
Nuevos planes industriales amenazan el hogar de un matrimonio en Laredo
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Hilario De Miguel (1943) recuerda cómo su esposa, Teodora Pardo (1947), deseaba adquirir “un pañuelo de tierra” en 1999. La pareja, originaria de Laredo, compró una parcela a las afueras del pueblo con la ilusión de cultivar un jardín. Dorita, como prefiere que la llamen a Teodora, anhelaba “plantar una flor y verla crecer”.
El terreno, anteriormente utilizado para el cultivo de maíz, se encontraba en un estado deplorable cuando llegaron: “Era un basurero con lavadoras viejas y ruedas de coches”. Sin embargo, construyeron una casa de 63 metros cuadrados, donde residen actualmente, aunque sin cédula de habitabilidad. La finca está rodeada de higueras, perales, un limonero y una pequeña huerta, donde Dorita cultiva cebollas, repollos y lechugas.
El macroparque industrial que amenaza su hogar
El Gobierno de Cantabria, liderado por María José Sáenz de Buruaga (PP), planea construir un nuevo macroparque industrial en 2025, precisamente en la parcela donde se encuentra la casa de Hilario y Dorita. Este proyecto busca ampliar el polígono industrial de La Pesquera, que actualmente alberga poco más de una docena de empresas, en su mayoría conserveras.
El Ejecutivo autonómico, con el respaldo del Ayuntamiento de Laredo, pretende recalificar suelo rústico en industrial mediante un Proyecto Singular de Interés Regional (PSIR), afectando a decenas de familias que residen en la zona. Esta situación ha generado la creación de una plataforma opositora y numerosas alegaciones al proyecto, lo que llevó al Gobierno y al Consistorio a anunciar una reducción del 65% en el tamaño del proyecto a principios de 2026. Sin embargo, según fuentes de la consejería de Industria, esta modificación sustancial requerirá un nuevo período de información pública, cuya fecha aún no se ha definido.
Hilario y Dorita, miembros de la plataforma ciudadana, se encuentran en una situación de incertidumbre, ya que su casa se ve afectada por ambos proyectos. La falta de cédula de habitabilidad agrava su situación. “Mi nieto pequeño, de 11 años, pregunta: ‘Tito, ¿qué va a pasar con esto? ¿Dónde vais a ir?’”, relata Hilario, a lo que Dorita añade: “Hilario le dijo que igual teníamos que ir debajo de un puente y el niño dijo: ‘No, Tito, para eso venís a mi casa’”.
“Un 15% de corazón”
La huerta de Hilario y Dorita se ha reducido debido a la delicada salud de Hilario, quien “vive con un 15% de corazón, lo otro lo tiene muerto”. Tras un grave ataque al corazón, lleva un desfibrilador permanente en el pecho y ya no puede ayudar a Dorita en las labores del campo. A pesar de las dificultades, Hilario mantiene el humor, un factor que, según su médico, le ayuda a sobrellevar la situación.
En 1999, este ex conductor de autobús y ex sobadora de anchoas compraron un terreno de 621 metros cuadrados, colindante con el polígono de La Pesquera. Inicialmente, lo utilizaban como segunda residencia, pero tras el paro cardíaco de Hilario, vendieron su piso en el pueblo y se mudaron a la casa de campo. La vivienda, ubicada más cerca de Colindres que del centro de Laredo, se llama “La Ponde”, un nombre que evoca recuerdos familiares y la serie “Bonanza”.
“Vamos a La Ponde”
La casa, de dimensiones reducidas, consta de un único espacio que alberga la cama, la cocina y el baño. El matrimonio teme que el nuevo polígono industrial implique la construcción de una zona ajardinada sobre su hogar. “Sentimos mucha incertidumbre, no necesitamos más que esto, una casita de este tamaño y de planta baja, por él”, afirma Dorita, señalando a su marido.
Hilario, con una memoria lúcida, cuestiona la legalidad de que el Ayuntamiento “dé” terrenos privados al Gobierno para construir un polígono industrial que, según él, podría beneficiar a unos pocos. Sospecha que el proyecto podría derivar en la construcción de viviendas en lugar de un polígono industrial.
Además, Hilario advierte que la zona es propensa a inundaciones debido a su origen como terreno ganado al mar. “El mar viene a buscar lo que le han robado. Cuando hay marea alta, las ‘mareas mayores’ de marzo y septiembre, se nota. Se inunda todo por allí”, concluye, señalando el entorno del polígono, rodeado de campos y caballos.













