Villán de Tordesillas: Un pueblo castellano donde la derecha arrasa

Villán de Tordesillas: Un pueblo castellano donde la derecha arrasa
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Villán de Tordesillas: Un pueblo castellano donde la derecha arrasa

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Villán de Tordesillas, un pequeño municipio a 25 kilómetros de Valladolid, ha llamado la atención tras las recientes elecciones autonómicas en Castilla y León. Con apenas 122 habitantes censados, este pueblo se ha convertido en un bastión de la derecha, donde Vox superó el 50% de los votos, seguido por el Partido Popular y, sorprendentemente, la Falange.

Un pueblo tranquilo con una realidad particular

La vida en Villán transcurre con calma. Sus calles son silenciosas, y la actividad principal se centra en la agricultura, aunque solo una minoría de sus habitantes se dedica a ella. La mayoría trabaja fuera del pueblo, en Valladolid o en municipios más grandes.

A pesar de la tranquilidad aparente, Villán presenta una peculiaridad política. En las elecciones del 15 de marzo, Vox obtuvo el 52.80% de los votos (47 votos), el PP el 31.46% (28 votos), mientras que la Falange y SALF (el partido de Alvise) consiguieron 4 votos cada uno. PSOE e Izquierda Unida obtuvieron dos apoyos, y el Movimiento por la España Vaciada, uno.

¿A qué se debe este apoyo a la derecha?

El alcalde de Villán de Tordesillas, José Vidal Adalia (PP), quien lleva en el cargo desde 1999, lo resume así: “Será porque aquí son todos derechas”. Aunque añade, con una sonrisa, que no se consideran “fachas”.

La realidad es que Villán comparte los problemas de muchos pueblos de la Castilla y León olvidada: envejecimiento, despoblación y falta de servicios. La iglesia, por ejemplo, desapareció en los años 70 y fue reemplazada por un edificio “moderno”.

La vida en Villán

El presupuesto del Ayuntamiento es limitado, unos 120.000 euros, que apenas dan para cubrir las necesidades básicas. El día a día es sencillo, pero con carencias. El médico visita el pueblo solo los martes, y la enfermera los jueves.

Sin embargo, Villán también tiene su encanto. Según la secretaria municipal, es un pueblo acogedor donde nadie cierra la puerta con llave. “Este es un pueblo de gente buena y sencilla”, afirma.

Un bar como punto de encuentro

El único bar del pueblo, regentado por Fernando y Ana Belén, es el punto de encuentro de los habitantes de Villán. Allí se toman cafés, vinos y vermuts, y se compra el pan. Semanalmente, un pescadero y un carnicero visitan el pueblo.

Aunque la política no es un tema recurrente de conversación, las preocupaciones de los vecinos son reales: la falta de servicios médicos, las trabas para los agricultores y el drama de la despoblación.

Un incidente anecdótico

Un pequeño altercado ocurrió con la llegada de una televisión. Un vecino llamó “roja” a la reportera, que hablaba con su madre. Ella es de Izquierda Unida, el marido de Vox y el hijo de Falange. “Y se adoran los tres”, cuenta un vecino, restándole importancia al incidente.

En definitiva, Villán de Tordesillas es un pueblo con una realidad particular, donde la derecha ha encontrado un fuerte apoyo, pero donde también se vive con tranquilidad, resignación y un fuerte sentido de comunidad.