
La "trampa del alquiler" dificulta el ahorro y el acceso a la vivienda propia
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Un estudio de Oxfam Intermón revela que el 85% de los inquilinos realiza un sobreesfuerzo para pagar el alquiler, mientras que menos del 40% logra ahorrar.
El alquiler: una losa para el ahorro
El alquiler se ha convertido en una carga cada vez más pesada para el ahorro. Según un informe de Oxfam Intermón, los inquilinos tienen más dificultades para llegar a fin de mes que los propietarios, incluso aquellos que están pagando una hipoteca. “En España está empezando a ser más importante el tipo de vivienda que el empleo”, explica Alejandro García-Gil, responsable de políticas de protección social y empleo de Oxfam Intermón y coordinador del estudio.
El informe analiza la tasa de esfuerzo, es decir, el porcentaje de los ingresos destinados al pago de la vivienda, y la capacidad de ahorro. Ambos factores están interrelacionados, ya que “el pago de la hipoteca o del alquiler suele representar el principal gasto de los hogares, por lo que la tasa de esfuerzo condiciona la capacidad de ahorro”, señala el estudio.
Sobre esfuerzo y capacidad de ahorro
Solo el 15% de los inquilinos destina menos del 30% de sus ingresos al alquiler, frente al 38,1% de los propietarios. El Banco de España considera que superar el 30% implica un “sobreesfuerzo”.
Esta situación afecta al 62% de las personas hipotecadas y al 85% de los inquilinos, limitando sus recursos para otros gastos esenciales como alimentación, ropa o suministros. Oxfam Intermón califica esta situación como “grave”.
La tenencia de la vivienda es un factor determinante en la capacidad de ahorro. “No importa tanto que suban las pensiones, el salario mínimo interprofesional o mediante la negociación de los convenios, si el alquiler consume esos ingresos como un agujero negro”, afirma García-Gil, quien reclama que el IPC refleje la evolución del precio de la vivienda y que esta se introduzca en la negociación colectiva.
Un informe de CGT indica que, en 2025, “la inflación media que sufrieron los hogares inquilinos fue del 4,7%, frente al 2,7% de inflación media que alcanzó el IPC oficial”. Desde enero de 2019, los precios habrían aumentado un 31% para los inquilinos, frente al 25% del resto. El sindicato reclama medidas políticas contundentes para contener el precio de la vivienda y aumentos salariales que tengan en cuenta esta realidad.
El estudio muestra que una persona que ingresa el salario mínimo y paga una hipoteca tiene más probabilidades de ahorrar que un inquilino con un sueldo de 1.500 euros al mes. Incluso un propietario sin hipoteca con ese salario tiene más posibilidades de ahorrar que un inquilino que ingrese 2.500 euros.
La “trampa del alquiler”
El autor del informe de Oxfam Intermón destaca la “trampa del alquiler”: “Las cuotas hipotecarias son más baratas que el alquiler; pero quien vive de alquiler no puede ahorrar; entonces no puede acceder a una hipoteca; así que sigue viviendo de alquiler”.
Un estudio de Idealista señala que la cuota hipotecaria es, de media, un 36% más baja que el alquiler. Sin embargo, el principal obstáculo para la compra es la necesidad de contar con ahorros elevados, que rondarían los 65.000 euros, con picos de hasta 100.000 en ciudades como Palma, Donostia, Madrid y Barcelona.
Herencias y desigualdad
El apoyo familiar y las herencias se convierten en un factor clave para acceder a la propiedad. En 2025, las donaciones de padres a hijos ascendieron a 225.000 operaciones, un 13% más que en 2024. Sin embargo, el acceso a una herencia es cada vez menos frecuente.
Un estudio del Instituto de Investigación Urbana de Barcelona alertaba de que 7 de cada 10 inquilinos de Madrid y Barcelona no espera heredar una vivienda que le permita acceder a una casa en propiedad. El Banco de España indica que los hogares más acaudalados concentran cada vez más su riqueza en vivienda, mientras que la crisis afecta a la mitad más humilde, convirtiendo la vivienda en una fuente de desigualdad.
Oxfam Intermón señala que la dificultad de acceder a una vivienda asequible implica renuncias concretas. “En el último año, más de tres millones de personas se han tenido que mudar [por no poder hacer frente a las subidas de los alquileres], lo que tiene consecuencias que van más allá del sitio donde duermes: afectan a la distancia al trabajo o al centro de estudios, dejas atrás amigos y familiares o ya no puedes vivir en tu barrio o en tu pueblo”, explica García-Gil.












