
Guerra en Irán: El relato de una escritora bajo la sombra de la censura
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Mientras la guerra sacude Irán, la escritora Mahsa Mohebali se encuentra en un tranquilo pueblo de los Pirineos catalanes, contemplando las cumbres nevadas. Las imágenes de Teherán, en contraste, muestran un cielo oscurecido por el humo y el petróleo. Ante esta situación, Mohebali se cuestiona el papel de un escritor en tiempos de conflicto y censura.
Siempre reacia a la política, Mohebali se enfrenta a la realidad de que su trabajo está intrínsecamente ligado a ella. La necesidad de obtener permiso de la oficina de censura para publicar sus obras, la prohibición de algunos de sus libros y el interrogatorio al que fue sometida por la inteligencia de la Guardia Revolucionaria (Sepah) la han politizado a pesar de sus deseos.
El asalto y el interrogatorio
Hace cuatro años, la Sepah irrumpió en su casa, registrando cada rincón. Posteriormente, Mohebali fue interrogada repetidamente. La escritora se pregunta por qué una fuerza militar como la Sepah se interesaría en una escritora y un director de teatro. En los últimos años, muchos han pasado por esa oficina, ubicada en un edificio residencial con un letrero discreto: “Oficina de Supervisión y Seguimiento”.
En una tarde calurosa de verano, ocho hombres y una mujer irrumpieron en su apartamento con una orden de registro y detención en su contra. Los cargos: perturbar la opinión pública, difundir falsedades y actuar contra el sistema. Durante los interrogatorios, revisaron cada publicación en Instagram y Facebook, cada libro, todo el contenido de su ordenador portátil.
Novelas inacabadas, guiones a medio escribir, borradores de cuentos… Habían leído todos sus escritos privados. Perder su portátil fue más doloroso que el registro de su casa, incluso más que ver cómo la mujer tiraba su ropa interior al suelo frente a los hombres de la Sepah. El portátil de un escritor es la trastienda de su mente, y la invasión de ese espacio íntimo la despojó de parte de su existencia.
El interrogador y la novela de los gatos
El interrogador había leído una novela inacabada sobre un complejo de apartamentos invadido por gatos que desplazaban a los humanos. “¿Con los gatos te refieres a nosotros?”, preguntó. Mohebali contuvo la risa y lo negó. La mente de la escritora, sin embargo, comenzó a jugar con la idea de que la Sepah se veía a sí misma en el papel de los gatos, ocupando su casa, su edificio y, finalmente, todo Irán.
Durante el registro, Mohebali imaginó las cabezas de Netanyahu, Trump y Biden asomando entre sus abrigos y sombreros, mientras los agentes de la Sepah los perseguían por el apartamento. La paranoia y la influencia de “Rebelión en la granja” de Orwell se mezclaban en su mente.
En teoría, confiscar los dispositivos de un escritor para leer su contenido no debería tener otro objetivo, a menos que buscaran documentos de espionaje en su portátil… o quizás los buscaban. Le preguntaban constantemente por sus entrevistas, sus viajes y la publicación de su libro en Italia. Decían que en un curso literario en Iowa coincidió con un escritor israelí. Con eso querían fabricar cualquier cargo contra ella.
El acta de compromiso
Tras ser citada repetidamente para ser interrogada, Mohebali firmó un acta de compromiso que le prohibía conceder entrevistas a medios extranjeros, firmar nuevos contratos para la traducción de sus obras, escribir sobre la censura, el colectivo LGTBI, la adicción o la década de los ochenta.
Ahora, en Cataluña, Mohebali escribe sobre todo aquello que ama y siente que debe escribir, a pesar de las restricciones impuestas. No tiene otra labor que escribir.













