
Trump se empantana en Irán sin opciones buenas de salida
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La ofensiva liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya cumple dos semanas, no vislumbra una salida rápida ni un claro vencedor. A diferencia de la operación en Venezuela, donde Washington sometió rápidamente al régimen de Maduro, en Irán, Donald Trump enfrenta un conflicto prolongado y complejo.
El presidente estadounidense no ha fijado una fecha para el fin de la ofensiva, en la que han muerto más de 1.300 personas, según fuentes locales. Cada día que pasa, se complica una salida que pueda ser vendida como una victoria, especialmente en Estados Unidos.
A diferencia de los bombardeos de junio de 2025 contra instalaciones nucleares iraníes, ahora Trump debe justificar el mayor despliegue militar en Oriente Medio desde 2003, ofreciendo resultados concretos que justifiquen el coste económico y humano, incluyendo la muerte de 14 militares estadounidenses.
Mientras que los ataques limitados de junio de 2025 fueron presentados como un éxito, ahora Washington no puede proclamar una victoria, ya que no ha logrado derrocar ni someter al régimen iraní, que sigue respondiendo con drones y misiles.
Miles de objetivos sin un plan claro
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reiteró que acabar con el programa nuclear iraní sigue siendo una “misión fundamental”, a pesar de que Trump ya declaró haberlo eliminado el año anterior. Este es el mismo pretexto que Israel ha utilizado para justificar sus ataques, argumentando que Irán representa una amenaza existencial.
Ocho meses después de la primera ofensiva conjunta, no está claro si EEUU e Israel pueden acabar con el programa nuclear iraní, ni si ese es el principal objetivo. Hegseth afirmó que la aviación estadounidense e israelí han atacado “15.000 objetivos del enemigo” en 15 días, una cifra altisonante pero poco concreta. “Tenemos previsto derrotar, destruir e inhabilitar todas sus capacidades militares importantes a un ritmo que el mundo nunca ha visto antes”, aseguró.
El bombardeo más mortífero de la campaña resultó en la muerte de 175 personas, la mayoría niñas en edad escolar. EEUU inicialmente negó responsabilidad, pero ahora investiga el incidente, que apunta a un misil Tomahawk impactando una escuela que, según The Washington Post, estaba en la lista de objetivos militares.
Por su parte, Israel efectúa intensos bombardeos diarios contra Teherán y otros puntos del país, dirigidos contra la Guardia Revolucionaria, la Basij, infraestructuras y centros “de mando” del régimen o instalaciones energéticas. Las autoridades locales denuncian que los objetivos son civiles en muchas ocasiones, con 17.000 viviendas y 4.000 edificios comerciales dañados, según la Media Luna Roja iraní.
Tras los ataques contra depósitos de combustible, la ONU alertó del riesgo para la salud y el medio ambiente debido a los gases tóxicos. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU expresó “serias dudas sobre si se cumplieron las obligaciones de proporcionalidad y precaución”, señalando que los lugares atacados “no parecen ser de uso exclusivamente militar”.
Fuentes militares y de Inteligencia israelíes, consultadas por The Guardian, indicaron que Israel no tenía un plan para acabar con el régimen iraní al inicio de la guerra.
Una victoria que vale 440 kilos de uranio enriquecido
Según miembros del Ejercito y de la Inteligencia israelíes, si el liderazgo iraní se mantiene en el poder, el éxito de la campaña dependerá del destino de los 440 kilos de uranio enriquecido que posee Irán, según informes del OIEA. Joab Rosenberg, ex subdirector de la división de investigación de la Inteligencia militar israelí, considera que “el peor resultado de esta guerra sería una declaración de victoria como la de junio de 2025, dejando al régimen iraní débil y con 450 kilos de uranio enriquecido en sus manos”.
The Economist define un final exitoso como el freno a las ambiciones nucleares de Irán durante años, o idealmente, para siempre. Plantea tres opciones para que EEUU logre este objetivo.
La primera opción es enviar fuerzas especiales para apoderarse del uranio enriquecido, lo cual requeriría “una ocupación masiva de varios días, con una fuerza de asalto especializada protegida por más de 1.000 soldados y apoyo aéreo constante”. Aunque factible, resulta exigente y arriesgado, y el uranio podría estar en varios lugares.
La segunda opción es “bombardear Irán cada vez que represente una amenaza”, aunque esta guerra ha demostrado lo costoso que sería. El Pentágono ha gastado 11.300 millones de dólares en los primeros seis días. Esta opción es descartada porque los votantes estadounidenses rechazarían una guerra periódica y “los estrategas no querrían verse atrapados en Oriente Medio cuando su atención se centra en China”.
La tercera y única opción viable para The Economist es un acuerdo con el régimen para poner fin a su programa nuclear, volviendo a la mesa de negociación. “Es una opción difícil: el señor Jamenei podría rechazar el acuerdo. El régimen podría aceptarlo y luego incumplirlo. Y, sin embargo, sigue siendo la mejor opción”. Irán, exhausto tras los bombardeos, necesita que se levanten las sanciones para reconstruir su economía, y podría estar dispuesto a un acuerdo permanente que incluya el fin del enriquecimiento y la supervisión de su programa nuclear.
Sin embargo, esta opción no agradaría a Netanyahu, quien buscó la vía militar. Para el israelí, la guerra es una forma de mantenerse en el poder, pero al estadounidense le puede salir muy cara políticamente. Mientras que en Israel la mayoría respalda la ofensiva, en EEUU la guerra tiene poco apoyo popular, y el impacto económico preocupa a los asesores de Trump.
Asesores económicos y funcionarios de la Administración han advertido a Trump de que una crisis petrolera y el aumento de los precios de la gasolina podrían reducir el apoyo a la guerra. Asesores políticos, incluida su jefa de gabinete, Susie Wiles, instan a Trump a acotar la definición de victoria y a decir públicamente que la operación es limitada y está casi terminada.
Algunos asesores le han aconsejado que busque una salida del conflicto que pueda calificar de triunfo, incluso si gran parte del régimen iraní sigue en el poder, con un programa nuclear dañado.
De momento, Trump no ha mandado ese mensaje. El sábado, alardeó de los logros militares y rechazó una solución negociada: “Los medios de comunicación que difunden noticias falsas odian informar sobre lo bien que lo ha hecho el Ejército de Estados Unidos contra Irán, que está totalmente derrotado y quiere un acuerdo, ¡pero no un acuerdo que yo aceptaría!”, escribió.













