UNA SOLUCIÓN INTERGENERACIONAL: COMPAÑÍA A CAMBIO DE ALOJAMIENTO

UNA SOLUCIÓN INTERGENERACIONAL: COMPAÑÍA A CAMBIO DE ALOJAMIENTO
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UNA SOLUCIÓN INTERGENERACIONAL: COMPAÑÍA A CAMBIO DE ALOJAMIENTO

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El programa “Viure i Conviure”, impulsado por la Fundació Roura, ofrece una solución innovadora a dos problemas sociales: la soledad no deseada en la tercera edad y las dificultades de acceso a la vivienda para los jóvenes. El proyecto conecta a personas mayores de 65 años que viven solas con estudiantes universitarios, proporcionando alojamiento a estos últimos a cambio de compañía.

Combatiendo la soledad y aportando seguridad

Para muchos adultos mayores, la soledad se intensifica al final del día. Según testimonios recogidos por el programa, “por la noche, cuando llego a casa, la casa se me come”. Además de la compañía, la presencia de un estudiante en el hogar brinda una valiosa sensación de seguridad.

Olga Ibáñez, psicóloga y coordinadora del proyecto, destaca que “no es lo mismo que llegue la teleasistencia si te has caído o te encuentras mal y estás absolutamente solo, que tener a una persona que te calma, te ayuda y puede avisar a tus hijos”.

Un proceso de selección cuidadoso

El éxito de “Viure i Conviure” radica en su riguroso proceso de selección. El equipo de la fundación entrevista tanto a los ancianos en sus domicilios como a los estudiantes, derivados por las universidades, en la sede de la entidad. El objetivo es lograr un “matching” efectivo, considerando el carácter, las aficiones, las necesidades y la salud de ambas partes para garantizar una convivencia enriquecedora.

Requisitos y colaboración

Los requisitos para participar son claros. La persona mayor debe tener más de 65 años, disposición para convivir y contar con una habitación habitable.

El estudiante, por su parte, debe estar cursando estudios de grado o posgrado y no residir en el mismo municipio. “Es un programa solidario”, enfatiza Ibáñez, donde el joven contribuye simbólicamente a los gastos y dedica algunas horas semanales a acompañar al anfitrión en tareas como ir de compras o asistir a citas médicas, siempre fuera de su horario académico.

Más que una solución habitacional: lazos de amistad

Lo que comienza como una solución práctica a menudo se transforma en vínculos afectivos duraderos. Olga Ibáñez asegura que “las relaciones perduran más allá de la estricta convivencia” y que, con el tiempo, “se han creado verdaderas relaciones de amistad”. Los estudiantes que finalizan su estancia continúan visitando a las personas mayores e incluso las presentan a sus familias.

Beneficios mutuos y evidentes

Los beneficios del programa son recíprocos.

El estudiante encuentra un hogar y se integra en la cultura local de una manera única, mientras que la persona mayor recibe compañía, combate la soledad y estimula su día a día. Según Ibáñez, “es una estimulación cognitiva que te ayuda a retrasar un posible deterioro cognitivo, porque hablas, comentas noticias, explicas cosas de tu vida y escuchas las suyas”.