
Un mundo sin referencias: ¿Hacia dónde vamos?
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
¿Qué pasará cuando ya no existan esas escenas cinematográficas a las que recurrir, esas canciones que nos hacen llorar o esas historias en las que nos vemos reflejados cuando nos sentimos perdidos? Esta es la reflexión que surge al observar cómo las nuevas generaciones construyen su identidad y su imaginario colectivo.
La nostalgia de un mundo analógico
La película “La peor persona del mundo” retrata este sentimiento a través de Aksel, quien añora una época pre-internet y pre-teléfonos móviles. Un tiempo donde la cultura se transmitía a través de objetos físicos: discos, libros, cómics… Objetos que permitían una inmersión profunda y la creación de un sistema de referencias sólido. Aksel lamenta que ahora solo le queden recuerdos sobre cosas triviales que a nadie le importan.
Para aquellos que crecieron yendo al cine los sábados, pasando horas en tiendas de discos escuchando álbumes completos, ahorrando para comprar el último disco de su grupo favorito, grabando películas en VHS (a pesar de que la cinta siempre se acababa antes del final), o creando cintas recopilatorias para la persona amada, las palabras de Aksel resuenan con fuerza.
Se trata del final de una forma de construir nuestra identidad, la obsolescencia de aquello que fue importante para nosotros y que definía quiénes éramos.
La era del contenido viral
La anécdota de la influencer en el Festival de Málaga a la que le pidieron que recomendara una película y que solo pudo mencionar “La nueva de ocho apellidos” (sin saber si se refería a la catalana o a la marroquí) ilustra la desconexión de algunas generaciones con el cine.
Más allá del debate sobre la presencia de influencers en eventos cinematográficos, este episodio revela que para muchos jóvenes el cine es algo ajeno, prescindible. Su imaginario se construye a partir de contenidos virales de TikTok, reels, memes y algoritmos.
No se trata de una crítica hacia ellos, sino de constatar que viven en un tiempo marcado por la velocidad y el consumo rápido. Consumimos más imágenes que nunca, pero desaparecen rápidamente. Se venden libros, pero se presume de leer cincuenta al mes. Se escuchan fragmentos de canciones en segundos.
¿Cómo construir una memoria colectiva?
En este flujo frenético que no permite que nada se asiente, ¿cómo se construye un sistema de referencias, una memoria colectiva? ¿Cómo será un mundo sin escenas cinematográficas a las que volver, canciones con las que llorar o historias en las que reconocernos cuando nos sentimos perdidos?
El cine está dejando de ser el lugar donde las personas construyen su imaginario. Y muchos empiezan a sentirse, como Aksel, fuera de época.













