
Un ganadero de Cantabria apunta directamente a una de las causas del aumento de los precios de luz y combustible: “No tengo dudas”
El campo cántabro ha vuelto a encender las alarmas ante el aumento de los costes energéticos. La subida del gasóleo agrícola y la electricidad en las últimas semanas ha generado una profunda preocupación en el sector, que teme revivir una crisis similar a la que siguió al inicio de la guerra de Ucrania hace cuatro años. Los ganaderos advierten que cada incremento impacta directamente en la viabilidad de sus explotaciones.
El problema llega en un momento clave del calendario agrícola. “Todos los días arrancamos el tractor en nuestras granjas.
Llega la época del ensilado y las labores de primavera”, explica Luis Pérez, portavoz de UGAM-COAG en Cantabria. Este uso intensivo de maquinaria agrícola hace que la subida del combustible, que según Pérez “ha subido más de 20 céntimos”, golpee con especial dureza a las granjas.
Junto al combustible, la electricidad es otro de los grandes gastos estructurales, sobre todo en el sector lácteo. “En el caso de las explotaciones que somos de leche, tenemos muchísimo consumo de luz por los tanques de frío, las ordeñadoras… mañana y tarde, todos los días”, apunta Pérez. Este consumo constante ha provocado que las facturas se disparen de forma alarmante.
“De una factura mensual de unos 700 u 800 euros ahora hablamos de más de 1.600 euros al mes”, una cifra que, según advierte, es inasumible.
Más allá de los factores geopolíticos, el portavoz de UGAM-COAG apunta a otra causa. “No tengo dudas de que hay muchísima especulación dentro del sector”, sostiene. Pérez argumenta que muchas subidas resultan difíciles de justificar, ya que “el aprovisionamiento de materias primas y esos contratos se firman a largo plazo.
Hablamos de contratos de seis meses a un año donde las materias primas ya están en España”. Por ello, en el sector no entienden cómo “de un día para otro o de una semana para otra ha subido todo muchísimo”.
El recuerdo de la crisis de Ucrania, cuando los costes de producción se dispararon, sigue muy presente.
Pérez recuerda que en aquel periodo “hubo informes en los que se vio cómo muchísimas empresas habían engrosado sus cuentas económicas porque habían subido los precios de una forma desmedida”.
El precio del gasóleo agrícola ha pasado en poco tiempo “de menos de un euro y ahora hablamos de un euro treinta”, un incremento que califican de “brusco” y que alimenta la desconfianza.
La preocupación trasciende los costes actuales y se proyecta sobre el futuro del campo cántabro, que afronta un grave problema de relevo generacional. “Quedamos muy pocos y tenemos una edad media cercana a los 60 años”, afirma Luis Pérez. Este contexto de envejecimiento hace que el sector sea especialmente vulnerable a las crisis de costes.
La actual escalada de precios podría ser el golpe definitivo para muchas explotaciones que ya se encontraban en una situación delicada. “Si esto se alarga, mucha gente que estaba indecisa puede acabar cerrando”, advierte el portavoz de UGAM-COAG.
Esta situación no solo afectaría a los ganaderos, sino que también podría tener un impacto directo en el precio final de los alimentos para el consumidor.
Mientras tanto, los ganaderos de Cantabria continúan su trabajo diario con la vista puesta en la evolución de los mercados y una creciente incertidumbre. Desde el sector primario se insiste en la necesidad de vigilar de cerca la cadena de precios y actuar ante posibles subidas injustificadas para garantizar la supervivencia de las explotaciones.












