DIEGO VENTURA DESLUMBRA EN VALENCIA, AUNQUE EL PALCO NO ACOMPAÑA

DIEGO VENTURA DESLUMBRA EN VALENCIA, AUNQUE EL PALCO NO ACOMPAÑA
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DIEGO VENTURA DESLUMBRA EN VALENCIA, AUNQUE EL PALCO NO ACOMPAÑA

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Diego Ventura ofreció una actuación magistral en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, demostrando una notable evolución tras el invierno. El rejoneador de La Puebla, considerado uno de los más grandes, deslumbró al público en una corrida de María Guiomar Cortés de Moura, donde su lote fue el más destacado de la jornada dominical.

Una faena de ensueño con Quitasueños

El momento culminante llegó con Quitasueños, un caballo que ejecutó quiebros impresionantes. La conexión entre Ventura y su caballo era palpable, fundiéndose en una sola entidad torera. Tras un temple a dos pistas y rosas telefónicas, Ventura culminó con un rejón fulminante.

Aunque la faena merecía dos orejas, el palco concedió solo una.

Guadalquivir y Nómada: la conexión perfecta

La actuación de Ventura continuó con Guadalquivir, clavando el rejón de castigo al quinto toro. Posteriormente, a lomos de Nómada, Ventura realizó quiebros inverosímiles frente a la cámara de Arjona, demostrando una gran velocidad y aguante. El lujo continuó con Lío, un caballo de gran corazón.

Bronce y el cierre apoteósico

La faena alcanzó su punto álgido cuando Ventura quitó la cabezada a Bronce, un caballo criado en las marismas. El público enloquecido se levantó de sus asientos.

Un jardín de rosas coronó la obra, que fue refrendada con un rejón a la primera. A pesar de que el descabello fue necesario, la actuación merecía dos orejas incontestables, pero el palco volvió a ser exigente y concedió solo una.

Ventura salió a hombros, aunque el marcador no reflejaba la grandeza de su mañana. Sus compañeros, Andy Cartagena y Léa Vicens, pasaron desapercibidos en medio del huracán Ventura.

Cartagena deslumbró con quiebros al violín a lomos de Copo de Nieve y elevadísimas de Bandolero, pero perdió el premio en la hora final. Léa Vicens tuvo una mañana de altibajos.

La jornada concluyó con un ambiente festivo, marcado por la mascletà de Pirotecnia Valenciana y el recuerdo de la visita del Rey hace treinta años.

En el ruedo, Ventura había creado un gran revuelo, demostrando que el toreo verdadero no necesita fuegos artificiales.