
Energía térmica – Trenes en funcionamiento, alumbrado permanente y miles de cuerpos presentes cada día desprenden calor continuo que queda retenido bajo la ciudad y modifica el estado de carriles, túneles y estructuras
El cuerpo humano percibe de inmediato cuando el aire no circula y la temperatura queda retenida en un espacio cerrado. Bajar al metro puede producir esa sensación porque el calor permanece atrapado bajo tierra y el aire apenas se renueva cuando miles de personas usan las estaciones al mismo tiempo.
El trayecto cotidiano se convierte así en un ambiente pesado que recuerda al interior de un horno. Esa sensación no surge solo por el momento del viaje.
También depende de cómo las ciudades almacenan calor y de cómo ese calor acaba descendiendo hacia el subsuelo.
Un estudio universitario revisa miles de mensajes sobre bochorno ferroviario
Ese efecto aparece con claridad en una investigación reciente realizada en la Universidad Northwestern y publicada en la revista Nature Cities. El equipo dirigido por Giorgia Chinazzo y Alessandro Rotta Loria examinó más de 85.000 publicaciones en redes sociales y reseñas digitales escritas entre 2008 y 2024 por viajeros del metro de Nueva York, Boston y Londres. El análisis permitió identificar más de 22.000 mensajes que describían incomodidad térmica en estaciones y andenes.
Los resultados muestran que las quejas aumentan cuando la temperatura exterior sube.
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El trabajo académico analiza publicaciones digitales escritas durante más de quince años por usuarios de Nueva York, Boston y Londres
Ese aumento de temperatura no se limita a una molestia durante el viaje. El calor acumulado también puede alterar las infraestructuras que funcionan bajo tierra. Rotta Loria, profesor asociado de ingeniería civil y ambiental en la Universidad Northwestern, explicó que “los entornos subterráneos se han calentado por nuestra culpa”.
El investigador detalló que los trenes, los sistemas de iluminación y las propias personas liberan calor continuamente. Ese calor se suma al que llega desde la superficie y se queda atrapado en el terreno.
Cuando el suelo y la roca almacenan esa energía, las instalaciones del metro pueden sufrir deformaciones en los carriles, corrosión acelerada en piezas mecánicas y alteraciones en los cimientos de las estructuras. Además, el aumento térmico también afecta a la salud pública y a los ecosistemas subterráneos.
Los investigadores detectan que el malestar crece cuando sube el termómetro
Las quejas recogidas por los investigadores siguen un patrón bastante claro. Los mensajes aparecen con más frecuencia durante los meses de verano y alcanzan su nivel más alto en julio. Los años con olas de calor intensas, como 2018 y 2019, también generaron picos de comentarios.
Chinazzo, profesora asistente del mismo departamento en Northwestern y coautora del trabajo, indicó que “durante el fin de semana la gente se quejó menos”.
La investigadora señaló que esa diferencia no implica que el ambiente sea más fresco esos días, pero el número de pasajeros suele ser menor y las personas viajan con ropa distinta o en un contexto de ocio, factores que pueden cambiar la percepción del calor.
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El terreno recalentado acaba afectando a estructuras y mecanismos ferroviarios
El análisis también permitió medir cómo reaccionan los viajeros cuando la temperatura exterior aumenta. Según datos recogidos por The Independent, un incremento de un grado Celsius por encima de los diez grados se relaciona con más mensajes de incomodidad térmica. En Boston las quejas crecieron alrededor de un 10%.
En Nueva York el aumento fue cercano al 12%. En Londres el incremento alcanzó el 27%. Para obtener esas cifras, el equipo examinó publicaciones de 2008 a 2024 en plataformas como X y Google Maps, donde los usuarios describían estaciones o trayectos especialmente calurosos.
La investigación utilizó técnicas de procesamiento de lenguaje para localizar términos asociados al calor intenso.
Los algoritmos buscaron palabras como caliente, cálido o hirviendo y descartaron mensajes que usaban esas expresiones en otros contextos.
Flavio Lehner, profesor de ciencias de la Tierra y la atmósfera en la Universidad Cornell que no participó en el estudio, explicó que este tipo de análisis sigue la línea de trabajos anteriores que relacionan condiciones ambientales con el comportamiento en redes sociales.
Las ciudades desarrollan islas térmicas que recalientan también el subsuelo
El calor que sienten los viajeros también tiene una explicación física. En las ciudades aparece el fenómeno conocido como isla de calor urbana, una situación en la que las zonas urbanas pueden alcanzar temperaturas hasta diez grados superiores a las áreas rurales cercanas.
Ese calor no se queda solo en la superficie. La energía térmica se filtra hacia el suelo y se acumula en el subsuelo, donde el terreno actúa como una esponja que absorbe calor durante los meses cálidos y lo libera lentamente después. En el metro de Londres se han registrado temperaturas de hasta 47 grados bajo tierra, un valor superior a muchos registros del aire en la superficie de la ciudad.













