debate clave en su anhelo de ser una gran capital: apertura de grandes centros comerciales los domingos, ¿Sí o no?
El debate sobre la apertura dominical de los grandes centros comerciales en Santa Cruz de Tenerife ha resurgido con fuerza. La Sociedad de Desarrollo del Ayuntamiento, a través de su concejala delegada, Carmen Pérez, ha anunciado su intención de convocar para el próximo mes de mayo la Mesa del Comercio. En el centro del debate se encuentra una propuesta clave: la ampliación de la zona de gran afluencia turística (ZGAT), una medida que permitiría a las grandes superficies abrir sus puertas durante los domingos comprendidos entre octubre y abril, coincidiendo con la temporada alta de cruceros. Esta iniciativa, largamente anhelada por las grandes empresas de distribución, vuelve a poner de manifiesto dos modelos comerciales completamente opuestos y reabre una herida en el tejido empresarial de la capital.
Desde la Asociación de Medianas y Grandes Empresas de Distribución (Asodiscan), su secretario general, Alfredo Medina, defiende que la necesidad de esta medida “se ha acrecentado” en el último año.
Sostiene que la situación actual está “desfasada” y va en contra de los intereses del comercio y, sobre todo, del consumidor. Para Medina, la capital tinerfeña debe aspirar a ser “una capital turística a tiempo completo” y no “a tiempo parcial”, argumentando que para lograr ese liderazgo es imprescindible avanzar hacia la libertad de horarios comerciales. “Creemos que Santa Cruz tiene que adaptarse a los tiempos, tiene que ejercer verdaderamente una posición de liderazgo”, ha afirmado Medina, insistiendo en la necesidad de ofrecer una propuesta comercial coherente con la vocación turística de la ciudad.
El argumento turístico se ha visto reforzado por el notable crecimiento de las camas hoteleras y del fenómeno del alquiler vacacional en la ciudad durante los últimos años, lo que se traduce en una presencia constante de visitantes en sus calles. Medina ha aportado un dato contundente para ilustrar la situación: el año pasado, cerca de 160.000 cruceristas, llegados en unos 60 barcos, “se encontraron una ciudad cerrada”.
En su opinión, esta imagen perjudica gravemente el atractivo de Santa Cruz, ya que una urbe sin actividad comercial en fin de semana “no es atractiva para nadie”. La experiencia, según destaca Medina, resulta incomprensible tanto para los visitantes como para los propios residentes.
La búsqueda de un acuerdo se presenta como el principal escollo. Aunque el Ayuntamiento de Santa Cruz se ha mostrado históricamente favorable a la ampliación, siempre ha condicionado la decisión a un consenso entre todas las partes. Sin embargo, Alfredo Medina se ha mostrado muy crítico con la postura municipal, la cual ha calificado de “inmovilista”, y ha recordado un ofrecimiento anterior de “abrir 3 festivos más” que, ha recordado, es de competencia del Gobierno de Canarias.
Medina considera que las actuales restricciones son privilegios para el pequeño comercio y ha lanzado una contundente declaración: “Los privilegios se terminaron siempre por conquista, no por consenso”. Acusa además a los opositores de querer “aplazar el debate” hasta después de las elecciones, mientras que “la ciudad es la que no puede esperar más”.
En la otra cara de la moneda se encuentra la Federación de Áreas Urbanas de Canarias (FAUCA). Su presidente, Abbas Moujir, ha reiterado la “postura firme” del pequeño comercio en contra de la medida. Moujir advierte que la apertura de grandes centros comerciales en domingo, afectaría negativamente “no solamente al centro de Santa Cruz, sino a todo el área metropolitana”.
El principal temor es el impacto sobre el empleo y la supervivencia de un modelo de negocio basado en “autónomos y microempresas”, que consideran que no pueden competir en igualdad de condiciones con las grandes superficies. Por ello, se oponen frontalmente a lo que califican como una amenaza directa a la estructura comercial tradicional de la isla.
El presidente de FAUCA ha desmontado el argumento de que la apertura dominical es imprescindible por el incremento en la llegada de turistas. En su opinión, detrás de la propuesta se esconden otros intereses, ya que el período de apertura planteado, de octubre a abril, “va a coger el período más fuerte de venta”. Esto incluye campañas comerciales tan cruciales como el Black Friday, la campaña de Navidad y las rebajas, lo que “afectaría de lleno” a los pequeños negocios.
Moujir también ha rebatido las justificaciones que se han dado en el pasado: “Esa postura no está detrás el tema de los cruceros, unas veces son los cruceros, otras veces hablan de que es para hacer frente al comercio electrónico”. Sostiene que un turista de fin de semana no supedita su viaje a ir de compras un domingo y que esta medida no frenará el auge de las compras por internet.
A pesar de la negativa rotunda a la propuesta actual, desde FAUCA se abren a explorar otras vías de negociación. Abbas Moujir ha señalado que el marco adecuado para este debate podría ser la futura modificación de la Ley de Comercio de Canarias. En este contexto, ha sugerido la posibilidad de negociar una ampliación del número de festivos de apertura “a nivel insular”, similar a como ya se gestiona el calendario actual.
“En ese sentido nosotros estaríamos dispuestos a sentarnos y hablar”, ha manifestado el presidente de FAUCA, desplazando el foco de la negociación del ámbito municipal al autonómico. Esta vía permitiría, según él, encontrar un equilibrio más justo para todas las partes implicadas, aunque deja claro que una apertura indiscriminada durante la temporada alta sigue siendo una línea roja.
Con las posiciones tan enfrentadas, el futuro del modelo comercial de Santa Cruz de Tenerife se decidirá en los próximos meses. Mientras las grandes superficies apelan a la modernización y la vocación turística para reclamar la liberalización de horarios, el pequeño comercio lucha por proteger un sistema que considera vital para el empleo y la economía local. La próxima mesa del comercio se antoja como un escenario clave para medir las fuerzas de ambos bandos y comprobar si el Ayuntamiento es capaz de arbitrar una solución de consenso o si, por el contrario, el conflicto seguirá definiendo el pulso económico y social de la capital.












