
Puerta Grande para Julio Norte en Valencia tras una Actuación Valiente
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El novillero salmantino Julio Norte conquistó la plaza de toros de Valencia, obteniendo dos orejas y saliendo a hombros en la segunda novillada de la Feria de Fallas. Su valentía y deseo de triunfo fueron los pilares de su éxito, a pesar de algunos fallos con la espada.
Una Actitud que Marcó la Diferencia
El público valenciano, aunque escaso, y una presidencia benévola, premiaron la actitud del debutante, que contrastó notablemente con la actuación de sus compañeros. Norte saludó a su primer novillo, y también al sexto, con tres largas cambiadas de rodillas, dejando clara su intención de entregarse por completo al triunfo, actitud que también demostró en el tercio de quites.
Comenzó la faena al tercero de la tarde de rodillas, con pases cambiados por la espalda. Continuó con dos series de derechazos templados y ligados.
Cuando el utrero de Fuente Ymbro comenzó a perder fuerza, Norte continuó su actuación valiente en la corta distancia.
La faena al sobrero sexto siguió una estructura similar. Al abrir el muletazo de rodillas, el utrero lo arrolló con fuerza, en un percance aparatoso del que salió ileso.
Lejos de amilanarse, Julio Norte volvió a arrodillarse para ejecutar otra excelente tanda de muletazos, aprovechando las primeras inercias del astado. A pesar de que el animal comenzó a protestar y soltar cabezazos, el novillero mantuvo la firmeza, sometiendo al utrero hasta el final.
Contraste con sus Compañeros
Esta valentía marcó la diferencia con sus compañeros de cartel, quienes, salvo en algún quite, no lograron momentos destacados. Los cuatro turnos de Juan Alberto Torrijos y Julio Méndez terminaron con silencio tras aviso, ya sea por el mal uso de la espada o por la falta de conexión con el público.
Las faenas de Juan Alberto Torrijos fueron largas pero anodinas, a pesar de que le tocó el mejor novillo, que tenía profundas embestidas por el pitón izquierdo.
Sin embargo, el valenciano no supo aprovecharlo debido a su técnica imprecisa y al corto trazo de los muletazos.
Julio Méndez insistió en atacar muy de cerca a un segundo novillo, sin sutileza. Tampoco logró convencer al quinto, que se refugió en las tablas, a pesar de su intento de arrimón.













