La persistente guerra contra las mujeres

La persistente guerra contra las mujeres
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La persistente guerra contra las mujeres

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La violencia contra las mujeres sigue siendo un problema estructural y global, manifestándose de diversas maneras, desde conflictos armados hasta la misoginia cotidiana.

Víctimas de la guerra y la violencia estructural

En conflictos bélicos, las mujeres y los niños son particularmente vulnerables. El asesinato de 168 niñas iraníes en un ataque en Minab subraya esta realidad. En Gaza, miles de mujeres y niñas han muerto a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel. Informes de la ONU señalan el uso sistemático de la violencia sexual contra palestinos bajo custodia israelí, afectando tanto a hombres como a mujeres.

Más allá de los conflictos armados, la violencia contra las mujeres es un problema arraigado en la sociedad. Los abusos y violaciones buscan destruir, humillar y generar impotencia. El auge de la ultraderecha ha afectado la sensibilidad general y alimentado discursos victimistas entre algunos hombres.

El negacionismo y la violencia machista

Pese a que los casos de hombres maltratados o asesinados por sus parejas femeninas son minoritarios, se cuestionan datos oficiales sobre denuncias falsas por violencia de género, alimentando un discurso que niega la magnitud del problema. La publicación de ensayos falaces que niegan la violencia de género contribuye a normalizar el discurso de odio machista.

La violencia machista persiste. Recientemente, tres mujeres murieron asfixiadas en Miranda de Ebro debido a un incendio provocado por la expareja de una de las víctimas. En Badajoz, se encontraron los restos de una mujer desaparecida en 2017, asesinada por un vecino.

La hostilidad hacia el feminismo

Estos crímenes no son casos aislados, sino un flujo constante de violencia. A pesar de la indignación y solidaridad que deberían despertar, un número creciente de hombres jóvenes muestra hostilidad hacia el feminismo. Casi la mitad de los jóvenes entre 15 y 29 años creen que el feminismo ha ido “demasiado lejos” y se ha convertido en una herramienta de manipulación. Esta opinión resulta inmoral en un contexto donde decenas de mujeres son asesinadas cada año.

Los verdaderos excesos provienen de agitadores que acosan a figuras feministas en los medios y la política.

La misoginia histórica y religiosa

Aunque se critica el supuesto menosprecio de la mujer en el Islam, la civilización cristiana occidental también tiene una larga historia de misoginia institucionalizada. Figuras como Tertuliano, San Agustín y San Ambrosio expresaron ideas despectivas hacia las mujeres. Incluso en el siglo XX, Pío IX condenó la emancipación femenina.

La tradición protestante tampoco está exenta de misoginia, con declaraciones como las de Martín Lutero sobre la muerte de mujeres en el parto. Pastores evangelistas han equiparado el feminismo con un movimiento que busca destruir la familia y el capitalismo.

Jesús y la ruptura de tabúes

A diferencia de la Ley judía, que limitaba la interacción pública entre hombres y mujeres, Jesús de Nazaret se rodeó de mujeres, salvó a una adúltera y conversó con una samaritana, desafiando normas sociales y religiosas.

La misoginia no es parte de la predicación de Jesús, sino que aparece posteriormente en los escritos de Pablo de Tarso. Historiadores sugieren que estos pasajes podrían ser adiciones apócrifas, influenciadas por la tradición romana, que sometía a las mujeres a la tutela masculina.

La Iglesia Católica ha mantenido esta perspectiva discriminatoria, excluyendo a las mujeres del sacerdocio.

Diversidad en el Islam

Aunque se acusa al Corán de ser hostil hacia las mujeres, países musulmanes como Pakistán y Bangladesh han tenido mujeres como Primeras Ministras. En Occidente, hay mujeres que ejercen como imanes y mezquitas centradas en las mujeres y la comunidad LGTBIQ+.

Si bien el Corán pide obediencia de las mujeres a los hombres, este mandato también se encuentra en el judaísmo y el cristianismo. El uso del hiyab es controvertido, pero algunas musulmanas lo ven como una forma de protegerse de la objetificación sexual.

Existen corrientes reaccionarias dentro del Islam, pero también tendencias progresistas que buscan interpretar el Corán desde una perspectiva contemporánea. El problema radica en el uso de la religión para legitimar la hegemonía masculina.

El origen de la discriminación

La discriminación de la mujer se remonta al Neolítico, con el surgimiento de la propiedad privada y la división sexual del trabajo. Los hombres asumieron las tareas de producción, mientras que las mujeres se limitaron a la reproducción y las labores domésticas. La concentración de la riqueza y la necesidad de ejércitos perpetuaron las desigualdades.

El camino hacia la igualdad

El feminismo surgió en Occidente con la Ilustración y se consolidó en el siglo XIX. Sin embargo, muchos hombres se resisten a la igualdad plena. Para superar la discriminación, es necesario asumir que “no se nace sino que se deviene mujer”, como escribió Simone de Beauvoir. Se puede ser mujer de corazón, identificándose con su sufrimiento y luchando por sus derechos.

La guerra contra las mujeres persiste porque muchos hombres se sienten inseguros al verse superados por ellas. Humillar e intimidar a una mujer es una forma de sentir poder y compensar el complejo de inferioridad. Es fundamental devenir mujer ante cada injusticia, agravio o discriminación.

Como la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, “todos seríamos más felices si no soportáramos el peso de las expectativas de género”.