Un colegio electoral muy particular: votar tomando un vermú

Un colegio electoral muy particular: votar tomando un vermú
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Un colegio electoral muy particular: votar tomando un vermú

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En el barrio de Santa Ana de Valladolid, los votantes disfrutan de una experiencia electoral inusual: ejercer su derecho al voto en la entrada de un bar. Este peculiar colegio electoral, ubicado en el club social de una urbanización, ofrece la posibilidad de tomar una cerveza o unas rabas justo después de depositar el voto.

Un bar como centro electoral

La elección de este lugar como colegio electoral se debe a la falta de otros espacios disponibles cuando se habilitó como tal. Con el crecimiento de la población en la zona, se decidió mantenerlo como centro de votación. Anteriormente, las urnas se ubicaban en la planta superior del bar, pero las dificultades de acceso para las personas mayores y con movilidad reducida llevaron a la Junta Electoral a trasladarlas a la entrada del edificio, garantizando así la accesibilidad.

Ambiente vecinal y electoral

El ambiente en este colegio electoral es distendido y vecinal. Los votantes se conocen entre sí, y es común ver a los presidentes de mesa charlando con los vecinos. La cercanía y el ambiente relajado contribuyen a crear una experiencia electoral más agradable.

Un barrio en expansión

La zona de Santa Ana comenzó a construirse a principios de este siglo y se caracteriza por ser una de las áreas con mayor renta de Valladolid. En la urbanización viven alrededor de 1.500 vecinos en 492 viviendas unifamiliares. En los alrededores, se han construido chalets y bloques de edificios, lo que indica un crecimiento constante de la población.

Una jornada electoral concurrida

En la jornada electoral, tanto las mesas electorales como el bar se vieron desbordados por la afluencia de votantes. Las camareras no daban abasto para atender los pedidos de bebidas y raciones, mientras que los miembros de las mesas electorales trabajaban arduamente para garantizar el correcto desarrollo de la votación.

Mientras algunos hacían cola para votar, otros disfrutaban del sol en las mesas del bar, compartiendo un vermú en familia. La combinación de cumplir con el deber cívico y disfrutar de un momento de ocio convirtió el domingo electoral en una jornada redonda.